SAN IGNACIO, SINALOA
RECUERDOS
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Ellos
quieren llorar, no desean sembrar verbos, números y palabras en su tierno
cerebro.- Ella les vuelve a gritar con mayor enojo al recordar que ella fue
niña y tuvo que correr sin rumbo
sabiendo que sus padres no pudieron o tuvieron la oportunidad de mandarla a la
escuela.- Ella quisiera ser una niña nuevamente para llenar de fantasías su
mente, plagar de esperanzas su espíritu y lograr la plenitud de sus ilusiones
perdidas. Ella quiere ser niña, gritar, correr, jugar a las muñecas ir a la
escuela y saber que en casa alguien la espera con la mesa servida por eso grita
y repite en diferentes tonos a sus hijos para que asistan a la escuela. Para el
padre de esos niños el día es lluvioso, la tierra fangosa, sin embargo hay que
ir a plantar las semillas se su maíz y calabaza bajo esas condiciones.
Nadie
puede regresar los tiempos, la vida se va y no regresa por más que miremos
atrás su sombra se ha marchado. Un día eres niña jugando a las comiditas y
quieres ser mujer, después escuchas la voz de tu cansancio y hastió en donde se
vuelve obligación y se repite a diario esa rutina perdiendo toda ilusión,
pasmado los ojos sobre la limpieza de los trastes con la mirada perdida y la
ilusión muerta.
Los recuerdos impregnados de un
aroma suave y olor a campo fresco que presagiaba lluvia eran los emisarios del
resguardo en casa. Luego vendrían los vapores traspirados por la tierra, aunque
impalpables se dejaban sentir en el ánimo placentero de quien vive a plenitud
ese carmesí con los ojos de una vida que se esmera en ser desmedida en sus
favores y refleja nuevamente los rayos del sol sobre esos rostros para que
recuerden la maravilla que les ha tocado vivir en ese espacio de brumas
matinales, de hechizos inolvidables, de recuerdos en paseos al rio, la paz de
sus montes, el perfume de sus flores, las nubes azules en el horizonte
presagiando nuevamente lluvia y la caída de gotas en la hojas de sus árboles.
De mi pueblo San Ignacio,
Sinaloa, yo recuerdo esas espantosas rayerías sobre la punta de sus cerros
cercanos, la lluvia torrencial. Recuerdo flotando en las calles de arena sobre
arroyos de agua que bajaban de la Mesa quienes se juntaban en la calle libertad
para bajar por el callejón del beso hasta el parque frente a la Iglesia (Cerro,
Atrás del pueblo) Recuerdo ese ambiente cálido, agradable, feliz teñido por los
relámpagos de color plata que brotaban de todas direcciones.
Recuerdo esa vida de niño, de joven apasionado
que me excitaba en amores ilusionados, en los suspiros guardados por las
grandes emociones que las jóvenes iniciaban en despertar mi juvenil hombría.
Son emociones, aluviones de alegrías, recuerdo de mi naturaleza tropical. Son
los recuerdos latentes de los árboles que aún siguen en su sitio dando sombras
en la cenit de mi existencia y arrancan suspiros al verlos que aún están vivos,
que siguen en su sitio. Recuerdo árboles, plantas, flores, hojas caídas en
cierta época del año como encajes que visten la tierra, eso desata los suspiros
guardados al descubrir que esos recuerdos aun hacen espuma en el centro de mis
nostalgias. Recuerdo el arroyo de Colompo con sus socavones perfumados en época
de lluvia, el ir al rio a sacar pequeños camarones que se escondían debajo de
una piedra.
Allí bajo esas piedras con el
agua arremolinada color chocolate que bañaba el cauce del rio. Aguas que
pasaban de dormidas a implacables arrastraderos de todo lo que encontraban a su
paso y que sentado medio pueblo en las pilas para curtir cueros se dedicaban a
contar las vacas que pasaban ahogándose en medio de aquella inmensidad de agua.
Recuerdo la luz de la vida, el sol en su atardecer, las promesas entretejidas
entregadas a una joven y el placer embriagador de la primera tomada de una mano
femenina. Recuerdo el lanchón de Santos Ríos, en donde nos colgábamos de un
tubo de acero para cruzar el rio mientras el lanchón se desplazaba de un lado a
otro. En ello revolotean las ideas, en esa bola abrazadora de nostalgias cuyos
recuerdos los plasmo en una hoja bosquejando lo brillante con sus siluetas
borrosas cuyos recuerdos se quedaron en el centro y a la orilla de aquel pueblo
sin ser interrumpidos con el paso de los años.
Recuerdo que un día estando
distraído me pare justo encima de un hormiguero-, ellas molestas ya se estaban
subiendo por dentro del pantalón con destino a mis partes nobles y aunque no
eran grandes hormigas si eran los suficiente buenas para picar dejando ardor en
la zona. Las mire y tenían un color rojo con colmillos y una aguja lista. Quede
por principio paralizado, empecé a moverme tratando de sacudírmelas pero
estaban por todos lados, logre arrancarme unas cuantas pero otras hacían de las
suyas dentro de mis partes nobles.- Muy graciosas me dije.- Falta y me dejen
para caminar arqueado. Las que me mordieron creo lograron penetrar hasta el
hueso, la hinchazón se dejó sentir y al caminar cojeaba de seguro me habían
dejado estéril. Todo inicio al pararme a observar el hermoso panorama que tenía
enfrente pero no vi el suelo.
Eran miles que caminaban en hilera llevando
comida en sus fauces y justo encima del hormiguero me encontraba parado. La
única opción coherente fue salir corriendo y tirarme adelante en el agua del
rio para deshacerme de ellas. Durante las siguientes cinco horas me aguante
bañándome con agua helada y en esta forma disminuir la inflamación. Después de
esa traumática experiencia lo que deseaba era no topar con otro tipo de bichos
ya fueran voladores o rastreadores por lo que tome precauciones. Los bitachis
(Insectos tipo abeja pero más esbeltos y no producen miel) sobrevolaban mi
cabeza y aunque se veían inofensivos no los perdía de vista.
La ropa la traía empapada por lo
que la extendí en las piedras para que secara rápido, el calor hizo su parte,
yo, simplemente me relaje cerca en un remanso de agua completamente desnudo. Un
rato después me gano el sueño, buscando una sombra acogedora ante el clima
cálido dormí unas dos horas. El sueño trajo a mi mente otra situación: Voy
andando por un sendero. Dejo que mis pies me lleven. Mis ojos se posan en los
árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorta la silueta
de las luces del pueblo. Agudizo la mirada para distinguir bien. Siento que me
atrae. Sin saber cómo, me doy cuenta de que en este lugar puedo encontrar todo
lo que deseo.
Todas mis metas, mis objetivos y mis
logros. Mis ambiciones y mis sueños están en están ahí. Lo que quiero
conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual
aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello
que sería el mayor de mis éxitos. Me imagino que todo eso está en el pueblo.
Sin dudar, empiezo a caminar hacia allá. A poco de andar, el sendero se hace
cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa. Sigo. Diviso una sombra
negra, más adelante, en el camino.
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