lunes, 22 de mayo de 2023

 

JOHN DEWEY Y LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS (PARTE DOS)

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC-Universidad Nacional Autónoma de México

Dedicado a maestras y estudiantes de la carrera.- Continuo con mi análisis personal sobre las propuestas de este gran pedagogo clásico. - La tarea educativa debe estar ligada a la realidad y situación de los estudiantes, y debe expresar las preocupaciones que lleva implícita. En los últimos años se dio entrada a la ley educativa en materia de los derechos de los padres a tener y criar de acuerdo con sus propios ideales. Un derecho obvio el de los padres para determinar lo que no les gusta de la educación de sus hijos en las escuelas, pero en contraparte se disminuye el tipo de autoridad que un maestro tiene para exigir lo correcto al alumno.

Los pensamientos de Dewey sobre el hogar y la escuela: Aboga por que la escuela sea una vida comunitaria en miniatura, donde el maestro decide qué se incluirá en esta vida comunitaria. En donde el maestro decide lo que los alumnos asimilan, y en qué orden, Dewey respalda que el niño está conectado con la vida hogareña, es una necesidad para su desarrollo porque es el hogar en donde el niño recibe el alimento y en donde recibe de sus padres y familia su formación moral.

La escuela es la encargada en profundizar, ampliar en los valores que el niño trae de su hogar. Es desde esta educación en el hogar desde donde el maestro tomara la experiencia del niño para construir y ofrecerle de lo que carece.

Para ello, los adultos en este caso padres y maestro deben ponerse de acuerdo, sin embargo, queda suelto los niños cuyos padres no interactúan en sus hogares o el que los padres culpen a los maestros de los malos hábitos de los niños, y que los maestros responden con la misma moneda culpando a la mala influencia de los padres en su hogar. Es aquí en donde tanto padres como maestros se aíslan ya que ambos se echan la culpa y en donde ninguno es responsable.

Ante ello el maestro es responsable de conocer lo que sucede en la casa del niño para buscar reducir la brecha entre los motivos de conflicto que padece el niño en la escuela trayéndolos desde su hogar.

Conectar al niño con la escuela y el hogar es tarea de padres y maestro, es un puente que debe construirse en lo inmediato para que se disipen los malos entendidos.

Buena voluntad, aumentar la confianza del niño, eso es lo que pude aportar esta alianza. No es el maestro el único que aporta sino también la familia. Los padres deben reflexionar que si al alumno de envía a casa con una tarea no es para robarle su tiempo de ocio o que esas actividades las deba realizar siempre en la escuela, sino que es para que se conecten los padres con la educación de su hijo y la escuela.

Un padre que ayuda en beneficios de su hijo es la mejor señal en la armonización del espíritu de un niño. En cuestión de tiempo destinado, la escuela no debe tomar el lugar del hogar, sino armonizar con lo que sucede fuera de la escuela. Un hogar con actividades positivas, se puede asumir que el niño vive tranquilo, aprende, crece sin ningún problema. Lo que puede preocupar es ¿En que invierte el niño su tiempo de ocio? ¿Lo hace con permiso de sus padres y bajo su vigilancia?

¿Se tiene cuidado para el niño no vea programas inadecuados a su edad, reality, telenovelas, videojuegos, chat, navegación por Internet, etc.?

El punto de partida de los padres es socializar con su hijo al momento de llegar de la escuela preguntándole que ¿hicieron? Escuchar si existe una crítica, ese algo que le molesto en el momento de la actividad, descubrir cualquier aliento de conflicto y posteriormente reflexionar para llevarlo a la armonía en eso que le preocupa.

En aulas en donde son muchos los niños, es lógico que el maestro no tenga el tiempo ni la oportunidad de las condiciones del hogar de cada estudiante. Un aula muy ocupada es deficiente, son malas las condiciones para el aprendizaje, lo mismo sucede con escuelas marginadas que no cuentan con la infraestructura adecuada en condiciones malas.

En esos casos poco puede hacer el maestro para remediarlo y es aquí donde la familia se vuelve importante, sin embargo, la familia es ese contexto está más preocupada por conseguir alimento que por las condiciones de la escuela en donde estudia su hijo.

Por lo general los padres acuden al maestro con todo tipo de preguntas y sin respeto en muchos de los casos a su autoridad. La posición de autoridad del maestro se modificó pensándose para bien del alumno, pero muchos padres no lo conciben así, sino que asumen la posición de poder y de autoridad sobre el maestro perdiéndose el control de la educación por una función que no les corresponde a los padres.

En ocasiones los maestros agredidos vacilan en dar respuestas que enfoquen realmente el pro0blema dl niño y se debe a las reacciones del padre conocidas ya por el maestro. La escuela debe transmitir y reflejar los valores imperantes, y enseñar a los alumnos a manejarlos y practicarlos.

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