AÚN ESTAS
VIVO "DISFRUTALO"
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y
Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México
Estaba de
nuevo entrando por la calle principal de mi lugar nativo “El pueblo” El aire
fresco de la mañana me recibía con su susurro en mis oídos. A lo lejos se
observaban las casas con sus tejas rojas. Los rincones en las laderas del monte
que lo rodea y por donde trepé de niño en mi lucha por las alturas. Miré las
aguas tranquilas correr rio abajo.
Un mundo y su
naturaleza pequeño para algunos he inmensamente grande para otros. Un lugar en
que naces y te atrae con fuerza por muy lejos que te encuentres.
Me quede un
rato mirando la antigua casa de mi infancia, pensando en el pasado. La feliz
infancia que encajó en mi vida con una neblina nerviosa distante, que pinto en
mi niñez el futuro a buscar, el camino a recorrer, los trazos a pintar.
Aquellos años, y que al igual que hoy volaron en el tiempo con la misma
somnolencia que se percibe en este instante. La vida camina por un sendero
angosto que se va perdiendo su medida en la espesura de las preocupaciones y se
arriba al verano de la juventud, para tener la fortuna de llegar a viejo como
el árbol que plantaste y creció en tu patio.
Nada me
preocupa, escucho el susurro alegre de los pájaros, quienes generosamente me
hacen la vida alegre con su canto ¿Quién se preocupa por mí, en este instante?
¡Nadie! Mis padres han muerto, el sol domina con sus rayos, las ancianas
caminaban apresuradas para cumplir con sus responsabilidades y a veces reniegan
indignadas por sus dolencias, y sus achaques, o tal vez por su propia
longevidad. La antigua calle de arena que servía de camino a los caballos y las
vacas desapareció para darle entrada a unas calles con adoquín.
Mi mirada se
detiene en un pájaro carpintero, quien golpea con toda su fuerza la corteza de
un árbol. El viento sigue zumbando en mis oídos, mientras reflexiono en los
años idos y mi ingenuidad infantil cuando cabalgaba por estas calles suspirando
a lomo de mi caballo sintiendo en el alma y mi mente el ser un héroe que desde
niño ya había acumulado ese poder para ayudar a los demás. Los tiempos en que
corría descalzo o en huaraches de tres puntadas hechos por mi padre. Aquí crecí
bajo la brisa del invierno frio, el verano caluroso, las bondades de su gente,
el amor de mis padres.
Creo en el
poder irresistible del tiempo que nos arrastra sin misericordia ¿Para que
dependemos del tiempo? Si al final te conduce a la nada, al polvo, pero ese es
el camino que debemos recorrer y al cual no vas por tu propia voluntad por más
que protestes o asumas una posición de quererlo engañar con menjunjes sobre la
piel, ejercicios, alimentos.
El tiempo con
el correr de los años en la vida se va volviendo rápido o pesado, sordo o
ciego, lúgubre con sus silencios y soledad. Nos va envolviendo en la vida sin
sentido, sin la voluntad del porque luchar. Ese es el poder del tiempo que no depende
de nosotros. El camino está ahí desde antes que se junte el ovulo con el
espermatozoide, lo que me hace reflexionar que el destino no depende de mí ni
valen las protestas, es el tiempo el que nos moldea a su manera.
Los años
trascurridos en principio aclaran la mente, enseguida la nublan, nos invade el
miedo a lo nuevamente desconocido y abrazamos con mayor fuerza la
espiritualidad buscando terrenos más firmes, pensamientos tranquilizadores que
nos den la idea en que no está todo perdido, aunque sepamos que lo vamos
perdiendo. Naces y todo cambia, llegas al mundo y ves por primera vez la luz
brillante para que en unos años todo se desvanezca y seas reemplazado por la
siguiente generación, oras ante un Dios y le pides milagros que no llegan.
La generación
del ayer cercano se va acabando y es reemplazada por otra a la que observas más
vulgar, ridícula y te resistes a creer que eso este pasando en tu entorno. El
tiempo en la niñez lo sientes lento, pero el sigue ininterrumpidamente a la
misma velocidad. Ayer es algo que se esfuma en un suspiro para convertirse en
antier, en meses, años y llega un nuevo año al que le das esa importancia
deseando ese nuevo comienzo con la esperanza en que todo lo pasado y que te
molestó sea relegado, olvidado, dejando solo lo que ese pasado dejo marcado en
el alma y el cuerpo.
Ingeniosamente
solo hablas de lo bueno, ratos felices para que no estalle el odio de lo malo
imaginando que al no tocarlo se borrara de la mente. Calmas tu espíritu y
observas tus manos arrugadas, el cuerpo y su imagen cambiando, deseas proclamar
que gracias a ese tiempo y la experiencia adquirida te sientes orgulloso.
Revisas el alma, y observas que tu corazón va muriendo y le atizas fuego con
leña de fe para seguir creyendo en ti. Llega el momento en que parado frente a
un espejo ves tu cuerpo marchito, comprendes que ya no eres joven y las canas
son insultantes, que las trajo el tiempo.
Nadie puede
estar por encima del tiempo, eso “No es posible”. Tratando en retrasarlo
revisas las tendencias de otros que al igual que tú lo intentaron y antes de
morir se dijeron victoriosos derrotándolo, pero eso es irremediable, solo
genera confusión en la mente, ahoga los buenos sentimientos del alma generando
el amargo dulce de la derrota. Lo bello es que aun vives para verte y
disfrutarte sin darle esa importancia al espejo.
Quien se
desprecia a si mismo por verse viejo ante un espejo, auto flagela el alma,
porque comenzará a mentirse y exagerar la fuerza de su mente, cuerpo y belleza
física. Lesionara su estado de ánimo y le faltara al respeto a la naturaleza.
El alma sigue
esperando que veas hacia adentro y no hacia afuera de ella como lo dejo escrito
Spinoza en el libro su Dios, que explores esos rincones oscuros de los
sentimientos y recuerdos guardados sobre lo vivido, lo que eres, los miedos que
no dejaste nunca se marcharan. Reflexionas y te martirizas, te da miedo
recordar esos errores, crees que la vida fue dura contigo y que tu solo
tratabas de salvarlos.
El tiempo
continuo su marcha y extrañas lo vivido, reniegas exclamando que es duro vivir
en esta forma, pero aun ese tiempo te está dando esa última oportunidad para
que lo disfrutes para que te des tiempo en reflexionar ¿En que lo ocuparas?
¿Aun tienes causas por vivir o prefieres olvidarte de todo para utilizarlo en
renegar por lo ido, dejar que la mente lo olvide todo hasta el nombre que tus
padres te pusieron olvidándote completo de ti mismo?
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