SE CASÓ CON UNA GRINGA LOCA
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC-
UNAM
Me entere que un año atrás le dio una paliza a uno
de sus hermanos y cuando se lo pregunte la justifico con el juicio de que se lo
merecía. Cometí ese error, de nunca preguntar a personas cercanas o a sus
antiguos novios sobre su relación con ella, y me dejé llevar por su belleza
física, simpatía, expresiones coloquiales y sobre todo conseguir mi estatus
migratorio. Despues supe que su padre la golpeaba con crueldad sin la menor
misericordia como si fuera un animal, pero cuando lo supe ya estaba dentro del
matrimonio.
Los primeros dos años no quiso tener hijos
argumentando que los hijos son una molestia, que quitan el dinero, hay que
estarlos atendiendo y desfiguran el cuerpo con el embarazo para despues crecer
y marcharse sin dar siquiera las gracias. Supe que sería difícil romper con esa
voluntad inquebrantable de ego y vanidad. Fue hasta despues que ella misma me
lo propuso cuando me encontraba completamente sumiso, humillado, y con la idea
en la mente de salir de ese castigo llamado hogar, pero estaba próximo a que me
entregaran los ansiados papeles. En un principio comenzó insultándome, cada vez
se mostraba más agresiva, iba perdiendo el control en sus enojos y le perdonaba
todo, pero se repetía cada vez con mayor frecuencia llamanome mexicano grasoso.
A medida que pasaba el tiempo sus arrebatos los
llevaba a los limites hasta que por primera vez me lanzo el primer plato por la
cabeza. Le dije ¡Eso, no se hace! A lo que contesto ¡Bastante hago con
aguantarte! Allí comprendí con la clase de mujer que me había casado, una
sádica sin empacho que disfrutaba insultar ¿Dónde quedo aquella chica que
pasaba desapercibida en mi noviazgo? Hoy convertida en una mujer de
comportamiento inapropiado queriendo controlarlo todo, cuya culpa recaía en mi
persona por mis supuestos fracasos para hacerla feliz, y justificándolo. Inicie
el proceso de reflexionar si en realidad ¿Yo, era tan malo?
¿Si, tenemos hijos, seré un mal padre?, soy un
hombre que no se alcoholiza, le gusta disfrutar de la comodidad del hogar
despues de regresar del trabajo, en cambio ella se pasaba vagando en su mundo
quemando marihuna acompañada de wiski, allí recordé la frase de mi padre “La
mujer que no consigue algo hablando, lo hace llorando” pero es allá en México,
las de aquí gritan, pelean, patalean y denuncian a la policía cuando no pueden,
en ese país, es la mujer la que manda. ¿Tal vez, fue mi destino toparme con una
mujer con estas características, o mi desespración para no ser deportado?
Un temperamento insultante, que ofende los
sentimientos más íntimos, que me callaba cuando me estaba regañando como si
fuera un niño que no piensa o razona por miedo a que llamara a migración. Tres
años de paciencia, tolerancia, pero al fin tome la decisión correcta “cada
persona permite ser tratada hasta donde se deja”
La abandone teniendo mis papeles en la mano, y
debido a que despues de que nos casamos resulto ser déspota que me gritaba y
golpeaba. Una mujer llena de celos, controladora, me insultaba, me hacía
reproches, nada le gustaba ¡Aquí se hace lo que “Yo” digo! Estaba convencida
que yo no servía para nada, me daba trato de trato viejo, y siempre tenía en su
boca una justificación ¿Quién aguanta una regañona, grosera? Llego incluso a
quitarme la llave de la casa. Le ayudaba en los quehaceres, pero me molestaba cuando
quería salir y ponía la cara de sargento mal pagado ¡De aquí no sales, y si
sales no vuelves a entrar! Todo inicio controlando mi salario en el trabajo
quitándome la tarjeta en donde me depositaban, me manipulaba para darme incluso
para el autobús que me llevaría al trabajo.
Antes de la intimidad ponía sus condiciones. En
casa no le gustaba que nada estuviera fuera del lugar que a ella le gustaba. Me
escogía la ropa que debía ponerme, cual comprar, con quien platicar, los
amigos. Mi opinión nunca fue tomada en cuenta. Ella solo sabía lo que era
correcto y yo debía acatar la orden o llegarían los gritos y escándalos. En las
noches cuando deseaba descansar un poco me insultaba diciéndome haragán,
perezoso, me comparaba con los esposos de sus amigas y remataba que fue un
error el casarse conmigo ¿Quién aguanta una loca, así por más que la quieras?
Peligroso se volvía el verla que anduviera
limpiando el piso o las ventanas, ya sabía que despues de cansarse primero se
quejaría y luego llegarían los insultos. Se convirtió despues del matrimonio en
una persona pedante, arrogante, controladora, y grosera. Recogía un pequeño
pedazo de pan del suelo y me lo aventaba en la cara insultándome por cochino.
Fueron 3 años de sufrimiento, de no contar con tranquilidad mental. Para ella
solo yo, desataba su mala conducta en mi contra. ¿Cuántos berrinches aguante?
¿Cuánto pisoteo mi dignidad? ¿Dónde quedo la tierna gringita de la que me
enamore? Por eso para librarme de ese yugo decidí salirme de la casa. Si,
intentaba rebelarme se ponía furiosa, se enfadaba y armaba un escándalo,
incluso llego a aventarme con los platos.
Tres años estuve resignado, pero me canse, y creo
que necesitaba un respiro de aire fresco que no oliera amargura. Cuando le dije
que me marchaba se rio y murmuro ¡¿Qué puedes hacer tu solo?, si no te sabes ni
limpiar las nalgas! De ese tamaño era su soberbia, su supuesto ejemplo de
comportamiento acompañado de regaños que por respeto no escribo esas palabras,
dichas en su español “Mocho”. Al ir a la calle y se me antojaba una nieve,
argumentaba que solo pensaba en gastos innecesarios, aunque sus compras en
cosas inútiles dejaban mucho que desear. Al salir del trabajo me daban ganas de
quedarme un tiempo vagando por las calles con la intención de no verle la cara,
pero al regresar estaba en la puerta esperándome, lista para agredir.
Fueron 3 años que me controlo al grado de que me
hice dependiente de ella como si fuera un niño chiquito por miedo al castigo
“Allí, solo sus chicharrones tronaban, y se hacía su voluntad” De solo
escucharla llegué a pensar que me odiaba, pero a la vez no encontraba como
liberarme de ella solo me quedaba esperar a contar con los papeles. Vivía en mi
pequeño mundo sin voluntad para abandonar el cautiverio, no me atrevía a dar un
paso sin su consentimiento. Celosa, al grado que si me llamaba tenía que
contestarle al instante o ella colgaba para esperarme en la puerta de la casa y
que le diera una explicación amplia del motivo.
Me ordeno casi al tercer año que tuviéramos hijos,
pero no deseaba traer a un niño a este mi mundo, en donde vivía aislado,
intentando por todos los medios que no platicara con nadie que no fuera
autorizado por ella y en su presencia. Aún recuerdo sus frases “Eres el hombre
más tonto que he conocido, eres torpe, un inútil”, “No entiendo que fue lo que
te vi para fijarme en ti” En muchas ocasiones pensé en defenderme con mi
fuerza, sobre todo cuando me empujaba o tiraba con cosas y un día lo intenté y
ella corrió a la cocina regresando con un cuchillo en mano.
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