PANCHITA
En alguna forma he hallado refugio en los ojos de extraños,
quienes regalan una sonrisa al encontrarnos por la acera, sin saber quién soy,
sin saber la clase de cosas que me perturban, las que me hacen entristecer
hasta un punto casi trágico, las que me alegran los días, me desvelan y hacen
que no quiera siquiera salir de mi casa. Esa sonrisa alivia en cierta forma; el
saber que no estoy solo y no soy el único en esta clase de contrariedades. Tal
vez el hecho de reírme de la vida a cada paso, implica lleve el jugo de la
felicidad en todo instante. Igual que cualquiera, menos peor que muchos, pero
escudriño no llenarme de amargura, sino contagiarlos en ideas. Toda batalla se
presenta en el terreno de las ideas y, cada uno asume la actitud para
enfrentarlas. Es ir decidiendo con la sonrisa en la cara y buena vibra en el
ánimo.
Ocuparse y no preocuparse, es un estilo en el vestirse. No
siempre la gente contestara con una sonrisa, pero el intento vale su peso en
oro, ya saldrá esa sonrisa y la persona agobiada abandonara el preocuparse un
menos poco o su rostro se mostrara agradable por ese instante. No todo lo que
la hace feliz a la otra persona, le hace a usted por lo menos no hay que ser
crueles imponiéndoles la felicidad para que contesten con una agradable sonrisa
contagiándola de feliz y vacunándola contra la amargura. En ciertos momentos de
la vida ocupábamos desahogarnos, llorar, gritar de felicidad sin poner tope o
que alguien nos detenga. Siempre está por “Allí” alguien dispuesto a ser
convertido en paño de lágrimas para escuchar y dar consejo. En la felicidad
sobra escuchante, en la prosperidad amigos, en la pobreza nadie se acuerda que
existes.
En ¿los amores? Tal vez no este del todo cuerdo por
recordarla, mencionar su nombre en mis sueños. Esa que de joven nunca quiso
saber de mí, pero el extrañarla con sus
pláticas, llega en los sueños, no tiene ganas de marcharse para siempre y jamás
regresar. Fue dura con todos, a nadie quería, los usaba, decía ser feliz,
anhelaba la gloria económica en la vida. Se rodeaba de amigas semejante a ella,
se veían felices los fines de semana briagas en los centros de baile ¿Extraña
alegría, felicidad? No hay plazo que no se cumpla, ni vicio que no destruya, ni
un minuto antes, ni uno después, así la vida cobra todo exceso.
Una joven etiquetada
de egoísta con desequilibrio emocional, equivocada en sus valoraciones de
libertad por las costumbres. Al final del día sola, inquieta en una lucha
constante, desesperada por que la vieran triunfadora, feliz, encubriendo sus
defectos, alimentando los demonios, desoyendo consejos, rompiendo esquemas
establecidos al creerse libre por tomar decisiones juzgadas por los varones como
malas, desafiando a las demás mujeres acomodadas en la costumbre. Expresaba
tener sueños por cumplir a costa de lo que fuera o estuviera a su alcance, a
costa de su propio cuerpo. Asentaba tener carácter fuerte pero no se respetaba,
rompía con toda regla establecida de sana convivencia.
Por mí parte acepte los desprecios, continúe viéndola,
respete sus locuras, la deje ser tal cual ella deseaba: A cambio me decía era
su amigo de confesiones. La quería en silencio y no deseaba entrar en conflicto
por hacerla cambiar de actitud.- Ella era feliz en esa forma, y, deje lo fuera.
Si no me quiere con amor cuando menos estar cerca. Así, acepte la relación con
tal de no separarme, por una migaja de felicidad. Dolía verla sufrir en cada
descalabro, ellos la tomaban y soltaban después de su uso, una y otra vez. En la soledad confesaba que
no era feliz, lloraba, renegaba en que nadie la quería por la forma en que se
comportaba. Le pasaba el mal rato y, volvía a ser la misma. Cerraba el llanto y
soltaba la carcajada, argumentando.- No, soy la mujer correcta, pero si la que
hace de su vida un principio de libertad, no he encontrado el hombre correcto
pero caerá, ya lo veraz.-Esos ojos que se comerán los guanos tarde que
temprano, lo verán.
Extraña forma de reaccionar a los conflictos del amor, no
puedo imaginar una noche ser besada, acariciada y por la mañana despreciada
asumiendo ese asunto con una sonrisa. Ante ello evoco los momentos de su llanto
cuando tiernamente me abrazaba ¿Extrañarla? si tenía ganas de entrar en su alma
y borrar el dolor para que no llorara y siguiéramos juntos abrazados. Creí
saber mucho acerca del amor. No sabía lo suficiente como para no equivocarme.
Sin duda, era evidente que tenía que aprender que en eso, buscando refugio en
las experiencias aunque veces no sirven de mucho. Vuelves a caer una y otra vez
en los mismos juegos y, trampas.
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