domingo, 21 de abril de 2024

 

LIBERTINAJE EN EXPRESIÓN EN LOS ESTUDIANTES

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

La casualidad tiene una hermanastra que la odia y se llama credibilidad. ¿Por qué se odian? Porque tuvieron que ver con un joven llamado, la mentira, que tuvo un romance de varios años con la credibilidad, que incluso se casaron en la iglesia de la imaginación y que ahora están divorciados, y aunque la mentira tiene un amorío con la casualidad, no se da por ingenuo y sigue confundiéndose con la credibilidad. ¿No les ha pasado que la casualidad se vuelve en tu contra, o se esconde porque la credibilidad dijo que iría? yo creo que conforme crecemos, perdemos la noción de esa gran conjunción desconocida por nuestra mente, que es la casualidad. Porque se piensa erróneamente que hay un Caos, pero cuando les toca defender un acto inesperado e increíble, suelen tomar la teoría del propósito malévolo.

Hay que creer un poco. A quién no le ha sucedido que, caminando, haya pasado en el momento justo, en el lugar justo, en donde una paloma o pájaro zurrón eche su excremento. O que, viendo un charco, uno pasa rápido para evitar ser sorprendido y bañado por un carro, y justo en el momento de estar en medio de aquel pedazo de agua, un carro, de la nada, pasa hecho un jet, mojándonos, terminando como habíamos previsto he intentado evitar. Suele suceder. Las cosas suelen suceder sin querer.

Algo importante a sucedido en últimas fechas en los medios de comunicación escritos y que si estuviéramos culturalmente preparados les diéramos un uso más adecuado y son los espacios que se encuentran debajo de las notas periodísticas, los cuales sirven como sensores del pensamiento social con respecto al tema tratado.

El problema se presenta con el tipo de personas que dejan comentarios y la dirección negativa “Degradante” en sus comentarios. El usuario se enfoca en degradar ¿A qué se debe que mal usemos estos magníficos espacios en donde podemos encontrar una forma de expresión?  Es evidente que si pones en manos de alguien frágil y que no sabe controlar y no sabe la definición de crítica, el resultado será del todo caótico. Las razones de que una persona arremeta verbalmente, bueno, en este caso, literalmente, muchas veces es tomado con tal libertinaje que la persona que recibe la crítica se ve afectado, como si hubiera sido un golpe físico.

 Eso es derivado a la falta de consideración. Las críticas son emitidas, pero también las agresiones lo son. Muchas personas utilizan el medio para agredir a personas que jamás verán, o, mejor dicho, que no los pueden ver en ese mensaje o declaración, y es en el anonimato en donde se sienten seguros para emitir sus desaguisados.

Sin embargo, la cosa cambia cuando los juicios o perjuicios dejan de lado lo virtual para ser más directos y contundentes, es decir, dejan lo virtual para convertirse en realidad. Ahí es donde se manifiesta un problema, que va de lo psicológico, de la persona que arremete o se siente agredido, a la persona que le disgusta, por el simple hecho de existir y ser un pan sin sal.

Los espacios disponibles que ponen a nuestra disposición los medios de comunicación, como antes dije, son lo de hoy, y es su calidad de comunidad lo que los hace solicitables. Pero como en toda sociedad, los irresponsables hacen acto de presencia. ¿Pero qué pasa, cuando los irresponsables son los que crean una falsa noticia en boca de una persona cuya probidad social está muy alejada de la mínima decencia? Pues suceden cosas como en donde todo gira alrededor del chisme, la calumnia y la violencia del libertinaje.

En resumen, el medio de comunicación que entrega una consideración para crear polémica o debate es una herramienta de gran utilidad, sin embargo, en manos de una persona frágil, puede convertirse en una bomba de tiempo, que puede desencadenar en catástrofes tan terribles, como ocurriría si un mono tuviera una escopeta en sus manos. No hay que perderse la diferencia entre lo real y lo virtual, y que un comentario se queda en la página sin capacidad para poder borrar la afrenta.

Existen ciertas personas que se diferencian unas de otras por los comentarios que dejan en las distintas páginas de Internet. La diferencia se centra, además de lo que dicen, cómo lo dicen, he aquí unos ejemplos: Tenemos unas señoras que “Caray, no se miden” y la pregunta que me nace es ¿Qué es lo que tienen que medirse? Ante este tipo de comentaristas anónimos me atrevo a tratar de darles una clasificación y como ejemplo pongo a los ofendidos que se sienten cultos y expresan “Es una temeridad lo que expresan” otros se quieren hacer los buenos y dicen “Creo que es bueno, es justo lo que ocupamos” pero dentro de estos hay un pequeño grupo que califican diciendo “No, tienes derecho a juzgar así a las personas”  No te ha hecho nada para hables así de él”  Los que creen ser ecuánimes (Estos son los que más me dan risa, porque creen ser los mejores al intentar sacar las cosas buenas de donde no las hay): “No tienes el derecho de hablar así de una persona.

Puede que no te lata, pero no es para que hables así, ya que no eres objetivo. Cada quién tiene sus juicios, pero no es para que los juzgues” También los hay los que quieren ser malos y, en el fondo, quieren levantar expectativas. Creen ser irreverentes, y tienen a Loreto de Mola como su Santo Patrono: “No sé, pero creo que todos ustedes son una mierda y chinglen a su madre…”

Los licenciosos que quieren salir en la foto: “Muy buen escrito… un saludo” Y ponen su nombre completo. Existen unos que se creen los sabios, que su opinión es la que da la luz a todo el asunto; y creen que su palabra es la última que cierra los comentarios y que por su opinión le darán el Nobel de literatura: “Yo pienso que no es muy correcto lo que se cree…y si se le ve desde otro punto de vista, la sociedad es culpable de estos actos. Esta lista puede elevarse hasta el cielo, pero creo que en el fondo no es más que una muestra del selecto número que se pueden ver en la parte de abajo en los medios de comunicación.

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