CUENTO
RAMÓN
ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Esto que me atrevo a contarles paso hace muchos años.
Sucedió que en “Veranos” vivían dos jóvenes, quienes con su hermosa juventud
terminaron enamorados y se casaron. Gente honrada y de buenas costumbres, sin
mancha. Se amaban tanto que en las noches de luna llena se amanecían
contemplando su belleza, cuando él salía a trabajar, ella lo esperaba en el
umbral de la puerta.
Se juraban y perjuraban que no viviría uno si faltaba el otro.
Un buen día el hacendado viendo lo guapa
que era la moza y sabedor de las penurias que pasaban en el campo convenció a
su marido para que la dejara trabajar en su casa de sirvienta. El joven tomo
aquello como algo de buena voluntad del patrón, creyó lo hacía porque lo veía
con buenos ojos; ahora los dos eran criados del mismo patrón.
El patrón les
aseguraba que eran como de la familia por lo honrados y trabajadores que eran;
ellos estaban agradecidos y contentos y rendían más de lo normal con tal de
congratularse. El patrón cuando no estaba el joven le echaba flores a la
muchacha y le decía que ella necesitaba
un hombre que realmente la protegiera comprándole sus lujos. Ante esto, ella se
concretaba en sonreír con coquetería y
bajaba la mirada de vergüenza. Un día mando urgentemente llamar el patrón al
joven y le pidió que lo acompañara a los potreros para ir a buscar unas vacas
recién paridas y que su mujer se encargara de la casa mientras regresaban.
Por el camino el patrón iba pensando en cómo desaparecer al
joven para quedarse con su esposa, ganas le sobraban de cometer aquella
canallada, le daba envidia de la mujer
que aquel tenia. Los malos pensamientos no lo dejaban en paz, quería que la
campesina fuera de él, el demonio se estuviera apoderando, el pecado lo
tentaba.
Por fin le aventó su
caballo para que se desbarrancara. El joven cayo y el patrón, loco de rabia se bajo de su caballo y sacando
una pistola la descargo sobre el muchacho. Lo enterró a la orilla del arroyo y
puso ramas que corto de un matorral cercano. El pobre campesino quedaba en el
monte por la pasión de un hombre que había enloquecido y quien sin ninguna
contemplación lo asesinaba para quedarse con su mujer.- después de enterrarlo
monto su corcel y se encamino de regreso a la hacienda. Al llegar fue a
contarle a la moza que el joven se había matado porque el caballo se desboco en
la cuesta aquella y que desgraciadamente ni el cuerpo podía rescatar por lo
profundo del barranco.
Varios días la moza se la paso llorando cosa que el patrón
aprovechaba para visitarla en su cuarto y alentarla diciéndole que no se
preocupara que ya que le pasara él estaba dispuesto a reparar el daño dejándola
que fuera algo parecido a la dueña del rancho, pero que tenía que cumplir sus
funciones de mujer de él. La muchacha con la congoja y la presión del patrón no
encontraba qué hacer ante aquella situación.
Una noche mientras dormía el patrón la muchacha se metió en
su cuarto y se le acomodo desnuda bajo las sabanas, este al sentir el contacto
del cuerpo despertó y vio a la mujer que tanto deseaba. Ella le dijo que
deseaba complacerlo por lo mucho que él había hecho por ellos: Él al principio
se desconcertó pero pronto pudo más su instinto masculino y acariciándole se
consuma el acto. Al terminar ella empezó a llorar desconsolada acordándose del
amor de su vida y le pidió que por favor la llevara al lugar en donde había
muerto su amado.
Por el cariño que usted me tiene; por el amor que yo le
tengo a mi esposo; ruego le me haga este favor “Lléveme a ese lugar maldito” El
se levanto, se vistió, salió al patio y ensillo un caballo, le pidió a ella que
montara sobre la silla y él en ancas tomando el rumbo del arroyo. El iba loco
de contento, la abrazaba, le besaba, le acariciaba el cabello, le tomaba las manos,
le decía que la quería, que estaba loco de contento porque ella le había
correspondido.
Así llegaron al arroyo. La muchacha paro el caballo y le
pidió que la bajara. -Quiero que me diga ¿porque lo mato? A poco cree que le
creí que se había matado solo porque el caballo se desboco ¿porque lo enterró en el matorral, para que
se lo comieran los coyotes? – Te han engañado quienes te dijeron que yo lo
mate, no yo no lo mate, lo mato mi otro yo, ese que me despierta y me desespera
al verte tan feliz en brazos de otro, fue mi instinto animal, yo al igual que
tu lo apreciaba mucho, pero hay pasiones que los hombres no somos capaces de
controlar y si merezco un castigo por quererte tanto ¡Castígame! Pero no me
dejes nunca.
Lo he traído aquí para castigarlo, lo deje que durmiera
conmigo para que me deseara mas y le doliera morir, que se diera cuenta que
cuando más felices somos siempre llega alguien a interponerse y todo termina,
todo se esfuma. Voy a matarte en el mismo lugar y voy a enterrarte en el mismo
matorral; no te asustes el ya no está aquí, su cuerpo me lo lleve al otro día
que lo mataste, alguien te vio cuando cometiste tu fechoría y luego me lo
contó; nos engañaste a ambos, creímos que eras bueno sin saber que solo fingías
para lograr tus insanos propósitos, pero como soy una alma que cree en Dios, no
quiero que te vayas al infierno sin saber lo que una alma pura puede hacer en
beneficio de una persona y esa es la verdadera razón del porque decidí estar
contigo en la intimidad.
Sonó un disparo en medio del silencio y mientras el hombre
caía le alcanzo a tomar la mano y le dijo –Te amo, te amo- La joven al ver los
ojos de aquel hombre sintió tanta ternura que con mil trabajos lo pudo subir al
caballo llevándolo de regreso a la hacienda en donde lo curo. Han pasado los
años y la pareja tuvo 6 hijos, así fue esa historia de amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario