domingo, 25 de junio de 2023

 

VICTORIA LARRAÑAGA MANJARREZ

MDH RAMÓN LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

SAN IGNACIO, SINALOA.- Un día por la mañana me encontré con la sorpresa en casa de mi tía Victoria que tenía un cachorrito (Perrito), lo comencé acariciar y ella termino por regalármelo (Lo bautice como el capitán). ¿Cómo fue mi tía Victoria? Una de sus expresiones “Despabílate muchacho”. La tía Victoria: Una persona hecha en el esfuerzo de la vida cuya fuerza de voluntad es impensable. De joven se rumoraba era una mujer muy bella y parte de su hermosura se notaba a pesar de los años transcurridos.

Su situación financiera no era muy buena pero jamás le exigió o pidió nada a nadie, su temperamento tranquilo, discreta, un rostro erguido. Los mejores años habían pasado pero se conservaba con perfil firme, mirada sincera, ojos hermosos profundos sobre todo cuando sonreía abiertamente.

Se levantaba muy temprano haciendo cosas.- En repartir caricias era “Seca” muy poco afectuosa. Estaba convencida que cuando se enojaba no había indio que quedara con penacho. Las relaciones con el mundo social siempre fueron casi nulas (Mujer de su casa, volcada a la familia, habituada a su vida intima). Un porte distinguido, agradecida con la vida a pesar en que había sufrido más de lo lógico ante su realidad emocional. Una mujer virtuosa.- De su casa como si la calle no existiera.

Cuando sonreía sus ojos se convertían en puntillos de satisfacción. Una tía que no dejaba en orgullecerme porque era fuerte, decidida, bien formada, pómulos alzados, manos toscas, pestañas grandes, siempre interesada por el bienestar de sus hijos, hermanos y su padre.- Acostumbrada a la vida dura la que enfrentaba con rostro grato. Por más dura que fuera la vida la aceptaba tranquilamente.- Persona justa, única con sus momentos malos, su mundo, familia y su historia. Una mujer armoniosa, diestra, callada, fina en sus facciones, ese algo que algunas personas traen y que las hace bellas a los ojos de los demás. Un mal la aquejaba en sus últimos años en sus articulaciones, un síntoma de dolencia que no terminaba en dejarla dormir.

Su casa tenía sus defectos, estaba mal orientada al sol (Toda la mañana le pegaba de frente y por la tarde hacia mismo al pasillo principal. A ella le gustaba en cierta época del año pintar la fachada. El piso de la casa era ladrillo rojo y el techo de tejas sostenida con carrizos amarrados, al frente una escalinata. Vivía rodeada de sus hijas, unas vacas, gallinas en el corral trasero. En la tía Victoria.- No existían pensamientos melancólicos a pesar en que los años la fueron envejeciendo acompañados de las tristezas por perdida de seres muy cercanos y queridos para ella. Era frecuente ver las gallinas encima de las hornillas o picoteando en los pasillos.- Una mujer que a pesar en que los años pasaban ella pensaba que no valía la pena el verse preocupada.

EL CAPITÁN (Nombre del perro que me regala la tía).- Hay un lugar en el monte que me espera: Deseo darme un respiro y acudir a visitarlo. Un terreno en la sierra en un monte casi perdido, es como un rincón olvidado en el que un día vi morir a mi perro “El capitán” enfrentándose a un puma. Cuando sueño valoro en que las ideas se apoderan de un espacio vacío el cual se debe llenar, ordenar las ideas y quedarnos con lo bueno. Los sueños causan un caos emocional y nos hacen caminar entre arenas movedizas, incertidumbres sentimentales, entre demonios y deseos. Nos presenta la vida, las inquietudes que nos aquejan. Son cosas que cuesta el desprendernos y ciertas personas aseguran encontrarle sentido a sus sueños.

Mientras dormía el “Capitán” ladraba para que despertara y le ayudara. En un perro que me mató cuando niño un puma en la sierra. Mi perro “El capitán” Aullaba, su gruñido presagiaba lo peor a su físico. Lo escuchaba y luchaba porque de mi boca saliera el consuelo gutural, pero el perro no se calmaba, seguía aullando, quejándose.

El monte estaba silencioso solo se escuchaba su lamento intentando que me presentara en su ayuda. Yo intentaba salvarlo, sacarlo del lugar pero tenía miedo al puma. El viento y el frio de la mañana aquella estaban presentes. Por fin me atreví: Agarre un palo seco y gritándole al puma me pare frente al mismo. Se me quedo mirando a los ojos como tratando en adivinar hasta donde estaba dispuesto a llegar, inmediatamente se perdió entre la maleza, deje en divisarlo y me acerque al perro quien me recibió con gusto “Agradecido”, lamia mis manos.

Lo abrace para que se sintiera seguro, mejor, supiera que lo peor ya había pasado. Lo abrace y brotaron lagrimas de mis ojos sabiendo que la bestia aquella estaba a punto de matarlo, lloraba por recuperarlo al saber que estaba a salvo. Lo seguí abrazando durante todo el sueño. Bajamos el cerro, el iba herido de sus patas, yo lo llevaba cargado entre mis brazos, el me besaba, yo, lo abrazaba acariciándole la cabeza. Lo volví abrazar hasta el amanecer (Almohada). Cuando desperté, ya no estaba, se había marchado al lugar desde donde vino a visitarme (Lugar en que lo enterré) después de esa batalla en la murió y, yo, lo mire morir con valentía.

Desperté y me sentía mejor, había vuelto mi amigo inseparable y, aunque solo fue un sueño por esta noche me hizo recordar los días aquellos en los que lo único que contaba era correr por los montes. Un sueño que logro arrancar una sonrisa olvidada. Una noche en la cual volví a vivir la escena en que mi amigo entrego su vida cuando yo era incapaz en luchar cuerpo a cuerpo con la bestia. Hoy, su camino y el mío se han vuelto a cruzar a través en una noche vivida hace años y aún no termina en perderse para siempre.

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