EXPERIENCIA
EN UNA DE MIS CLASES EN SECUNDARIA
RAMÓN
ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- UNAM
En una ocasión
antes de llegar a la escuela secundaria en donde me desempeñaba como maestro,
llegue a una frutería para comprar dos naranjas. Al comprarlas me fije que
fueran casi idénticas en tamaño y color exterior. En la clase les pregunte a
los jóvenes ¿Cuál es la diferencia entre estas naranjas? Se quedaron callados
porque no había una diferencia realmente especial entre las dos.
Entonces tomé
una de las naranjas y, volviendo hacia una de las alumnas, le dije: ¿No te
gusta? Es fea y sabe muy mal, es muy acida, le exprese antes de que contestara.
Despues de eso tire la naranja contra el pizarrón. Todos los estudiantes me
miraron con cara de que me estaba volviendo loco. Enseguida me dirigí a una de
los jóvenes y le dije: Saca de tu mochila algo que no te guste y tirarlo contra
el pizarrón.
El joven sacó
su libro de matemáticas y lo aventó. Me paré en medio de los pupitres y les
entregué las dos naranjas para que las fueran pasando de uno en uno en la
hilera. Les pedí que observaran bien si existía alguna diferencia entre ellas.
Fueron pequeñas las observaciones que expresaban encontrar. No me gusta por su
color, está un poco más redonda, por su color debe saber diferente etc. Durante
el recorrido de las dos naranjas por sus manos, les pedí a unos que la primera
naranja que yo avente contra el pizarrón la tiraran de nuevo al piso. Esa
naranja revoto varias veces en el suelo.
A finalizar el
recorrido, recogí de nuevo las dos naranjas para volvérselas a mostrar, y
aproveché para preguntarles de nuevo sobre la diferencia entre las dos
naranjas. Los jóvenes se mostraban confundidos sin saber ¿Qué era? realmente lo
que yo estaba buscando con esa pregunta. Les anuncie que las partiríamos para
verlas por dentro, por lo que todos estuvieron de acuerdo como si fuera la
primera naranja que habían visto en su vida. Partí la naranja que no estaba
golpeada y se mostraba intacta.
Enseguida vino
el turno de la golpeada que mostraba mallugadas. Observe que a los estudiantes
no les gustaba mucho el verla aplastada de sus gajos. Luego remarque con otra
pregunta ¡Cual prefieren comerse? Nadie externo quererse comer la naranja
golpeada. Por lo que les dije: Pero ustedes tienen la culpa de que la naranja
este en esas condiciones, fueron ustedes la que la golpearon contra el suelo.
Se dejó sentir un silencio. Despues de darles el espacio de reflexión continúe
con la clase ofreciéndoles argumentos: Eso, es lo que pasa con las personas que
vamos dañando, cuando los insultamos, abusamos, les damos contra el suelo en
sus ilusiones, sueños.
Eso, es lo que nos va afectando en la vida cuando
peleamos con nuestros compañeros de clase, amigos, familia, vecinos. A todos
ellos les echamos la culpa sin ser responsables en que somos nosotros los que
los dañamos y despues no los aceptamos por cómo se comportan, están o son.
Nuestros actos son los que afectan, con ellos herimos sentimientos que a veces
nunca durante nuestra vida se curan. ¿Ustedes creen que si yo dejo la naranja
dañada sobre el escritorio se le quitaran los golpes, y volverá a ser la
hermosa naranja que todos deseaban comerse cuando recién llegue con ella a la
clase? A partir de ahí, todos comenzaron a hablar deseando compartir con sus
compañeros de al lado sus experiencias.
Hicimos una rueda para que cada uno fuera
pasando dándole un abrazo y unas palabras de afecto a sus compañeros. Se sentía
la alegría, reían entre ellos. Para continuar la clase los enfoque en la vida
de ellos con sus padres: Durante nuestra vida recibimos muchos beneficios de
todo tipo de personas, pero guardamos con devoción los que nos llegan de
nuestros padres y la convivencia en el hogar durante la infancia. Valoramos
cariño/ daño, y en una discusión con nuestros padres sacamos a relucir lo peor,
desde el día que fuimos castigados por una situación.
Digamos que es
día uno de nuestros padres nos gritó, golpeó o nos castigó quitándonos nuestro
juguete favorito, o nos mantuvo encerrados en una habitación. Pero nos
olvidamos que el alimento, medicamentos, consultas al médico, vestir,
servicios, hogar, juguetes, paseos salieron del bolsillo de nuestros padres.
Ellos son los que nos mantuvieron con vida. Ellos nos enseñaron muchas de las
habilidades para sobrevivir en un futuro, para hacer frente a diversas
situaciones, ellos maduraron nuestra mente. El día más ingrato para un padre,
no deja de lado el cariño de un hijo para atender solo sus problemas y olvidar
la necesidad del hijo. ¿Que se recibe de los padres?
Cariño, amor,
caricias, bondad, cuidados, todo tipo de beneficios por encima de las
necesidades de ellos, así que no toda la percepción que tenemos de nuestros
padres es hostil, y nuestros reclamos
no son ciertos, y se debe a que los padres están atentos a que el hijo
organice su vida, limite sus gustos, no sufra en sus disgustos. Estar al
pendiente para defenderlo cuidándolo lo suficiente. El caso es que los hijos se
quejan, reniegan en que no fueron lo suficiente con ellos ¿En verdad, les
devuelves, lo que te dieron? ¿Por qué culpamos de todo a otros y no a nosotros?
Ser egoísta nos llega de nuestra naturaleza humana. Me alegro que la clase terminara
en esta forma, aunque ellos al principio pensaran que estaba loco.

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