domingo, 21 de abril de 2024

 

RELACIÓN: PADRES/HIJOS

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

En el mundo antiguo los hijos no eran sólo hijos de sus padres, sino de las generaciones anteriores (Eran hijos de la comunidad en general y las madres engendraban de todos, en uso comunitario reproductor). La filiación se perdía en la memoria del tiempo y de sus genealogías y no quedaba apresada en la figura del progenitor directo. Nuestro mundo, en cambio, ha ido reduciendo drásticamente los espacios y los protagonistas, a través de la propiedad individual. Las responsabilidades son angostas y enredadas, y las confrontaciones se dirimen nariz con nariz. Hijos y padres: espejos quietos en una habitación penumbrosa.

El sonido del llamado de atención cuenta con múltiples voces: Deja de molestar. Pide disculpas. ¿Por qué no estás haciendo nada? Tú eres muy pequeño. ¿Dónde encontraste eso? Buen chico. Guarda silencio. Levántate enseguida. No debes hablarles así a tus padres. Compórtate. Deja ese animal en paz. No seas un niño llorón. Te lo he dicho mil veces. Di gracias. ¿Dónde estuviste todo este tiempo? Deberías estar avergonzado. Si tuvieras un poco de entendimiento. No hagas esa cara. No es motivo para que te asustes. ¿Porque, no tienes orejas? ¡Come en la mesa! Qué bonito desastre estás haciendo.

No digas eso. Si te atrapo de nuevo. ¿Siempre has de tener la última palabra? Deja eso. ¡No lo harás! Cálmate. ¿Qué es lo que quieres? Gritando no vas a lograr nada. Acaso ¿estás sordo? Saluda a tu tía. Tú sabes que peligroso es eso. Tú no puedes poner atención. Una niña grande como tú. Guarda tus excusas. Ve a la cama ahora. Lo entenderás cuando seas mayor. Saca las manos de los bolsillos. Los niños grandes no lloran. Ya verás. Tú no entiendes. No seas descarado. La gente no hace eso. Tú nunca tienes suficiente. ¿Qué vas a ser cuando crezcas? Tú sólo piensas en ti.

No hagas ese escándalo. Mira. No digas tonterías. Saca los dedos de la boca. Habla correctamente. Sé, más consciente. Haz un esfuerzo. Es un nuevo hábito que tú aprenderás. ¡No susurres! Ya estas demasiado gordo. Sigue el ejemplo de los otros niños. ¿A quién quieres parecerte con esa ropa? Lava tus manos. Limpia tus zapatos. Típico. Tenías que hacerlo. Cuida lo que dices. ¡No hagas eso! No seas tan agresivo. Si sigues haciendo eso.

 Cuando le diga a tu padre. Termina tu comida. Nada de peros. Me pones de nervios. No seas tan tragón. Esta es la última vez. Tú no vas a lograr nada con eso. ¿Qué significa eso? Ninguna vez puedo confiar en ti. ¿Tienes que andar galopando así? No seas infantil. Cierra la boca cuando estés comiendo. No puedes comer apropiadamente. Apresúrate. No seas necio. Si hicieras lo que te digo al menos por una vez. No es correcto que digas eso.

Permanece sentado. No seas tímido. Deberías ser más extrovertido. Compórtate. No seas tan tonto. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? Te lo comerás todo. No comas sin masticar. No pierdas el tiempo. Baja los codos de la mesa. Te daré una bofetada. ¿No tienes ojos en la cara? Nosotros no hablamos de ese tipo de cosas. Dime la verdad. ¿No tienes vergüenza? Tú no puedes decirme eso. ¿No me estas escuchando? Cuando seas tan grande como nosotros.

¡Ve a tu cuarto! No estés gritando. ¿No puedes pensar en nada mejor que hacer? No digas tonterías. Avergüénzate de ti. Contrólate. Nosotros no habríamos esperado eso de ti. No vuelvas a preguntar. Vístete apropiadamente. Tú nunca vas a verte cómo quieres. No tragues la comida. ¿Siempre debes rascarte la nariz? No te preocupes, puedes decirme, confía en mí. ¿Estás tratando de culparnos? Te lo estoy advirtiendo.

 Mi querida mujercita. No bebas tan rápido. ¿Puedes escucharme? ¿En qué estás pensando? Tú deberías hacer un esfuerzo. No tan rápido. Todo lo haces mal. Les diré a tus padres. Esto no es algo que tú puedas decidir.

Di Aaaaah. Tú ya estás cansado. Pero si esto sabe delicioso. Puedes tener tu mente aquí un momento. Presta atención. Esto no es bueno para ti. No hables con la boca llena. No te atrevas. Te ayudare en un minuto. ¿Has perdido la razón? Vete de mí vista. Deja ese animal. Déjalo en su lugar. Niña sabelotodo. Quita esa sonrisa de tu cara. Apresúrate. ¿Qué estás esperando? Da gracias por tenerme. Tú sólo lo romperás. ¡Límpiate los pies! Ya crece. No te comportes como un bebé. Tú no puedes ayudar a tu padre. Corre lejos. Aléjate de mi camino. Mira esas manos. Apaga eso.

Si, lloras ¡Te voy a pegar!  ¿Cuál es el problema contigo? Eso no es un problema grave. ¿Quién crees que eres? Solo espera a que lleguemos a casa. Deja de llorar. Deja de estar chingando. ¿Qué está pasando contigo? ¿Dónde has estado? No me digas eso. Deja de ser tan caprichoso. ¿Dónde están tus modales? ¿Qué estarás pensando ahora? Quieres una bofetada. La abuelita no desea escuchar tu tonta plática. Cuando yo tenía tu edad. Deja de golpear eso.

¿Qué es lo que piensas al lucir así? Lloriquear, quejarte y quejarte. Ya he escuchado eso antes. No tan rápido. ¿Qué estás haciendo con todo ese escándalo? ¿Qué piensas qué estás haciendo? Miss Cerebrito. Eso es más que suficiente. Vas a venir ya. Eso no funcionará. Eso es suficiente. Se acabó. Tengo que decírtelo tres veces.

Y en cuanto al valor de las palabras, creó que el español está resultando más lépero de lo que nos imaginábamos antes. Hay groserías que me parecen impecables, “Carajo y Chingar” El primero es un término náutico que viene del portugués caralho, y alude a la pequeña cesta que se encontraba en lo alto del mástil mayor del navío y desde donde los vigías dominaban el horizonte, por su altura, el vaivén natural de las embarcaciones hacía del carajo un sitio en donde de que quien allí iba, tenía que permanecer sumamente atento a cualquier peligro que pudiese hacer naufragar al barco lo que lo hacía un lugar de castigo, por eso el capitán mandaba al carajo a quien lo estuviese molestando.

Chingar viene del “Caló” que significa cingarar, pelear, que significa literalmente agarrarse de los pelos, hay otra posibilidad, ésta llega del árabe y es tomada a su vez del turco kingani, y que se utilizaba para referirse a los gitanos o cíngaros que eran hábiles ladrones, de donde robar significaría chingar, aunque, se dice que es Caribe, que se usaba  la palabra “Chingaxtle o chingastle” y servía para designar los lodos que quedaban de la molienda de la caña de azúcar, chingar sería el equivalente a moler en extremo, hasta no dejar más que una sustancia lodosa.

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