PADRES LOCOS POR LA CALIFICACIÓN DE SU HIJO
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional
Autónoma de México.
Es hora que los padres cambien, y entiendan las prioridades
en la vida de su hijo. Cometen muchos errores cuando los niños van a la
escuela. Una madre explica que cuando su hija iba a la escuela primaria, le
exigía calificaciones. En secundaria esperaba lo mismo, demandando fuera una de
las mejores estudiantes en sus notas. Todo estaba bien. La chiquilla estudiaba
bien, les informaba a sus padres de sus éxitos. Los padres se regocijaban con
sus notas y las presumían con sus familiares y amigos. Se sentían orgullosos.
La madre nunca se preocupaba por revisar sus cuadernos, no
conocía a su hija, ni lo que le estaba pasando. Un día su hija salió hacer una
supuesta tarea con una amiga, pero en realidad se había quedado de ver con un
joven pretendiente que le prometia llevarla a vivir con él en calidad de pareja
para que sus padres no la lastimaran si se daban cuenta de sus
calificaciones.
Esa tarde la madre mientras hacia la limpieza del cuarto de
su hija se topó con una libreta de notas personales, muy semejante a un diario
personal. Al tenerlo en sus manos se preguntó ¿qué es esto? Comenzó a leer las
notas en donde su hija redactaba que tenía miedo de que sus padres se enteraran
que no le estaba yendo nada bien on unas materias y temía ser regañada o castigada,
y que estaba pensando seriamernte en escaparse con un muchacho dos años mayor
que ella.
Explicaba que en su última valoración saco un cuatro. Mis
padres creen que soy una excelente estudiante, pero no es así, por lo que
quisiera decirles. La madre reflexiono en el sentido que era ella misma la que
había construido ese muro entre su hija y ella. No había confianza y ni
siquiera se imaginaba el cómo resolverlo. Siguió hojeando el cuaderno y
mientras más leía se daba cuenta que estaban perdiendo a su hija. La chiquilla
expresaba sus angustias, temores, las exigencias de sus padres etc.
Toda una vida frustrada, y que además no podía ser honesta
con sus reales calificaciones. Su madre no sabía qué hacer, y espero a su
esposo para mostrarle el cuaderno. Ambos no se daban cuenta del mal que le
estaban haciendo a su hija. Se pusieron de acuerdo y la esperan para platicar
con ella. Al llegar la chiquilla no se explicaba por qué sus padres la
abrazaban. Hasta que le mostraron el cuaderno pidiéndole que no volviera a
mentir. Que ellos estaban para cuidarla y se desarrollara sin miedos. La
chiquilla se fue a su habitación y comenzó a llorar.
Ella pensaba que sus padres eran malos, y que ella todo lo
hacía mal, sin embargo, llegó ese momento de reconciliación y entendimiento. -
Otro caso: Un joven de bachillerato saltó de un puente cayendo sobre los autos
que circulaban, y murió. Nadie conocía su historia debido a que no era de la
ciudad y tenía poco tiempo inscrito en el bachillerato. Los diarios lo
publicaron con todo el morbo del mundo para vender ejemplares. El resultado
final es que él, fue un excelente estudiante en secundaria, era el orgullo de
su familia, pero reprobó dos materias en bachillerato y tenía miedo en
contárselo a sus padres por lo que prefirió morir.
Las personas que leían el diario sacaban sus propias
conclusiones y, expresaban molestos ¿Qué clase de padres son estos? - En un
caso más, un chico de secundaria termino en un manicomio, porque su papá y mamá
le exigían un diez en cada materia, que consiga diplomas de excelencia al final
de curso. Le reclamaban que no los avergonzara con un ocho de calificación y
eso el chico no podía soportarlo, por lo que comenzó a escondidas a tomar
pastillas para los nervios que se las robaba a su abuela. Lo peor es que al
salir de clases no deseaba regresar a su hogar. Se aislaba o vagaba por las
calles puesto que, solo allí podía respirar tranquilo.
Estaba obligado a ser el orgullo de su familia. Para que
ellos presumieran sus alturas alcanzadas. El chico vivía preocupado de que no
pudiera convertirse en una excelente estudiante, como su madre y su padre se
los echaban en cara lo habían sido ellos. La madre le señalaba que su padre fue
el mejor estudiante en el bachillerato y que ella también lo fue. Ellos le
exigían que su graduación en bachillerato seria con honores.
Ese era el juego en su hogar. Una amiga suya le comento a su
madre lo preocupada que estaba por su amigo, que no podía arreglar sus coas con
sus padres, y al enterarse de la noticia sintió morir por lo equivocado de la
decisión tomada. Sintió tanta pena por su amigo que las lágrimas brotaron por
sus ojos. En ese instante se odiaba por no reconocer el cómo ayudarlo. Ella
estaba segura que su amigo era una persona buena, amable, inteligente, con
talento, pero ya nada podía hacer por él. Todos los padres, queremos lo mejor,
pero a veces lo hacemos muy mal.
Unos se esfuerzan por complacer, otros por obligar, unos más
por apoyar en facilitarles la vida, pero no es fácil y cometemos muchos errores
que a veces son difíciles en corregir o ya no tienen remedio ¿Por qué amar
tanto las calificaciones, sino representan nada en absoluto comparadas con el
amor a los hijos? A los hijos se les ama no por sus calificaciones escolares.
Lo principal es intentar, hacer todo lo que esté a tu alcance, para que la
conciencia de su hijo esté tranquila. ¿Porque generarles ese miedo y molestarse
si no es un excelente estudiante?
La comprensión es
importante, y a los niños desde pequeños se les debe explicar ¡No castigar!
Porque ese miedo de los padres cuando otros padres o familiares se les acercan
para pregúntales sobre la calificación que obtuvo su hijo en la escuela como si
el niño fuera un delincuente ¿Porque no responder, sin sentirse ofendidos o
echarle la culpa a la maestra? Lo más importante es que el niño sea feliz,
amable. Tenemos arraigada esa cultura negativa de la calificación que debería
ser desechada y solo usar una calificación de acreditado o no. No pueden culpar
al niño sobre las calificaciones. Él lo que necesita es ser amado, apoyarlo,
creer en él, sin generarle miedos, y el actual sistema de calificaciones solo
discrimina y genera desigualdad.
El niño no necesita
demostrar superioridad ante sus compañeros, ni sacar diez en todo. No es cierto
que un niño que saca diez en matemáticas es el más inteligente. En la vida
conocí cientos que sacaban diez en matemáticas y los maestros les decían
cerebritos, pero al paso de los años los encontré por las calles y me di cuenta
que no tenían tanto talento como presumían y que posiblemente atrás de ese
diez, estaban unos padres exigentes, locos por disfrutar su vanidad y orgullo
por una calificación y no por el amor a su hijo ¿Qué les paso entonces?
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