SAPOS
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Médico
Veterinario Zootecnista FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Pese a
que son venosos, los sapos no son un peligro y nunca intentarán atacar a las
personas. El veneno solo tiene como objetivo evitar que otros animales se los
coman y su efecto es leve, a menos que sea ingerido. Aunque algunos sapos son
venenosos, no son nada peligrosos, especialmente si se evita tocarlos o
molestarlos. Estos son animales muy pacíficos que jamás intentan atacar y que
mantienen las poblaciones de invertebrados a raya. Por ello, nunca está
justificado matarlos, independientemente de sus secreciones tóxicas. El veneno
de un sapo puede matar a un perro o a un niño pequeño si no son tratados (Los
casos son raros clínicamente hablando).
El veneno de los sapos, aunque resulta peligroso para los humanos, es
ingerido y utilizado por los humanos a lo largo de la historia.
Uno de los usos más típicos para este veneno
es el de droga recreativa. Se usan sapos del río colorado para este fin, pero
en el pasado también se recolectaban sapos de caña. Para lograr los efectos
alucinógenos, las personas lamen los sapos o, en su defecto, extraen y preparan
las secreciones para fumarlas. Como ocurre con cualquier otra droga, consumir
el veneno de estos sapos conlleva riesgos severos para la salud, además de
dañar a estos animales y sus poblaciones. El veneno de una subespecie asiática
de Bufo bufo también se ha utilizado durante milenios en la medicina
tradicional china. Las secreciones desecadas se utilizan sobre todo para tratar
el cáncer, aunque su eficacia es dudosa.
Los
sapos son anfibios robustos y rechonchos que suelen depender menos del agua que
las ranas. Estos anuros son generalmente muy lentos y vulnerables ante los
depredadores. Por ello, los sapos han desarrollado una defensa en forma de toxinas
situadas en la piel, que los hacen venenosos. Precisamente, las verrugas que
dan el aspecto tan característico a los sapos son glándulas que albergan
diversos compuestos tóxicos. Cuando son molestados, estos vertebrados de
pequeño tamaño pueden segregar el veneno a través de ellas, con un aspecto
lechoso y una consistencia viscosa. Los sapos no suelen suponer un peligro, ya
que su veneno solo es un mecanismo de autodefensa. 1.-Sapo del río Colorado
(Incilius alvarius).
Este es
el sapo nativo más grande de los Estados Unidos, con un tamaño de entre 11 y 19
centímetros. Su piel dura y correosa, de color verde oliva en los machos y con
un moteado marrón en las hembras. Habita en el suroeste de los Estados Unidos y
el noroeste de México. Las secreciones tóxicas de Incilius alvarius contienen
un compuesto denominado 5-MeO-DMT, que tiene efectos alucinógenos en las
personas. Como consecuencia de sus propiedades alucinógenas, estos sapos son
recolectados y traficados para obtener este compuesto, que se usa como droga
recreativa o para intentar tratar problemas de salud mental. Aunque este sapo
no se encuentra en peligro de extinción, ciertas poblaciones se están viendo
afectadas por estas prácticas, que además pueden causar problemas de salud en
humanos.
2.- Sapo
de la caña (Rhinella marina) Originario de América Central y América del Sur,
este sapo ha sido introducido por los humanos en muchas otras partes del mundo.
Estas acciones han provocado que se convierta en una de las peores especies
exóticas invasoras de todo el planeta. Los sapos de la caña cuentan con un
veneno muy potente, que se almacena sobre todo en sus enormes glándulas
parótidas, situadas detrás de la cabeza. En el rango nativo del sapo de la
caña, los depredadores han evolucionado para tolerar este veneno, así que
pueden consumir a estos anfibios y no se convierten en una plaga. Sin embargo,
los depredadores de otras zonas mueren al intentar comérselos, por lo que los
sapos de la caña se expanden sin límites. 3. Sapo común o europeo (Bufo bufo)
El veneno puede causar daños a animales de porte reducido. Sus toxinas provocan
mal sabor, náuseas, vómitos y fallo cardiaco en casos extremos. Estos sapos son
muy pacíficos. Viven sus vidas tranquilamente en el abrigo de la noche, momento
en el que salen de sus escondites para alimentarse de invertebrados o
reproducirse en charcas. El veneno de estos sapos está compuesto por bufo
toxinas y bufogeninas, entre otras sustancias químicas. La composición exacta
de las secreciones tóxicas es distinta y depende de sus hábitats naturales.
Curiosamente, las nutrias que se alimentan de estos sapos han aprendido a
quitarles la piel primero, para así evitar ingerir las toxinas. Cuando un
animal desarrolla una respuesta de defensa, seguramente su depredador aprende a
esquivarla.
4. Sapo gigante asiático (Phrynoidis asper)
Esta especie habita en Myanmar, Malasia, Indonesia y Borneo. Es de color oscuro
y cuenta con muchas verrugas pequeñas en la piel, que dan un aspecto muy
rugoso. En general, este sapo parece más esbelto que otros, con unos miembros
más largos y delgados en comparación al cuerpo, que también está menos
hinchado. El veneno está formado principalmente por bufotalina. Como otras
toxinas de los sapos, esta sustancia tiene efectos cardiotóxicos. También contiene
otros químicos, como la resibufogenina. En ratones, una dosis de 100 miligramos
puede producir dificultades motoras, convulsiones y debilidad corporal durante
5 horas. Se debe tener cuidado en que los niños pequeños o lo perros no los
molesten o en el caso de los perros no se lo coma por sus toxinas.
La tasa de mortalidad en canes por la ingesta
del veneno de R. marina oscila de un 20 a un 100 % si no se aplica el
tratamiento adecuado. Las toxinas se observan como un líquido lechoso blanquecino
que el sapo suelta. Antes de soltar esa leche el sapo se hincha en señal de
amenaza, incluso emite ciertas vocalizaciones para el atacante no se le
acerque. Si el perro o el niño se llevan a la boca la leche, la intoxicación es
inevitable puesto que las toxinas se absorben de inmediato en la lengua. Una
vez entran en el aparato circulatorio, estos compuestos afectan al sistema
nervioso, al corazón y a los vasos sanguíneos. Ante la intoxicación se
observará las membranas de la boca rojizas, salivación excesiva y espumosa.
Síntomas graves: fallos respiratorios, mucosas azules (cianosis), arritmias y
convulsiones.
Los
primeros síntomas son signos del picor que genera la toxina al entrar en
contacto con la boca. Es posible que en muchos casos los signos clínicos no
vayan a más, los vómitos no son comunes en estos cuadros clínicos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario