NUESTRA
PRISIÓN
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La
sed de libertad, que sentí en el alma desde que nací y la comencé a saciar en
mi juventud. A todos, en un grado u otro, nos atormenta el deseo de conocer el
mundo, y el lugar en donde vivimos lo vemos como si fuera una prisión. Sin
embargo, muy dentro de nosotros existe un pequeño rincón de nuestro real mundo
que tranquiliza nuestra alma. Cuanto más miramos el pequeño espacio en donde
nos vemos todos los dias, más la sentimos como prisión, pero cuando salimos la
recordamos y añoramos regresar lo más pronto posible es entonces cuando se
vuelve hermosa a nuestros ojos “Nuestra prisión”.
Camínanos
lejos de nuestro lugar para conocer, para comparar estilos de vida de los
diferentes pueblos que habitan la tierra, estudiar su forma de pensar y sentir,
buscar los lazos que, los unen, su historia, costumbres forma de vivir,
apariencias en pocas palabras ver cómo viven y compararnos por voluntad o mera
curiosidad que es nuestra fuente inagotable, de estímulo y estado de ánimo. No
importa a donde nos lleve nuestra curiosidad, pero siempre regresaremos a casa
haciendo ese balance de las impresiones que sobre el camino observamos, las
ideas que recogimos, lo que nos resultó útil.
Desde niños deseamos salir de un pequeño lugar
y adentrarnos en el camino ancho por donde caminan todas las gentes. Ahí
depositamos el alma, construimos un botín de ideas, anhelamos amor, nos dominan
los sentimientos, hacemos juicios porque esa es una pasión natural del ser
humano. Ahora tranquilo debo decir que nunca he dejado de esforzarme por
lograrlo con todas mis fuerzas, a pesar de los caprichos, errores, egos,
vanidades de las circunstancias.
Mantuve
mis ideas de libertad en mi alma. Camine por la vida, viviendo entre personas
indiferentes, pero ahora observo, no sin gozoso asombro, que las mentes jóvenes
de la nueva generación muestran un considerable interés por las ideas que
aprecio, y que no fue gracias a mi sino a su propio entendimiento con respeto a
que la vida que se vive en la comodidad de los conformes no es vida sino
ataduras, perdida del honor, la dignidad, el ser uno mismo. No pertenezco al
número de personas que ven la vida exclamando “Que se lo deje a Dios”
Sino aquellas que están conscientes en que es
su mente la única capaz de quitar las sombras de su entendimiento para mejorar
constantemente, y que más tarde que temprano se alcanza esa luz de libertad
negada para las masas. No es que la verdad sea oscura, sino que brilla
demasiado para que la mayoría de los ojos la miren pacientemente para que
penetre en su alma. Nuestros ojos humanos son demasiado débiles en cuanto a
visión mental, y en eso descansa la esencia de ese cambio. No son los objetos,
y los bienes materiales los que languidecen en la oscuridad, sino nosotros
mismos en luces que nos distraen empujándonos por el camino de la vanidad,
egocentrismo, por ello las personas juran amarse, pero viven en una misma casa
que le llaman hogar de forma separada, y se unen solo para darse placer
momentáneo regresando a su soledad.
No
hay almas que se unan para amarse y respetarse, eso de que la paz en el hogar
existe es mera falsedad para esconder en un rincón su falta de libertad. Por
eso se aplica la moral ante la ansiedad del aburrimiento que gobierna el placer
carnal, y cuanto más a menudo se tenga el éxito consiguiendo nuevos placeres se
justifica en las acciones.
Tal
vez, las futuras generaciones y sus descendientes vean el orden social
diferente, este estado de cosas sin sentido que nos reúnen ante un grupo de
estúpidos que gobiernan y encantados acudimos a seguirlos con el supuesto propósito
en que las cosas cambien, y que ellos se sacrifican por nosotros. Esa es una
ilusión convertida en esperanza. Las almas libres solo brillan como los cometas
que surcan la tierra, son almas espirituales que caminan solas con la intención
de juntarse con otras.
Muchas
de estas almas le apuestan o ponen todas sus cartas en la mesa sobre la
religión, y que lo harán con la ayuda de su Dios, sin embargo, en muchas de las
religiones algunos de sus ministros de culto están podridos por lo que nunca
podrán vivir la verdad. Las han ido deteriorando, y las masas se han visto casi
obligadas a seguirlos y respetarlos ¿No comprendemos el sentido de la dignidad,
el respeto, y la libertad? Una masa con pequeños supuestos líderes que solo se
manejan aprendiendo y recitando su elocuencia con eternos mensajes de
preocupación por ellos y su estado social, pero que en realidad los aprenden
para conseguir sus intereses.
Muchos los siguen al verse obligados por sus
necesidades, aunque en su interior mental se lo reprochan Al final de día todo
son ilusiones, creaciones de la mente, de unos cuantos que van creando
fantasmas para conseguir sus objetivos, sin importar destruirles sus ilusiones
y esperanzas ¿Cómo cambiar el alma, ese vínculo natural con la idea de seguir a
otras gentes? Esa duda nos persigue por naturaleza humana, es parte de nuestra
cobardía y miedo a la libertad. Dudas que nos torturan y que nuestra alma nos
alerta sin descanso que la obediencia ciega es perdida de libertad, perdida de
fe en uno mismo.
Así
ha sido la humanidad en todos los tiempos. Es nuestra naturaleza quien sujeta
en el camino obsesivo, y del cual por comodidad no nos atrevemos a deshacernos
del nudo inventando mil mentiras que nos justifiquen “Mentirnos, es la mayor
creación humana” Con la mentira abandonamos la voluntad, nos inventamos
pretextos, que sustituyan nuestras preocupaciones y que influya en nuestras
aspiraciones. Nunca lograremos ser libres por nuestra cuenta, porque, digas lo
que digas, toda la naturaleza no es suficiente para dar libertad a una sola
Siempre
te verás obligado a no arriesgar, a curar los sufrimientos con mentiras,
traiciones, fantasmas, vanas ilusiones. Huyendo de todo, y escondiendo tus
declaraciones. Vivirás esa vida diseñada en la comodidad entre penas y caos, esa
es la raíz de todos nuestros males. Ellos necesitan el placer de poder
humillarte, y tú de perdonarlos con la ilusión en que un día haras lo mismo que
ellos con otros. Una cadena que no se agota.
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