viernes, 24 de febrero de 2023


 

EXPERIENCIA EN UNA DE MIS CLASES EN SECUNDARIA

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- UNAM

 

 

En una ocasión antes de llegar a la escuela secundaria en donde me desempeñaba como maestro, llegue a una frutería para comprar dos naranjas. Al comprarlas me fije que fueran casi idénticas en tamaño y color exterior. En la clase les pregunte a los jóvenes ¿Cuál es la diferencia entre estas naranjas? Se quedaron callados porque no había una diferencia realmente especial entre las dos.

 

                                                        

Entonces tomé una de las naranjas y, volviendo hacia una de las alumnas, le dije: ¿No te gusta? Es fea y sabe muy mal, es muy acida, le exprese antes de que contestara. Despues de eso tire la naranja contra el pizarrón. Todos los estudiantes me miraron con cara de que me estaba volviendo loco. Enseguida me dirigí a una de los jóvenes y le dije: Saca de tu mochila algo que no te guste y tirarlo contra el pizarrón.

 

 

El joven sacó su libro de matemáticas y lo aventó. Me paré en medio de los pupitres y les entregué las dos naranjas para que las fueran pasando de uno en uno en la hilera. Les pedí que observaran bien si existía alguna diferencia entre ellas. Fueron pequeñas las observaciones que expresaban encontrar. No me gusta por su color, está un poco más redonda, por su color debe saber diferente etc. Durante el recorrido de las dos naranjas por sus manos, les pedí a unos que la primera naranja que yo avente contra el pizarrón la tiraran de nuevo al piso. Esa naranja revoto varias veces en el suelo.

 

 

A finalizar el recorrido, recogí de nuevo las dos naranjas para volvérselas a mostrar, y aproveché para preguntarles de nuevo sobre la diferencia entre las dos naranjas. Los jóvenes se mostraban confundidos sin saber ¿Qué era? realmente lo que yo estaba buscando con esa pregunta. Les anuncie que las partiríamos para verlas por dentro, por lo que todos estuvieron de acuerdo como si fuera la primera naranja que habían visto en su vida. Partí la naranja que no estaba golpeada y se mostraba intacta.

 

 

Enseguida vino el turno de la golpeada que mostraba mallugadas. Observe que a los estudiantes no les gustaba mucho el verla aplastada de sus gajos. Luego remarque con otra pregunta ¡Cual prefieren comerse? Nadie externo quererse comer la naranja golpeada. Por lo que les dije: Pero ustedes tienen la culpa de que la naranja este en esas condiciones, fueron ustedes la que la golpearon contra el suelo. Se dejó sentir un silencio. Despues de darles el espacio de reflexión continúe con la clase ofreciéndoles argumentos: Eso, es lo que pasa con las personas que vamos dañando, cuando los insultamos, abusamos, les damos contra el suelo en sus ilusiones, sueños.

 

 

 Eso, es lo que nos va afectando en la vida cuando peleamos con nuestros compañeros de clase, amigos, familia, vecinos. A todos ellos les echamos la culpa sin ser responsables en que somos nosotros los que los dañamos y despues no los aceptamos por cómo se comportan, están o son. Nuestros actos son los que afectan, con ellos herimos sentimientos que a veces nunca durante nuestra vida se curan. ¿Ustedes creen que si yo dejo la naranja dañada sobre el escritorio se le quitaran los golpes, y volverá a ser la hermosa naranja que todos deseaban comerse cuando recién llegue con ella a la clase? A partir de ahí, todos comenzaron a hablar deseando compartir con sus compañeros de al lado sus experiencias.

 

 

 Hicimos una rueda para que cada uno fuera pasando dándole un abrazo y unas palabras de afecto a sus compañeros. Se sentía la alegría, reían entre ellos. Para continuar la clase los enfoque en la vida de ellos con sus padres: Durante nuestra vida recibimos muchos beneficios de todo tipo de personas, pero guardamos con devoción los que nos llegan de nuestros padres y la convivencia en el hogar durante la infancia. Valoramos cariño/ daño, y en una discusión con nuestros padres sacamos a relucir lo peor, desde el día que fuimos castigados por una situación.

 

 

Digamos que es día uno de nuestros padres nos gritó, golpeó o nos castigó quitándonos nuestro juguete favorito, o nos mantuvo encerrados en una habitación. Pero nos olvidamos que el alimento, medicamentos, consultas al médico, vestir, servicios, hogar, juguetes, paseos salieron del bolsillo de nuestros padres. Ellos son los que nos mantuvieron con vida. Ellos nos enseñaron muchas de las habilidades para sobrevivir en un futuro, para hacer frente a diversas situaciones, ellos maduraron nuestra mente. El día más ingrato para un padre, no deja de lado el cariño de un hijo para atender solo sus problemas y olvidar la necesidad del hijo. ¿Que se recibe de los padres?

 

 

Cariño, amor, caricias, bondad, cuidados, todo tipo de beneficios por encima de las necesidades de ellos, así que no toda la percepción que tenemos de nuestros padres es hostil, y nuestros reclamos   no son ciertos, y se debe a que los padres están atentos a que el hijo organice su vida, limite sus gustos, no sufra en sus disgustos. Estar al pendiente para defenderlo cuidándolo lo suficiente. El caso es que los hijos se quejan, reniegan en que no fueron lo suficiente con ellos ¿En verdad, les devuelves, lo que te dieron? ¿Por qué culpamos de todo a otros y no a nosotros? Ser egoísta nos llega de nuestra naturaleza humana. Me alegro que la clase terminara en esta forma, aunque ellos al principio pensaran que estaba loco.

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