SOY TONTO, PERO NO ESTUPIDO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad
Nacional Autónoma de México.
Tienen razón cuando las personas dicen que los seres humanos
somos muy estúpidos. ¿cuántos de los
valientes generales a los que la población venera y hasta pone bustos y nombres
a las calles han enfrentado una sola batalla en donde ellos expongan su vida?
La única libertad que existe es la que tenemos en los dos hemisferios
cerebrales, lo demás son discursos políticos. Durante muchos años escribí mis
ideas, mis sueños, mis cuentos, comedias y llegue a la conclusión que los seres
humanos somos estúpidos, y entre ellos “Yo” me apunto.
Busque responderme mientras escribía sacando todo lo que
traía guardado en mi cabeza, y al final me doy cuenta que todo solo es un juego
de máscaras con un escenario diseñado por estúpidos igual que yo. Recuerdo que
en mis tiempos de estudiante era amante de escribir cartas de amor para que los
días pasaran volando y tranquilizar mi alma de ese vacío y soledad. Arreglé
incluso poemas románticos, y no es que fuera anticuado sino la época se
caracterizó por muy romántica a lo que hoy le dicen “Cursi”, pero al menos saqué
mis incertidumbres que me agobiaban. Hoy si una mujer joven las leyera
expresaría “Viejo ridículo, cursi, anticuado”
Me gustaba ir al cine y al teatro, sin embargo, el teatro a
pesar de tenerlo a cinco cuadras de donde vivía en la ciudad de México no se me
facilitaba por el costo de la entrada, y en la mayoría de las ocasiones
compraba los asientos más alejados del escenario, en el teatro Manolo Fábregas
de la colonia San Rafael, o acudia al museo de Chopo donde a los estudiantes de
la UNAM, nos dejaban entrar gratis con la credencial. En cierta ocasión en el
teatro Manolo Fabregas, en que el teatro estaba medio vacío me cambie de lugar
poniéndome hasta la parte del frente. El acomodador al verme se hizo de la
vista gorda dejándome disfrutar de la obra en donde participaba Enrique Álvarez
Felix. En verdad quien me impresionaba por su talento y voz, era Manolo
Fábregas.
Me sentía conectado con su actuación, y es que, aunque no lo
crean “Tengo un corazón muy sensible” capaz de soltar las lágrimas por el
simple hecho de que un perro mate a un pajarito frente a mis ojos, aunque el
perro sea mi mejor amigo (Es su escencia animal). No hay nada más gratificante
que la amistad, esa dulce amistad que nos proporcionan los animales, y que
logran ganarnos los sentimientos. Nadie en esta vida es capaz de vivir con la
mente sana si no cuenta con amistades, amor, personas, una mascota, con quien
compartir sus vacíos existenciales.
Mi familia se
encontraba a mil kilómetros de distancia, yo no podía andar quejándome por mis
desventuras, errores, necesidades, así que hacia todo lo posible por irla
pasando alegremente por el bien propio. En aquellos años cuando vagaba por las
calles ya me carcomía la idea de que en este mundo habemos muchas personas
estúpidas, y como estudiante me encontraba en esa cola para entrar. Me
consolaba reflexionando en que “Era tonto, pero no estúpido”
A veces salía a vagar porque el cuarto donde vivía me estaba
picando, molestando el encierro con aburrimiento, y que mejor alivio mental que
ver las luces por las calles, la gente corriendo, mojándose por la lluvia,
estando sentado en la ventana de un restaurante chino que se encontraba frente
a la alameda de la colonia Santa María la Ribera, con una copa de vidrio de
café con leche, y un pan llamado conchita, etc.) Una o dos horas quizás sentado
sin moverme como si fuera exactamente ese estúpido que le divierte ver esos
rostros que pasaban frente a la ventana con signos de sufrimiento,
desesperación, ansiedad, y corrían, saltaban para brincar los charcos de agua,
mientras los que no estaban limitados en recursos económicos les aventaban con
las llantas de su auto el agua a su rostro.
– Debía estudiar para ser uno de esos que aventaban con sus
autos el agua y no continuar siendo el que la recibía sin derecho a protestar
¿Extraño esa vida?, Si, no la extrañara no estaría tecleando esa vivencia
despues de tanto tiempo transcurrido. La vida por mucho que se esfuerce no
termina por doblegarnos, nos disgusta en su momento, pero con el correr de los
años nos salva, y todo queda atrás como una broma de buen gusto, por eso le
llamamos vivir. En aquellos años era
joven, traía la mente confundida, las hormonas a flor de piel, y me creía
glorioso o victorioso si una persona de nuestra misma edad o un poco menor me
aceptaba románticamente.
Tiempos de juventud en
donde el futuro nos pertenece, en donde cada paso que damos lo hacemos hacia la
gloria ¡el futuro nos pertenece! Fue en aquellos lejanos años cuando cayó en
mis manos las novelas de Victor Hugo, los dramas de Alexandre Dumas,
Shakespiere, Otelo, Voltaire, los demonios de Goethe, y muchos más cuyos dramas
los traía paseando en mi cabeza, y ellos luchaban entre lo que estudiaba en mi
carrera y su drama despertándome a mitad de la noche convertidos en pesadilla,
y sentido de culpa por no dedicarle tiempo completo y exclusivo a la profesión.
Por eso digo que era tonto, pero no estúpido. “Estaba consciente de ello” Ser
estudiante era un honor servir a la patria luchando en beneficio del pueblo,
así nos volaran la cabeza.
No puedo negar que mi
carácter era el de un estudiante terco, necio, con un alma sensible, y una
conciencia tranquila. Me apasionaba el arte, de la danza, el teatro, la poesía,
literatura, y en deportes jugar béisbol. Todo ello lo vivía con deleite, pero a
la vez cumplía con estudiar la profesión. Sin embargo, entre todas mis
actividades no me alcanzaba el tiempo, por lo que era un tonto por no enfocar
todas mis energías en una sola actividad perfeccionándola, pero no era estúpido
al disfrutarlas a todas. No pertenecía a esa raza de elegidos que nacen en
paños de seda, pero crecí sin odios, envidias o maldiciones para ellos. Mi fe
estaba puesta en mi autenticidad, siempre traje los calcetines y calzones,
sucios, por falta de tiempo para lavar en la azotea los fines de semana, o
porque ese fin de semana no llego agua por la tubería. Siempre traje el alma
rechinando de limpia.
De solo recordar, me dan ganas de reír, jalarme de los pocos
pelos que me quedan para lucirlos cuando corre aire. Tuve vacaciones, y
regresaba a mi pueblo en donde me juntaba con mis amigos para bebernos unas
cuantas cervezas cooperando entre todos para comprarlas. Ahí, nada cambiada,
siempre era como “siempre” por los siglos de los siglos “Amén” El agua del rio
seguía corriendo fresca, cristalina, mi perro no dejaba de lamerme, por las
mañanas y tardes caminaba por las calles polvorientas saludando a cuanta
persona me encontraba a mi paso, y mi perro gruñiendoles.
Había en el pueblo muchas chicas simpáticas, alegres, de
esbeltas figuras. La gente se saludaba gritándose desde lejos, muchos en forma
de broma se insultaban. Chicas que entregaban un solo beso bajo la firme
promesa de un futuro matrimonio (Besos de oro y plata de ley) Nunca tuve una
racha en amores, solo la presentaba en el papel de mis cartas en donde arrojaba
toda esa pasión con tinta. Así quedaba mi mano sudorosa agarrando una pluma y
redactando con palabras románticas mi amor por Dulcinea.
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