martes, 7 de noviembre de 2023

 

SE CASÓ CON UNA GRINGA LOCA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- UNAM

 Para conseguir mis papeles me casé con una Gringa loca: Cuando la conocí, fue una relación rápida y en menos de tres meses ya estábamos casados por lo que no tuvimos noviazgo, solo decíamos ambos que fue amor a primera vista. Me dijo que era la primera persona a la que amaba con locura, que estaba encantada con su mexicano. Al ofrecerle matrimonio me acepto de inmediato, no preste atención a una de sus expresiones favoritas ¡Todos los hombres son cabrones y hay que domarlos! ¡No se puede confiar en ninguno de ellos, solo llegan toman lo que quieren y se van! Culpaba a todos los hombres, y creo que llevaba en la bola a su padre, de las mujeres comentaba que todas la envidiaban, que siempre la traían en chismes y en intrigas en su contra, por muy libre en su intimidad y fumar marihuana.

Me entere que un año atrás le dio una paliza a uno de sus hermanos y cuando se lo pregunte la justifico con el juicio de que se lo merecía. Cometí ese error, de nunca preguntar a personas cercanas o a sus antiguos novios sobre su relación con ella, y me dejé llevar por su belleza física, simpatía, expresiones coloquiales y sobre todo conseguir mi estatus migratorio. Despues supe que su padre la golpeaba con crueldad sin la menor misericordia como si fuera un animal, pero cuando lo supe ya estaba dentro del matrimonio.

Los primeros dos años no quiso tener hijos argumentando que los hijos son una molestia, que quitan el dinero, hay que estarlos atendiendo y desfiguran el cuerpo con el embarazo para despues crecer y marcharse sin dar siquiera las gracias. Supe que sería difícil romper con esa voluntad inquebrantable de ego y vanidad. Fue hasta despues que ella misma me lo propuso cuando me encontraba completamente sumiso, humillado, y con la idea en la mente de salir de ese castigo llamado hogar, pero estaba próximo a que me entregaran los ansiados papeles. En un principio comenzó insultándome, cada vez se mostraba más agresiva, iba perdiendo el control en sus enojos y le perdonaba todo, pero se repetía cada vez con mayor frecuencia llamanome mexicano grasoso.

A medida que pasaba el tiempo sus arrebatos los llevaba a los limites hasta que por primera vez me lanzo el primer plato por la cabeza. Le dije ¡Eso, no se hace! A lo que contesto ¡Bastante hago con aguantarte! Allí comprendí con la clase de mujer que me había casado, una sádica sin empacho que disfrutaba insultar ¿Dónde quedo aquella chica que pasaba desapercibida en mi noviazgo? Hoy convertida en una mujer de comportamiento inapropiado queriendo controlarlo todo, cuya culpa recaía en mi persona por mis supuestos fracasos para hacerla feliz, y justificándolo. Inicie el proceso de reflexionar si en realidad ¿Yo, era tan malo?

¿Si, tenemos hijos, seré un mal padre?, soy un hombre que no se alcoholiza, le gusta disfrutar de la comodidad del hogar despues de regresar del trabajo, en cambio ella se pasaba vagando en su mundo quemando marihuna acompañada de wiski, allí recordé la frase de mi padre “La mujer que no consigue algo hablando, lo hace llorando” pero es allá en México, las de aquí gritan, pelean, patalean y denuncian a la policía cuando no pueden, en ese país, es la mujer la que manda. ¿Tal vez, fue mi destino toparme con una mujer con estas características, o mi desespración para no ser deportado?

Un temperamento insultante, que ofende los sentimientos más íntimos, que me callaba cuando me estaba regañando como si fuera un niño que no piensa o razona por miedo a que llamara a migración. Tres años de paciencia, tolerancia, pero al fin tome la decisión correcta “cada persona permite ser tratada hasta donde se deja”

La abandone teniendo mis papeles en la mano, y debido a que despues de que nos casamos resulto ser déspota que me gritaba y golpeaba. Una mujer llena de celos, controladora, me insultaba, me hacía reproches, nada le gustaba ¡Aquí se hace lo que “Yo” digo! Estaba convencida que yo no servía para nada, me daba trato de trato viejo, y siempre tenía en su boca una justificación ¿Quién aguanta una regañona, grosera? Llego incluso a quitarme la llave de la casa. Le ayudaba en los quehaceres, pero me molestaba cuando quería salir y ponía la cara de sargento mal pagado ¡De aquí no sales, y si sales no vuelves a entrar! Todo inicio controlando mi salario en el trabajo quitándome la tarjeta en donde me depositaban, me manipulaba para darme incluso para el autobús que me llevaría al trabajo.

Antes de la intimidad ponía sus condiciones. En casa no le gustaba que nada estuviera fuera del lugar que a ella le gustaba. Me escogía la ropa que debía ponerme, cual comprar, con quien platicar, los amigos. Mi opinión nunca fue tomada en cuenta. Ella solo sabía lo que era correcto y yo debía acatar la orden o llegarían los gritos y escándalos. En las noches cuando deseaba descansar un poco me insultaba diciéndome haragán, perezoso, me comparaba con los esposos de sus amigas y remataba que fue un error el casarse conmigo ¿Quién aguanta una loca, así por más que la quieras?

Peligroso se volvía el verla que anduviera limpiando el piso o las ventanas, ya sabía que despues de cansarse primero se quejaría y luego llegarían los insultos. Se convirtió despues del matrimonio en una persona pedante, arrogante, controladora, y grosera. Recogía un pequeño pedazo de pan del suelo y me lo aventaba en la cara insultándome por cochino. Fueron 3 años de sufrimiento, de no contar con tranquilidad mental. Para ella solo yo, desataba su mala conducta en mi contra. ¿Cuántos berrinches aguante? ¿Cuánto pisoteo mi dignidad? ¿Dónde quedo la tierna gringita de la que me enamore? Por eso para librarme de ese yugo decidí salirme de la casa. Si, intentaba rebelarme se ponía furiosa, se enfadaba y armaba un escándalo, incluso llego a aventarme con los platos.

Tres años estuve resignado, pero me canse, y creo que necesitaba un respiro de aire fresco que no oliera amargura. Cuando le dije que me marchaba se rio y murmuro ¡¿Qué puedes hacer tu solo?, si no te sabes ni limpiar las nalgas! De ese tamaño era su soberbia, su supuesto ejemplo de comportamiento acompañado de regaños que por respeto no escribo esas palabras, dichas en su español “Mocho”. Al ir a la calle y se me antojaba una nieve, argumentaba que solo pensaba en gastos innecesarios, aunque sus compras en cosas inútiles dejaban mucho que desear. Al salir del trabajo me daban ganas de quedarme un tiempo vagando por las calles con la intención de no verle la cara, pero al regresar estaba en la puerta esperándome, lista para agredir.

Fueron 3 años que me controlo al grado de que me hice dependiente de ella como si fuera un niño chiquito por miedo al castigo “Allí, solo sus chicharrones tronaban, y se hacía su voluntad” De solo escucharla llegué a pensar que me odiaba, pero a la vez no encontraba como liberarme de ella solo me quedaba esperar a contar con los papeles. Vivía en mi pequeño mundo sin voluntad para abandonar el cautiverio, no me atrevía a dar un paso sin su consentimiento. Celosa, al grado que si me llamaba tenía que contestarle al instante o ella colgaba para esperarme en la puerta de la casa y que le diera una explicación amplia del motivo.

Me ordeno casi al tercer año que tuviéramos hijos, pero no deseaba traer a un niño a este mi mundo, en donde vivía aislado, intentando por todos los medios que no platicara con nadie que no fuera autorizado por ella y en su presencia. Aún recuerdo sus frases “Eres el hombre más tonto que he conocido, eres torpe, un inútil”, “No entiendo que fue lo que te vi para fijarme en ti” En muchas ocasiones pensé en defenderme con mi fuerza, sobre todo cuando me empujaba o tiraba con cosas y un día lo intenté y ella corrió a la cocina regresando con un cuchillo en mano.

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