domingo, 21 de abril de 2024

 

HERNAN CORTES

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Corría el año de 1495 y numerosos grupos de europeos se interesaban por venir a América. Un grupo de ellos organizó una expedición equipada con varias naves, soldados, las mejores armas y caballos. Cruzaron durante varios meses el Océano Atlántico y después de innumerables infortunios sólo llegó una de las naves a tierras de lo que hoy conocemos como México. Afortunadamente, dicha nave traía soldados diestros, los mejores caballos, sabios, letrados y las mejores armas. Al llegar a las costas de lo que hoy es Tabasco fueron recibidos con gran sorpresa por los nativos.

Como los europeos venían en son de paz y eran sabios, pronto se dieron cuenta de la admiración que causaba su aspecto físico y el impacto que provocaban sus caballos. Inmediatamente se dieron a la tarea de entender la lengua de los nativos y con grandes esfuerzos lograron comunicarse. Los indígenas les hablaban de un gran imperio que se ubicaba cientos de kilómetros tierra adentro. Era el gran imperio de los aztecas gobernado por el gran rey Ahuizotl. Decidieron pues internarse en aquel país. Poco a poco comprendieron que los confundían con dioses, en especial con el dios Quetzalcóatl. 

Los pueblos por los que iban pasando se encontraban sojuzgados por los aztecas. Pronto se dieron cuenta de la cruel religión que practicaban. Una vez que llegaron a la gran ciudad de México-Tenochtitlán, aprovecharon su condición de ser considerados dioses y pronto modificaron la sangrienta religión quitando los sacrificios humanos.

Eso hizo que pronto los aztecas hicieran las paces con los pueblos que tenían sojuzgados y que se unieran para formar un gran imperio. Con la llegada de la tecnología europea en armas, caballos, metalurgia y otras artes, los aztecas se convirtieron en guerreros formidables a la altura de los mejores de Europa. Los hombres blancos que se habían convertido en los dioses buenos de los aztecas, decidieron ya no volver a hacer contacto con su país de origen y prepararse para cualquier intento de conquista de otros europeos.

Muchos años después, en 1518 el capitán Hernán Cortés emprende su viaje de conquista a México. Al enterarse el emperador Moctezuma de la llegada de un contingente grande y bien armado de soldados que iban en son de conquista,  aconsejado por sus dioses blancos, da instrucciones para que los pobladores de la costa oculten armas y caballos y se muestren atemorizados y sorprendidos como la primera vez que vieron a europeos. Cortés tiene un recibimiento como si fueran dioses y les dan numerosos presentes de oro por lo que decide adentrarse en aquellas tierras. Sus soldados expresan temores pues no saben a lo que van enfrentarse y sólo tiene noticias de que es un gran reino sumamente poderoso.

Algunos soldados se amotinan y empiezan a conspirar contra su capitán. Cortés hace colgar a tres amotinados y un día por la noche decide quemar sus naves.  Ya sin posibilidad de retorno emprenden los soldados el camino hacia México.  Los aztecas los dejan emprender la marcha esperando que se adentren algunas decenas de kilómetros para enfrentarlos con un enorme ejército que cuenta con armas similares e incluso mejores que las de los españoles.  Para sorpresa de Cortés y sus hombres se les enfrentan la caballería más diestra que hayan visto y los mejores guerreros que hayan conocido. Pronto son rodeados y muertos casi todos.

Cortés cae prisionero y esa noche que se conoce como "La Noche Triste" llora amargamente pues al día siguiente será ejecutado con los últimos sobrevivientes. El gobernador de Cuba, Velázquez, recibe informes de lo que le pasó a la expedición de Cortés y la advertencia de lo que les pasará a quienes intenten emprender el camino de la conquista de México. Velázquez manda su expedición de conquista a tierras que luego llamarán Texas.

El imperio Azteca prevalece a lo largo de los siglos y los españoles los miran con respeto no pudiendo nunca derrotarlos. Hoy en día el Reino de México es próspero y juega en el concierto de las naciones del mundo como uno de los pocos países con raíces indígenas no colonizado nunca por europeos.

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