viernes, 26 de julio de 2024

 


SOY TONTO, PERO NO ESTUPIDO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Tienen razón cuando las personas dicen que los seres humanos somos muy estúpidos.  ¿cuántos de los valientes generales a los que la población venera y hasta pone bustos y nombres a las calles han enfrentado una sola batalla en donde ellos expongan su vida? La única libertad que existe es la que tenemos en los dos hemisferios cerebrales, lo demás son discursos políticos. Durante muchos años escribí mis ideas, mis sueños, mis cuentos, comedias y llegue a la conclusión que los seres humanos somos estúpidos, y entre ellos “Yo” me apunto.

 Busque responderme mientras escribía sacando todo lo que traía guardado en mi cabeza, y al final me doy cuenta que todo solo es un juego de máscaras con un escenario diseñado por estúpidos igual que yo. Recuerdo que en mis tiempos de estudiante era amante de escribir cartas de amor para que los días pasaran volando y tranquilizar mi alma de ese vacío y soledad. Arreglé incluso poemas románticos, y no es que fuera anticuado sino la época se caracterizó por muy romántica a lo que hoy le dicen “Cursi”, pero al menos saqué mis incertidumbres que me agobiaban. Hoy si una mujer joven las leyera expresaría “Viejo ridículo, cursi, anticuado”

 Me gustaba ir al cine y al teatro, sin embargo, el teatro a pesar de tenerlo a cinco cuadras de donde vivía en la ciudad de México no se me facilitaba por el costo de la entrada, y en la mayoría de las ocasiones compraba los asientos más alejados del escenario, en el teatro Manolo Fábregas de la colonia San Rafael, o acudia al museo de Chopo donde a los estudiantes de la UNAM, nos dejaban entrar gratis con la credencial. En cierta ocasión en el teatro Manolo Fabregas, en que el teatro estaba medio vacío me cambie de lugar poniéndome hasta la parte del frente. El acomodador al verme se hizo de la vista gorda dejándome disfrutar de la obra en donde participaba Enrique Álvarez Felix. En verdad quien me impresionaba por su talento y voz, era Manolo Fábregas.

 Me sentía conectado con su actuación, y es que, aunque no lo crean “Tengo un corazón muy sensible” capaz de soltar las lágrimas por el simple hecho de que un perro mate a un pajarito frente a mis ojos, aunque el perro sea mi mejor amigo (Es su escencia animal). No hay nada más gratificante que la amistad, esa dulce amistad que nos proporcionan los animales, y que logran ganarnos los sentimientos. Nadie en esta vida es capaz de vivir con la mente sana si no cuenta con amistades, amor, personas, una mascota, con quien compartir sus vacíos existenciales.

 Mi familia se encontraba a mil kilómetros de distancia, yo no podía andar quejándome por mis desventuras, errores, necesidades, así que hacia todo lo posible por irla pasando alegremente por el bien propio. En aquellos años cuando vagaba por las calles ya me carcomía la idea de que en este mundo habemos muchas personas estúpidas, y como estudiante me encontraba en esa cola para entrar. Me consolaba reflexionando en que “Era tonto, pero no estúpido”

 A veces salía a vagar porque el cuarto donde vivía me estaba picando, molestando el encierro con aburrimiento, y que mejor alivio mental que ver las luces por las calles, la gente corriendo, mojándose por la lluvia, estando sentado en la ventana de un restaurante chino que se encontraba frente a la alameda de la colonia Santa María la Ribera, con una copa de vidrio de café con leche, y un pan llamado conchita, etc.) Una o dos horas quizás sentado sin moverme como si fuera exactamente ese estúpido que le divierte ver esos rostros que pasaban frente a la ventana con signos de sufrimiento, desesperación, ansiedad, y corrían, saltaban para brincar los charcos de agua, mientras los que no estaban limitados en recursos económicos les aventaban con las llantas de su auto el agua a su rostro.

 – Debía estudiar para ser uno de esos que aventaban con sus autos el agua y no continuar siendo el que la recibía sin derecho a protestar ¿Extraño esa vida?, Si, no la extrañara no estaría tecleando esa vivencia despues de tanto tiempo transcurrido. La vida por mucho que se esfuerce no termina por doblegarnos, nos disgusta en su momento, pero con el correr de los años nos salva, y todo queda atrás como una broma de buen gusto, por eso le llamamos vivir.  En aquellos años era joven, traía la mente confundida, las hormonas a flor de piel, y me creía glorioso o victorioso si una persona de nuestra misma edad o un poco menor me aceptaba románticamente.

 Tiempos de juventud en donde el futuro nos pertenece, en donde cada paso que damos lo hacemos hacia la gloria ¡el futuro nos pertenece! Fue en aquellos lejanos años cuando cayó en mis manos las novelas de Victor Hugo, los dramas de Alexandre Dumas, Shakespiere, Otelo, Voltaire, los demonios de Goethe, y muchos más cuyos dramas los traía paseando en mi cabeza, y ellos luchaban entre lo que estudiaba en mi carrera y su drama despertándome a mitad de la noche convertidos en pesadilla, y sentido de culpa por no dedicarle tiempo completo y exclusivo a la profesión. Por eso digo que era tonto, pero no estúpido. “Estaba consciente de ello” Ser estudiante era un honor servir a la patria luchando en beneficio del pueblo, así nos volaran la cabeza.

 No puedo negar que mi carácter era el de un estudiante terco, necio, con un alma sensible, y una conciencia tranquila. Me apasionaba el arte, de la danza, el teatro, la poesía, literatura, y en deportes jugar béisbol. Todo ello lo vivía con deleite, pero a la vez cumplía con estudiar la profesión. Sin embargo, entre todas mis actividades no me alcanzaba el tiempo, por lo que era un tonto por no enfocar todas mis energías en una sola actividad perfeccionándola, pero no era estúpido al disfrutarlas a todas. No pertenecía a esa raza de elegidos que nacen en paños de seda, pero crecí sin odios, envidias o maldiciones para ellos. Mi fe estaba puesta en mi autenticidad, siempre traje los calcetines y calzones, sucios, por falta de tiempo para lavar en la azotea los fines de semana, o porque ese fin de semana no llego agua por la tubería. Siempre traje el alma rechinando de limpia.

 De solo recordar, me dan ganas de reír, jalarme de los pocos pelos que me quedan para lucirlos cuando corre aire. Tuve vacaciones, y regresaba a mi pueblo en donde me juntaba con mis amigos para bebernos unas cuantas cervezas cooperando entre todos para comprarlas. Ahí, nada cambiada, siempre era como “siempre” por los siglos de los siglos “Amén” El agua del rio seguía corriendo fresca, cristalina, mi perro no dejaba de lamerme, por las mañanas y tardes caminaba por las calles polvorientas saludando a cuanta persona me encontraba a mi paso, y mi perro gruñiendoles.

 

Había en el pueblo muchas chicas simpáticas, alegres, de esbeltas figuras. La gente se saludaba gritándose desde lejos, muchos en forma de broma se insultaban. Chicas que entregaban un solo beso bajo la firme promesa de un futuro matrimonio (Besos de oro y plata de ley) Nunca tuve una racha en amores, solo la presentaba en el papel de mis cartas en donde arrojaba toda esa pasión con tinta. Así quedaba mi mano sudorosa agarrando una pluma y redactando con palabras románticas mi amor por Dulcinea.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario