jueves, 29 de junio de 2023

 

CUENTO (Chocar)

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

 Hoy he llegado a la casa de una amiga y me he encontrado a su hija con un ojo morado.  Ayer, en una llamada telefónica ya me había puesto en antecedentes de algún penoso suceso ocurrido el día anterior, pero como no entró en detalles, no le di demasiada importancia ya que considero un atributo la discreción. Sin embargo, hoy, al verla con ese ojo hinchado como tomate, me he temido lo peor y le he pedido que me contara con detalle el percance. Sin hacerse de rogar y entre llanto y mocos me ha desmenuzado los pormenores de una historia que no podía ser más mexicana, por lo surrealista, digo y lo exagerado de la misma.

Para ponerlos en situación les diré que hace algunas semanas, la buena hija de mi amiga, andaba dando volantines de alegría ante la posibilidad de adquirir un coche a través de un préstamo que le iba a dar su tía para que la chiquilla pudiera presumir en su escuela con carro nuevo y ser la envidia de sus compañeras.

Tal era su alegría que se olvidó literalmente, de planchar, lavar y de hacer cuanta tarea doméstica le correspondía. Conducir no sabía, me dijo, pero estaba dispuesta a aprender todos los misterios que encerrara el caos circulatorio de esta ciudad considerada la perla de los baches "mira-como-hago-lo-que-me-da-la-gana". Pues bien, el otro día, para ir calentando motores, se había ensamblado en el coche de su tía con la intención de aprender el funcionamiento de pedales y volante y se había hecho acompañar, además, por su prima, su hermana y su hermanito de 2 años.

Mucho público y muy delicado, me pareció para la primera sesión, pero no me pareció momento de andarme con ironías, así que permanecí callado escuchando las recomendaciones que todo mundo le hacía en el cómo conducir de la mejor manera posible.

Me consta que se sentó al volante y comenzó a identificar todos los artilugios de arranque, hasta que por casualidad puso el motor en marcha, con tan mala pata que alguna de las marchas ya estaba puesta y el coche comenzó a circular ante el estupor de todos los improvisados ayudantes y pasajeros pegando en la defensa del que estaba parado delante, la ventaja es que a falta de acelerador el carro se apago al golpe.

Ya en plena calle sin carro que la detuviera, su tía, la experta, le gritó que pisara el pedal del medio para frenar, pero la pobre, horrorizada, no encontró el freno, pero sí el acelerador y lo pisó con tal saña que el coche salió disparado por la calle metiéndose en el carril contrario y chocando violentamente contra tres coches a los que desguazó, desbarato de sus defensas y de sus puertas.

 Que no se llevara a ningún transeúnte por delante, fue la parte buena del asunto, porque me cuenta que la gente gritaba alarmada, mientras saltaban a los lados al ver un coche avanzando sin control y los acompañantes luchando por quitarle el volante sin saber que la falla estaba en el acelerador el cual metía a cada sopor de miedo sin contemplaciones con pata de hierro.

El resultado fue un ojo digno de un combate de boxeo entre Julio Cesar Chávez y Rubén Olivares, cortes en la pierna y unos destrozos económicos a los que no podrá hacer frente, puesto que como tantos y tantos conductores no tenía seguro, todo un drama, me parece.

De la cárcel, me cuenta, se salvó de chiripa, porque fue su tía, que sí tiene licencia y es, la que se culpó del incidente al cual ya estaba asistido por un tránsito que sin querer saber lo que había pasado se trataba de arreglar con la asustada muchacha. Debo reconocer que la historia me puso los pelos de punta y me recordó otros muchos incidentes que acabaron peor y se llevaron por delante a unos cuantos inocentes o aquel día en que una hermana empezaba a experimentar con este difícil oficio y se aventuro con un pequeño vehículo nuevo el cual dejo pegado en una cerca por los rumbos del venadillo y que después de 20 años defiende su inexperiencia argumentando que eso nunca paso “Ya se le olvido a la ingrata que aquel día tuve que acudir a despegar el carro del cerco de púas con las llantas reventadas”.

Y como todo lo que le pasa a un buen creyente, sea esto bueno o malo, es obra del Dios a la inexperiencia, nadie se pregunta por responsabilidades terrenales, así que espero que el mismo Dios que reparte suerte, nos proteja al resto de semejantes imprudencias de andar soltando el carro a gente que no cuenta con la pericia suficiente en nombre de la vanidad y presunción.

Sí, todo esto te parece poco, es mucho. Para muchos de nosotros el conducir es algo de todos los días, lo hacemos con tanta frecuencia que se convierte en una segunda naturaleza; las maniobras y movimientos nos salen de manera natural, casi sin pensar. Lo lógico sería que entre más practicamos, mejores conductores seamos, pero curiosamente sucede todo lo contrario.

Entre más confianza adquirimos como conductores, menos atención y cuidado ponemos a nuestros hábitos de conducir. Es importante que refresquemos un poco nuestra memoria y tomemos en cuenta algunos de los errores más comunes que conductores experimentados cometemos con frecuencia para que la próxima vez que salgamos a la carretera seamos conscientes de como conducimos.

 Exceso de velocidad, correr, superar los límites de velocidad o simplemente ir muy rápido para las condiciones de la carretera son la segunda causa de choques fatales. Los peores escenarios involucran exceso de velocidad sin cinturón de seguridad o falta de cascos en las motocicletas, el casco es obligatorio, mientras que el cinturón de seguridad lo es también.

Cruzar semáforos en rojo. Estudios demuestran que el 90% de los conductores no se detienen completamente en una luz roja o en una señal de alto en zonas residenciales, el 75% de los accidentes de tránsito ocurren en las ciudades debido a que los chóferes pisan el acelerador cuando el semáforo está en rojo, 54% ocurrieron en choques frontales. Cuando cruzas muy justo cortando semáforos, es muy probable que el frente de tu auto o el de alguien más resulte impactado.

No usar el cinturón de seguridad. A pesar del gran aumento en el uso del cinturón de seguridad durante la última década, sin mencionar que es obligatorio, el 33% de las personas que murieron en accidentes vehiculares no se había ajustado el cinturón de seguridad. Sin esta prevención, conductores y pasajeros se arriesgan a salir expulsados del auto. El 76% de las expulsiones terminan en muerte. Manejar distraído. Comer, hablar por teléfono, escribir mensajes de texto y toquetear la radio del auto son apenas algunas de las distracciones que causaron muertes. De todos estos malos hábitos, el teléfono al volante es para muchos una práctica habitual.

Se estima que, en todo momento, hay miles conduciendo y hablando por teléfono a la vez. Esta conducta multiplica por cuatro el riesgo de accidentes. Beber y conducir. Cada 40 minutos alguien muere en un accidente causado por el consumo de alcohol. Los conductores jóvenes son particularmente propensos a beber y conducir; los jóvenes entre 21 a 34 años son responsables de la mitad de los accidentes fatales que involucran alcohol.

Durante la noche y los fines de semana es mucho más frecuente encontrar conductores manejando bajo la influencia del alcohol, el 60% de los conductores que murieron de noche estaban legalmente ebrios. El alcohol es también determinante en la mitad de las muertes de peatones. En esos casos, tanto los conductores como los peatones pueden ser los culpables. Manejar con sueño “Manejar cansado es tan peligroso como hacerlo alcoholizado o drogado” Cambios de carril.

El error fatal número uno cometido por los conductores es quizás el más simple: salirse de su carril, cambió de carril erráticamente o se salió del carril sin darse cuenta. Cosas simples como olvidarse de señalizar su intención o checar bien los espejos y sobre su hombro podrían ser la causa de un accidente fatal. ¿Te asustas cuando tus ruedas tocan los topes de seguridad y giras rápido el volante hacia la dirección opuesta para retomar la calle?

Este es un clásico ejemplo de corrección excesiva y es una maniobra especialmente peligrosa cuando manejas a altas velocidades. Considéralo un vuelco potencial, topes mal puestos o sin señalización o falta de pintura antes de llegar a ellos. Más del 4% de las muertes al volante ocurren debido a este tipo de maniobras.

Errores al momento de ceder el paso. Para muchos conductores, especialmente aquellos de la tercera edad, ceder mal el paso cuando ingresan en una carretera es una de las principales causas de accidentes, un número considerable de conductores no ven venir el vehículo cuando deberían ceder el paso o simplemente lo ven, pero calculan mal el tiempo necesario para la maniobra.

Manejo errático o imprudente. Existen miles de errores que podemos cometer mientras conducimos. Entre las faltas más leves podemos mencionar lo que se conoce como serpentear (pasarnos de un carril a otro constantemente y sin motivo) o colear (ir muy pegado al auto de adelante).

Entre las acciones más graves podemos destacar la alta velocidad, algunos conductores llegan a exceder el límite de velocidad o conducen a más de 100 km y hasta cosas peores. El manejo imprudente puede ocasionar multas, prisión y muerte y que también deberían tener responsabilidad la autoridad por no poner en orden los señalamientos pertinentes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario