martes, 27 de diciembre de 2022

 

EMPLEADA DOMESTICA EN MÉXICO

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LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano

Las mujeres constituyen la mitad de todos los hombres campesinos mexicanos que salen a trabajar a las ciudades. La mayoría de ellas salen a trabajar como empleadas domésticas. Son la única fuente de ingreso de su familia que se queda en la comunidad de origen. Ellas no quedan registradas en los servicios de salud y prestaciones, aunque tienen derecho a ellos, pero las contratan verbalmente y aceptan el trabajo debido a que su esposo, hijos, están desempleados, hay pobreza en su entorno, a veces no tienen nada que comer y esperan la temporada de lluvias.

 En nivel educativo es bajo y las impulsa el deseo en ganarse la vida honradamente. El movimiento actual de las mujeres por sus derechos ha creado conciencia, impulsado la provisión de servicios de apoyo y generado reformas en las políticas centradas en la discriminación y la violencia de género. El número de jóvenes estudiantes que llegan de los pueblos contratadas para sirvientas mientras estudian ha aumentado dramáticamente. En los pueblos el número de hombres y mujeres jóvenes en las escuelas primarias y secundarias es casi el mismo.

Muchas trabajadoras domésticas encontrarán empleadores responsables que las traten bien, les paguen con regularidad y garanticen buenas condiciones de trabajo. Desafortunadamente, la suerte y ninguna garantía determinan si encontrarán una condición que cumpla con los estándares mínimos de un trabajo digno. Las desafortunadas pueden quedar atrapadas en situaciones muy explotadoras con pocas posibilidades de salida. Las quejas en eso quedan y muchas recibieron salarios inferiores a los prometidos.

En las ciudades grandes como la ciudad de México, Guadalajara, Monterrey: Hay maltrato físico, psicológico. Algunos ejemplos son que llegan a darles palizas los patrones sobre todo a las indígenas que contratan de la zona sur del país. Hay intimidación, insultos, gritos, y algunas formas de humillación, como el acoso, no darles de comer. Hay violación, intento de violación, expulsada de la casa en medio de la noche sin ningún pago. Muy pocas se atreven a denunciar por temor a ser acusadas de robo, adulterio, fornicación y otros comportamientos inmorales. Las cargan de exceso de trabajo, y están prácticamente todo el día y noche trabajando no descansan, a muchas no les dan un día libre y si se enferman no las llevan al hospital, incluso son obligadas a trabajar enfermas.

Trabajan en casas grandes y duermen en un cuartito junto a la lavadora o en el baño pequeño. Muchas trabajan contra su voluntad puesto que el patrón las trajo de una comunidad indígena y ellas no son capaces en regresarse (Esclavitud). Las aíslan financieramente siendo posible que no encuentren forma de escapar de la situación de explotación en la que se encuentran. Para ellas no hay despido, no saben cómo huir de sus patrones abusivos, les prohíben hablar con los vecinos. Son miles de indígenas las que llegan a la ciudad de México, Puebla, Cuernavaca, Acapulco y los estados circunvecinos. Es la mano de obra barata o regalada en un mundo de esclavos.

La indígena que denuncia queda entrampada en los mecanismos de compensación y corrupción de las autoridades y su patrón. No hay quien las ayude, incluso despues de la denuncia ella queda bajo la tutela del patrón y el nivel del abuso sube de tono. Debido al poder de negociación desigual, las trabajadoras domésticas regresan a sus hogares sin recibir su salario completo o sin justificar el abuso. Estos eventos son muy preocupantes puesto que algunas ciudades del norte del país están cayendo en la misma práctica.

Contratan mujeres jóvenes en los pueblos para llevarlas a la ciudad en calidad de empleada doméstica y ellas se ven obligadas aceptar las condiciones que el patrón establece ya estando en su casa. En estas ciudades las mujeres son acusadas de robo para tener relaciones sexuales. La mujer cuando se queja no tiene la capacidad de probarlo, como tampoco el acoso sexual pudiendo ser ellas las procesadas. No hay reglas claras y cada caso es diferente. No hay un mecanismo de compensación efectivo, las demandas en las juntas de conciliación y arbitraje no prosperan y cada audiencia requiere años, ese es un abuso en contra de la trabajadora doméstica puesto que no cuenta con los recursos para su defensa y estadía en la ciudad.

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