martes, 31 de octubre de 2023

 

SAPOS

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Médico Veterinario Zootecnista FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Pese a que son venosos, los sapos no son un peligro y nunca intentarán atacar a las personas. El veneno solo tiene como objetivo evitar que otros animales se los coman y su efecto es leve, a menos que sea ingerido. Aunque algunos sapos son venenosos, no son nada peligrosos, especialmente si se evita tocarlos o molestarlos. Estos son animales muy pacíficos que jamás intentan atacar y que mantienen las poblaciones de invertebrados a raya. Por ello, nunca está justificado matarlos, independientemente de sus secreciones tóxicas. El veneno de un sapo puede matar a un perro o a un niño pequeño si no son tratados (Los casos son raros clínicamente hablando).  El veneno de los sapos, aunque resulta peligroso para los humanos, es ingerido y utilizado por los humanos a lo largo de la historia.

 Uno de los usos más típicos para este veneno es el de droga recreativa. Se usan sapos del río colorado para este fin, pero en el pasado también se recolectaban sapos de caña. Para lograr los efectos alucinógenos, las personas lamen los sapos o, en su defecto, extraen y preparan las secreciones para fumarlas. Como ocurre con cualquier otra droga, consumir el veneno de estos sapos conlleva riesgos severos para la salud, además de dañar a estos animales y sus poblaciones. El veneno de una subespecie asiática de Bufo bufo también se ha utilizado durante milenios en la medicina tradicional china. Las secreciones desecadas se utilizan sobre todo para tratar el cáncer, aunque su eficacia es dudosa.

Los sapos son anfibios robustos y rechonchos que suelen depender menos del agua que las ranas. Estos anuros son generalmente muy lentos y vulnerables ante los depredadores. Por ello, los sapos han desarrollado una defensa en forma de toxinas situadas en la piel, que los hacen venenosos. Precisamente, las verrugas que dan el aspecto tan característico a los sapos son glándulas que albergan diversos compuestos tóxicos. Cuando son molestados, estos vertebrados de pequeño tamaño pueden segregar el veneno a través de ellas, con un aspecto lechoso y una consistencia viscosa. Los sapos no suelen suponer un peligro, ya que su veneno solo es un mecanismo de autodefensa. 1.-Sapo del río Colorado (Incilius alvarius).

Este es el sapo nativo más grande de los Estados Unidos, con un tamaño de entre 11 y 19 centímetros. Su piel dura y correosa, de color verde oliva en los machos y con un moteado marrón en las hembras. Habita en el suroeste de los Estados Unidos y el noroeste de México. Las secreciones tóxicas de Incilius alvarius contienen un compuesto denominado 5-MeO-DMT, que tiene efectos alucinógenos en las personas. Como consecuencia de sus propiedades alucinógenas, estos sapos son recolectados y traficados para obtener este compuesto, que se usa como droga recreativa o para intentar tratar problemas de salud mental. Aunque este sapo no se encuentra en peligro de extinción, ciertas poblaciones se están viendo afectadas por estas prácticas, que además pueden causar problemas de salud en humanos.

2.- Sapo de la caña (Rhinella marina) Originario de América Central y América del Sur, este sapo ha sido introducido por los humanos en muchas otras partes del mundo. Estas acciones han provocado que se convierta en una de las peores especies exóticas invasoras de todo el planeta. Los sapos de la caña cuentan con un veneno muy potente, que se almacena sobre todo en sus enormes glándulas parótidas, situadas detrás de la cabeza. En el rango nativo del sapo de la caña, los depredadores han evolucionado para tolerar este veneno, así que pueden consumir a estos anfibios y no se convierten en una plaga. Sin embargo, los depredadores de otras zonas mueren al intentar comérselos, por lo que los sapos de la caña se expanden sin límites. 3. Sapo común o europeo (Bufo bufo) El veneno puede causar daños a animales de porte reducido. Sus toxinas provocan mal sabor, náuseas, vómitos y fallo cardiaco en casos extremos. Estos sapos son muy pacíficos. Viven sus vidas tranquilamente en el abrigo de la noche, momento en el que salen de sus escondites para alimentarse de invertebrados o reproducirse en charcas. El veneno de estos sapos está compuesto por bufo toxinas y bufogeninas, entre otras sustancias químicas. La composición exacta de las secreciones tóxicas es distinta y depende de sus hábitats naturales. Curiosamente, las nutrias que se alimentan de estos sapos han aprendido a quitarles la piel primero, para así evitar ingerir las toxinas. Cuando un animal desarrolla una respuesta de defensa, seguramente su depredador aprende a esquivarla.

 4. Sapo gigante asiático (Phrynoidis asper) Esta especie habita en Myanmar, Malasia, Indonesia y Borneo. Es de color oscuro y cuenta con muchas verrugas pequeñas en la piel, que dan un aspecto muy rugoso. En general, este sapo parece más esbelto que otros, con unos miembros más largos y delgados en comparación al cuerpo, que también está menos hinchado. El veneno está formado principalmente por bufotalina. Como otras toxinas de los sapos, esta sustancia tiene efectos cardiotóxicos. También contiene otros químicos, como la resibufogenina. En ratones, una dosis de 100 miligramos puede producir dificultades motoras, convulsiones y debilidad corporal durante 5 horas. Se debe tener cuidado en que los niños pequeños o lo perros no los molesten o en el caso de los perros no se lo coma por sus toxinas.

 La familia Bufonidae, que engloba a más de 25 géneros y 350 especies. Los integrantes de la familia Bufonidae presentan unas estructuras especiales en la zona dorsal: las glándulas parotoides. Estas tienen una forma arriñonada y son fácilmente identificables como engrosamientos de la piel o “verrugas grandes”. Y, son las encargadas de sintetizar bufotoxinas, compuestos alcaloides con potencial neurotóxico. Los Bufadienólidos: son sustancias que pueden causar bradicardia, taquicardia ventricular y problemas cardíaco en concentraciones suficientemente altas. La dosis letal de este compuesto en ratones es de 200 a 300 miligramos por kilo del animal y la muerte ocurre por paro respiratorio. La especie de sapo que más problema ocasiona es Rhinella marina e Incilius alvarius.

 La tasa de mortalidad en canes por la ingesta del veneno de R. marina oscila de un 20 a un 100 % si no se aplica el tratamiento adecuado. Las toxinas se observan como un líquido lechoso blanquecino que el sapo suelta. Antes de soltar esa leche el sapo se hincha en señal de amenaza, incluso emite ciertas vocalizaciones para el atacante no se le acerque. Si el perro o el niño se llevan a la boca la leche, la intoxicación es inevitable puesto que las toxinas se absorben de inmediato en la lengua. Una vez entran en el aparato circulatorio, estos compuestos afectan al sistema nervioso, al corazón y a los vasos sanguíneos. Ante la intoxicación se observará las membranas de la boca rojizas, salivación excesiva y espumosa. Síntomas graves: fallos respiratorios, mucosas azules (cianosis), arritmias y convulsiones.

Los primeros síntomas son signos del picor que genera la toxina al entrar en contacto con la boca. Es posible que en muchos casos los signos clínicos no vayan a más, los vómitos no son comunes en estos cuadros clínicos.

 

 

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