LA MAESTRA ROSA ISABEL
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado Y maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Desde niña, decidí que sería maestra: jugaba a la escuela con muñecas, con niños. En casa, me hacía pasar por maestra, y explicaba tareas a mis muñecas quienes eran mis amigas imaginarias en un pequeño pizarrón. Así que cada minuto desempeñé el papel que me había trazado. No puedo decir que yo misma fuera una excelente estudiante, pero traía lo de maestra en la sangre. En bachillerato trabajaba y estudiaba. Siempre creí en mi vocación. Finalmente, entre a estudiar para maestra. Dio la casualidad de que no llegué a las primeras clases debido a una enfermedad y fui reprendida por mis maestras creyendo lo hacía por irresponsable.
Los comentarios de mis maestros no niego que me molestaron, pero estaba retrasada en mis lecciones. En mi grupo note que había una chica bella, inteligente, muy brillante, pero estaba completamente perdida ya que padecía el defecto de tartamudear. Cuando uno de los maestros le preguntaba se quedaba indefensa frente a todos. Muchas se burlaban de ella, pero hacia lo mejor que ella podía. Cuando me tocaba mi turno, no me era difícil prepararme ya que revisaba concienzudamente en casa la lección, y solo me quedaba ponerlo en la práctica al momento de responder. No recuerdo una sola vez que me temblaran las rodillas o el habla.
Había un compañero que se dedicaba a molestarnos a todas, era hijo de un supervisor escolar. A ese compañero ensayé el ¿Cómo? neutralizarlo para que me dejara en paz. Mi aprendizaje me enseño que una maestra no debe dejar que los niños se aburran, sino que los mantenga ocupados, que les ponga actividades
constantemente, que los levante para que descansen un rato. Tambien no es bueno dejarlos en completo silencio y una hablando como merolica de feria, así que me dedique aprender todas las técnicas posibles de pedagogía para lograr los resultados deseados.
Aprendí como los músicos a darle ritmo a mis clases, y el tiempo se pasaba desapercibido, es decir cuando menos lo esperaba escuchaba el timbre del recreo o el de salida. Una de mis maestras recuerdo me dijo, que yo iba a ser una buena maestra, pero no alcanzo a verlo ya que cuando yo apenas comenzaba en la profesión me entere que ella murió. Despues de mi titulación y con los papeles en la mano, me dije es hora de buscar trabajo. Fue otro tiempo odioso, no me gustaba eso de ir a verle a la cara y seguir a los líderes del sindicato, pero debía hacerlo si quería entrar al sistema educativo.
Trabaje temporalmente en escuelas particulares, me gusto el hacerlo ya que allí también trabajaban algunas de mis amigas recién egresadas, pero no era el sitio en donde ninguna de nosotras pensábamos echar raíces. En esa escuela privada, la directora era una típica calculadora de ingresos por cada alumno. En ocasiones se soltaban las intrigas, se nos aumentaba la carga de trabajo y el sueldo se nos pagaba retrasado y bajo, sin prestaciones.
Fueron dos años de penuria y no estaba satisfecha, sin embargo, me encontraba prácticamente atada de pies y manos. La directora era muy astuta, su plan era que al terminar el ciclo escolar se deshacía de nosotras para no pagarnos vacaciones. Era una señora muy crítica, creo que estaba amargada. A ninguna de nosotras nos inspiraba confianza, así que jure que al terminar ese ciclo escolar nunca regresaría a esa escuela. - ¿Ha cambiado algo en tu percepción de la escuela durante este tiempo? - ¡No! - La escuela para mí siempre ha sido y sigue siendo un lugar donde se trabaja mucho, donde se necesita un trabajo serio, entregado y responsable.
Tengo la satisfacción que por mi aula han pasado químicos, Médicos, Odontólogos, biólogos, periodistas. Más de 30 generaciones. Despues de pasar unos años en la escuela primaria, me puse a estudiar Biología, química que eran mis ciencias favoritas y con los títulos y la experiencia conseguí trabajar en las mañanas en la primaria y por la tarde en secundaria. Soy una convencida que las relaciones humanas con los alumnos juegan un papel muy importante. El lema de mi vida siempre ha sido, “Si, no ayudas, no hagas daño”
A los niños en primaria hay que darle alas y en secundaria plumaje para que levanten y vuelen. Como maestra una aprende que lo principal no está en las calificaciones. Lo principal es que los muchachos están acostumbrados a una actitud responsable ante la vida, especialmente la suya.
Soy una persona que vive sencillamente, me siento completa, responsable, aún conservo ese entusiasmo con el que ingrese por primera vez al magisterio. Hace unos días, a finales del mes de agosto, regrese a la escuela primaria, me dio tristeza el verla vacía, Olía abandonada.
Le pedí a dos maestros que me ayudaran a pintar las aulas, y los pupitres, lavamos los patios, la escalera. Al final quedamos sorprendidos de lo bien que nos quedó. Los tres sabíamos que esto solo era el comienza de un ciclo escolar más, ya que más de una vez tendremos que limpiar, lavar ventanas, pisos, desempolvar, plantar árboles, acarrear muebles, diseñar trabajos, publicar periódicos murales, y mucho más. Además de enseñar a nuestros niños. Nunca pensé en quejarme con alguien de que no es parte de nuestros deberes.
Por supuesto, se asumo que la sociedad de padres de familia con las cuotas hace todas estas cosas por sí mismos. En mi escuela la mayoría de los niños son agradables, pero son hijos de padres clase media baja que no permitirían que su hijo lavara un piso en la escuela. La mayoría de las veces, los maestros quedamos exhaustos hasta el límite, sobre todo en escuelas que no cuentan con una persona que se encargue de hacer ese servicio o porque este enfermo y en estos casos nos toca a las maestras retorcer el trato sucio del tapiador o con el agua a los tobillos bañando el aula. La mayoría de las nuevas maestras no aceptan hacer un trabajo así, les da vergüenza.
Todo eso va de la mano, hay que educar a los padres, a los hijos, estar al pendiente de los rezagados para apoyarlos y mucho más. En la secundaria nos pagan por hora clase. Y para algunos maestros es casi como si asistirán a recoger limosna y no sueldo, para ellos es más difícil cuando la secundaria es chica, y las horas de su especialidad pocas, por lo que tienen que dar clases de química a veces un maestro que estudio sociales.
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