FRAGANCIA DE MUJER
Entre todas las llamadas del ser humano la que ha generado
mayor tinta a través de los años es la del amor. Ha sido un tema recurrente en
todos los campos. Los griegos le dieron bastante importancia con el ideal del
amor de Platón, los romanos no se quedaron atrás con Ovidio y si penetramos un
poco más encontraremos en las historias este tema como parte central (Lancerot,
la leyenda del rey Arturo, la divina comedia, Don quijote de la mancha, Romeo y
Julieta, la celestina, etc.)
La encontramos en nuestros días con Gabriel García Márquez
en tiempos de cólera entre muchos otros, sin olvidar a poetas de la talla de
Gustavo Adolfo Bécquer y Amado Nervo. Todos pasamos por la vida por un amor que
nos cambió y a partir de allí, ya no fuimos los mismos.
En el cine, en la poesía en las canciones populares, entre
lo bien trazado y lo burdo. Ese amor que se profesan un hombre y una mujer, un
hombre y otro hombre, una mujer y otra del mismo género, entre muchas otras
formas. En donde lo importante no es la consumación del acto sexual, sino el
esfuerzo, la intriga y el juego que se requiere para llegar a él.
El amor que se describe como un juego entre un amante y uno
que no ama, entre el que busca ser amado y no logra concretar la pieza de su
caza y reniega en esa falta de victoria que no satisface su ego personal sino
que se mantiene en la aspiración en ser amado por quien lo desprecio. El amor
no crece como magia sino con la presencia de la persona y llega a ser tan
profundo que aunque ya no esté en presencia física, perpetuamente está en el
corazón.
El imperfecto y el desengaño que permanece latente
suspirando como humilde y fiel seguidor de la persona deseada, el que no pierde
la esperanza en lograr llegar a la persona amada. Ese amor que dice nada espera
y todo desespera ante la persona a la que ama, de la que nada espera y a la que
dedicará toda su vida en actitud de derretida melancolía. El amor del trovador
olvidado, engañado, desfavorecido en cariño quien en tono doliente canta y se
lamenta como poeta olvidado en donde llora sus desventuras ante el fracaso de
un amor agraviante, que se convierte en fracaso sentimental el cual dura
mientras se consienta en la esperanza de lograrlo y madura conforme perdure la
insatisfacción.
Un nuevo enfoque se manifiesta en la sociedad en cuanto al
principio religioso de la castidad; en donde se rechaza el placer del sexo como
pecado y ven el casarse por interés económico como prostitución por lo que el
matrimonio religioso como principio de relación sexual deja en ser una
obligación innecesaria modificando su visión en las relaciones en pareja.
La mujer toma otro papel más importante en la vida social y
el campo de la moral antigua se aleja conforme esta se hace presente en la
intelectualidad sentando nuevas bases en su relación sentimental en donde ya no
desea ser conquistada sino conquistar, no quiere matrimonios por conveniencia
sino obtener sus propios méritos, su valor como persona, sin sumisión y mucho
menos estar al servicio del hombre.
La mujer amplía su mística en participación social dejando
atrás la virtud catequizada por los famosos caballeros que exigían pureza en el
cuero/alma de la mujer al casarse con ellos mientras mantenían amantes a sus
espaldas y como recompensa las mantenían como esposas abnegadas en casa. Deja
el hombre en ser el único juez en las relaciones de pareja así como en el pago
de recompensas por la fidelidad entrando en una nueva relación con la mujer la
cual no es bien vista ni por la religión, ni por los hombres convertidos en
juez. Cuando dudes que te amé, es que estas dudando de ti y, se debe a que no
has superado tus miedos.
Pero la igualdad tiene costo y consecuencias, lo misma la
progresión y regresión en costumbres sobre todo en el aspecto en ver a la mujer
como objeto sexual a la disposición del hombre. La mujer sube de valor y el
hombre se desespera por entender que ya no es el que tiene el mando único, que
existe esta nueva variante en poder y que el yugo de la religión no es nudo que
ahorque a la mujer como antaño.
La mujer se ve transformada por el discurso del mismo hombre
libertario quien le elabora un nuevo escenario más libre hasta llegar al
equilibrio en género aunque muchos de los hombres deseen seguir en lo anterior.
Una mujer que actualmente se contempla igual que cualquier hombre y que
establece sus propias reglas en materia de relaciones amorosas alejada de los
supuestos castigos infernales o de la señalización social, una mujer que
evoluciona en las relaciones gracias a su participación cultural y a pensadores
masculinos.
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