lunes, 3 de febrero de 2020


HISTORIA EN SAN IGNACIO, SINALOA 

Debido al descubrimiento de oro y plata en la zona de Ajoya la población se vio incrementada, llegaban gente de muchos lugares, se acrecentó el comercio. Atraídos por la fiebre del oro y plata algunos se arraigaron para siempre en la zona otros se regresaron desilusionados. El trabajo con mulas para subir provisiones se vio pujante. Amado Loaiza Larrañaga fue uno de esos pioneros y entre sus ventas se contaba con un refresco hecho de fruta “Zumba cola” (En principio lo envasaba a mano). Al crecer su negocio compro una embotelladora pero con la caída en el precio de la plata a nivel mundial, la mayoría de las minas cerraron y el negocio en venta de refrescos cerro, la máquina de refrescos, la mantuvo su hijo Amado Loaiza Perales  durante muchos años guardada en la casa que se encuentra a un lado de su actual expendio de cerveza.

Lo común en mercancía era la carne seca de res, el chorizo, carne de cerdo, azúcar, sal, manteca. El negociante debía contar con un mínimo de 15 mulas. El primer apellido en la zona de Ajoya fue Loaiza, siguiéndole el Manjarrez cuyos ascendientes llegaron de España. Los vascos al llegar a la zona buscaban fortuna inmediata a través de los minerales sin embargo la necesidad los hizo que unos se convirtieran en ganaderos o agricultores. Surgen las grandes haciendas ante el panorama virgen del territorio a explotar. Los comerciantes posteriores trasportaban enseres domésticos, ofrecían todo tipo de productos. Los moradores comienzan a criar chivos, borregos para sus barbacoas. Florecen los abarrotes, la panadería, talabarterías, el oficio de joyero, una botica en donde se elaboraban medicamentos, aunque les hacía competencia los remedios caseros dependiendo de la enfermedad, el peluquero la hacía de dentista.

La destilería para el mezcal vio la oportunidad en ese campo inhóspito, los nativos consumían pulque, una bebida extraída de una lechuguilla y resina de ciertos arboles (Con ella alucinaban). El cultivo de la caña lo introdujo Apolonio Sáenz (Esposo de Epifanía Osuna, vivían en la noria y era el dueño de la vinatas la angostura, fue antecedente de la familia de Federico Osuna (Ex presidente municipal y dueño del cine), Gil (Ganadero) y el Canelo Osuna, medio hermano de ellos y esposo de Bertha Bustamante.
Apolonio:- Comienza sembrando caña en el rancho de la caña localizado en el pueblo de jinetes. En ese rancho se cosechaban producto para el agua miel, elaborar el piloncillo.  Los arrieros acudían hasta este rancho a comprarle estos productos para irlos a vender a las minas. La industria mezcalera deja de existir debido a que el gobernador Leopoldo Sánchez Celis les subió mucho los impuestos y resulto incosteable para que la gente pobre que en realidad era la que la consumía dejara en hacerlo.

En la época existía un grupo de bandoleros a los que llamaban los Lauréanos que se dedicaban asaltar a los viajeros en su tránsito obligado por el arroyo de Colompo o por el camino de herradura de los cerros. Los bandoleros eran perseguidos por un grupo de policías rurales al mando de Mundo Bernal. Los lauréanos utilizaban sonidos imitando aves silvestres para enviarse mensajes o avisándose cuando los rurales anduvieran cerca. Los rancheros y mineros al verse asediados y ante el temor del robo escondían sus monedas enterrándolas en la pared de du casa, milpas, a la sombra del tronco de un árbol. En muchas de las ocasiones esas monedas no fueron recogidas quedando en tesoros. Costumbre era bajar en cierta fecha todo el ganado para herrar a los becerros jóvenes.

 La gente se mostraba alegre, el dueño regalaba tragos de mezcal. Eran tiempos de bonanza, alegría donde los jóvenes daban serenatas por la noche. El hacendado tenía varios ranchos, usaba muchas mulas para trasportar mercancía hasta su hogar. Se sembraba mucho ajonjolí, los primeros camiones hicieron su aparición por el pueblo para recoger los costales en cuanto a la cosecha de maíz y frijoles al entregarse el hacendado repartía parte de ella a los que la sembraron después de pagárselas. La gente que viajaba a las zonas mineras utilizaban muchos atajos para evadir a los lauréanos.

Costumbre: En San Ignacio con la llegada del vasco Francisco de Ibarra y su creencia en san Antonio De Padua, las muchachas en edad casadera tomaron la costumbre en encargar para comprar un San Antonio y ponerlo de cabeza hasta que encontraran marido. San Ignacio de Loyola es festejado con las mañanitas al igual que el día de San Juan (Paseos en el pueblo a lomo de un caballo) por los favores recibidos, asisten a misa por la mañana cantando las mañanitas después se da una misa a pleno medio día, luego una segunda misa en la tarde, se consagran, bautizan los niños de la comunidad. Los adultos pasean en caballo por las calles. Fuera de la iglesia en ocasiones queman un castillo por la noche.

La falta de vías de comunicación con la zona la margino de todo tipo de eventos culturales, no se presentaban espectáculos de calidad en las fiestas patrias. El atractivo en la fiesta se circunscribía a pasear en la plazuela, unos cuantos se animaban a bailar (La gran mayoría no sabía llevar un ritmo) y los organizadores cobraban por bailar. El improvisado salón de baile se ponía en la plazuela (Al correr de los años, unas carpas con música alrededor de la plazuela), luego en una cancha que existía a un costado del palacio y  posteriormente se acondiciono el palacio de gobierno para ello.

Pocas damas de la sociedad mostraban el buen ánimo de las clases sociales de la ciudad en cuanto adornar su cuerpo (En elegancia y gusto de los colgajos de las clases humildes) En los bailes principales del pueblo, las muchachas se vestían primorosas (Mandaban hacerse sus vestidos con Cleotilde Lafarga o Esthela Robledo), cautivaban a los jóvenes mientras que las clases bajas tenían su baile en el salón de la Nanchi de Esteban Almaral. La clase alta se enamoraba enviándose cartas de amor, miradas en la Iglesia,  plazuela, mientras que las otras elegían en su casa, ir al mandado, el rio, los lavaderos públicos como “el Corazón” en la parte oriente del pueblo y los “tanques” en la parte poniente.

Todas las clases sociales acostumbraban ir a la iglesia para luego pasear dando vueltas en la plazuela. La temporada de verano se llenaba de muchachos (as) oriundos del pueblo que por diferentes circunstancias andaban fuera y se dejaban ver en esas fechas. La plazuela se llenaba de puestos desde venta de ropa, juegos de azar, tiro con rifles de posta. Al ir disminuyendo la actividad económica los responsables de las vendimias los acomodaron a un costado de la plazuela de la Nanchi (Fruta pequeña que se da en la zona) para posteriormente dejar de asistir a las fiestas por incosteables.

Las vacaciones se aprovechaban para ir al paseo del arroyo "Los “cuervos” y en época de secas a las “Peñitas” en el rio. Eran lugares agradables donde se contactaba entre jóvenes. Difícil era viajar a Guadalajara se debía tener muchas ganas y contar con un buen fajo de dinero, por ello cuando una persona salía del pueblo a esa ciudad desde muchos días antes se daba a la tarea de andarlo difundiendo, tratando en desatar envidia.

 En 1903 y 1904 apareció en el pueblo casos de peste bubónica. Los muertos fueron enterrados en el potrero de los Coyotes sellando la tumba y bañándolos con cal. Las funciones de box se hicieron presentes, llevaban un boxeador técnicamente preparado y retaban a los jóvenes para que se subieran a golpearse con este ante el regocijo de los que reían de los intrépidos. En cuanto a la prostitución por lo general no existían muchas mujeres que la ejercieran, lo normal era que una o dos de ellas sin marido, viudas, madres solteras en las afueras del pueblo montaran una casa que no estuviera a la vista de la sociedad pero que sin embargo los jóvenes si acudían. En semana santa tiempo después se llevaron prostitutas que armaban un show en la cantina de Amado Loaiza, eso ocasiono que el pueblo en general se mostrara molesto por lo que solo acudieron a ver el show gente ajena a la población (Fuereños) o los frecuentes borrachitos clientes de la cantina.

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