lunes, 30 de septiembre de 2024

 

UNA MADRE “LUCHO” Y CAMBIO UNA SECUNDARIA (Segunda parte)

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Mis tres hijas estudiaron en la misma secundaria, ahora solo me queda la más pequeña en tercero de secundaria, las otras dos una va entrando a la Universidad y la siguiente está en segundo de preparatoria. La secundaria la elegimos porque estaba cerca de mi casa. A las tres niñas en principio no les gusto la secundaria debido a conflictos constantes con algunos de sus maestros, incluso una de ellas se tuvo que cambiar al turno de la tarde para que no le tocara el mismo maestro en esa materia. De ellas recibía quejas y las verificaba con otros de sus compañeros, y me daba perfectamente cuenta que pasaban por alto sus errores en su forma de trabajar.

 Nos exigían a los padres cosas que no van con la ley de educación sobre todo por compras como una impresora, aires acondicionados, proveerlos de papel, etc. Mis hijas, y yo tenemos una buena relación, por eso me cuentan cómo les fue el día, se quejan si les hacen bullying en el colegio y me muestran lo que escriben sus compañeros en los chats del colegio. A menudo prefiero no interferir y simplemente dejarme llevar, porque los enfrentamientos requieren mucho esfuerzo y tiempo, pero además ellas necesitan reforzar su personalidad.

 Pero hubo situaciones que no podía dejar pasar. Te contaré más sobre ello. Algunos de sus profesores se comportaron de forma poco profesional. Cuando mi hija la mayor entro al primer grado de secundaria, tuvo enfrentamientos con su maestra de inglés, ya que mi hija en su inocencia hirió la vanidad de su maestra al decirle en plena clase que ciertas palabras no las pronunciaba bien, y es que a mis tres hijas las inscribí desde muy pequeñas en clases de inglés, y cuando llegaron a la secundaria ya iban en estado avanzado en ese idioma.

 Yo, me la pasaba horas enteras por las tardes practicando ingles con ellas, así como el español, y siempre les he ayudado con las matemáticas. La maestra de inglés, se dedicaba a poner algunos verbos en el pizarrón y toda la clase era lo mismo “Aburrida” Una de sus compañeras se hizo amiga de mi hija y esta nos visitaba los fines de semana, incluso mi esposo y yo, decidimos invitarla a que pasara sus vacaciones en mi casa autorizada por sus padres. Mi hija y ella pasaron esas vacaciones entre mi casa y la de ella, y a mi hija le encantaba darle clases de inglés a su amiga.

 Me gustó tanto el observar que el día del cumpleaños de su amiga, mi hija con el dinero que le dábamos para gastar en la secundaria lo ahorro y le compro un regalo a su amiga sin pedirnos nada de dinero. Esa niña continúo visitándonos hasta que ellas terminaron la preparatoria, y ambas se fueron a estudiar la universidad a diferentes ciudades. Regresando a la maestra de inglés, les diré que, a partir de esa fecha, cada vez que escribía un verbo en el pizarrón levantaba a mi hija para que lo pronunciara, y se mofaba de ella haciendo gestos alusivos a mi hija como deseando que mi hija pronunciar mal uno solo de los verbos.

 Lógico mi hija cansada de esta situación me lo comento. Los compañeros por solidaridad con mi amiga se quedaban en silencio y la maestra se reía diciéndoles que si les tenían miedo a “mis/gringa”. A partir de esa fecha la maestra asumió una aptitud poco profesional riéndose de los alumnos que pronunciaban mal y pedía de nuevo a mi hija que le dijera al alumno como se pronunciaba. En su nerviosismo a mi hija le dieron ganas de ir al baño, y la maestra se lo negó. Al final del ciclo escolar califico a mi hija con baja calificación (seis) Yo, como madre, molesta acudí a la dirección de la escuela para exigirle al director una explicación de la actitud negativa de la maestra, y el director argumento que la maestra estaba muy ofendida con su hija porque la molestaba en clase y no la dejaba desarrollar su clase.

 Entendí la respuesta del director, y los motivos negativos de la maestra. Fue desagradable exigir una prueba escrita y hablada del curso de inglés para verificar el dolo negativo y poco profesional con el que se condujo la maestra. Al finalizar ese ciclo escolar la maestra se cambió de secundaria, ya que para ella solo era un punto de trabajo y no una profesión que le alegrara para mejorarse, así que se fue a seguir echando a perder alumnos otra secundaria. Ella no comprendía que a esa edad las niñas necesitan mucho apoyo, y que es un punto en la etapa de su vida muy importante. 

 Despues de que se marchó me entere que en varias ocasiones tuvo a mi hija parada en medio de la clase para que sus compañeros se rieran de ella, ya que la culpaba de su pésima capacitación en el idioma inglés. Sus compañeros de grupo le tenían miedo, porque los regañaba feo. Incluso escuche el comentario de uno de sus compañeros maestros refiriéndose a su método de técnicas pedagógicas, que la maestra utilizaba los métodos de la Gestapo. Comprendí que mi reacción fue blanda, pero lo bueno fue que ella y el director resolvieron la situación dándole una salida airosa con su transferencia.

 No niego que me gusto la solución, pero me sentí perversa, mal al reflexionar el mal que le iba a caer a la otra secundaria. Estos fueron los primeros años de secundaria de mi hija la mayor, cuando no estaba en edad de saberse defender, y tenía miedo de que nosotros como padres nos enteráramos e interviniéramos. El primero de secundaria es una edad en que las chiquillas no saben defenderse. Pero sobre todo tienen miedo de que, si se quejan con alguien, la maestra empezaría a tratarlas peor. A los 13 años, no saben valerse por si mimas, no entienden su estado emocional lo que significa que si una maestra las ofende son las chiquillas quienes se sienten culpables.

 Tambien me entere que la maestra extorsionaba a los chicos para que le dieran regalos a escondidas, sobre todo perfumes caros. Los estudiantes se robaban entre si, sus cosas, y mi segunda hija me decía que se le había olvidado en un salón, pero me inquietaba que muchas de sus cosas seguido desaparecieran de su mochila. Por eso no es de extrañar que me presente en la dirección de la escuela para preguntarle al director lo que estaba sucediendo con la desaparición de las cosas. Le dije a mi hija que le pidiera al maestro en turno cuando se le perdiera una cosa en su clase   que detuviera a todo el grupo antes de cambiar de aula (Clases de 45 minutos, y cambian de aula), que buscara, y esculcara a todos.

 Sin embargo, el maestro se negó porque argumento que debía cambiar de inmediato a otra aula a dar su clase. En la siguiente ocasión aconseje a mi hija que se dirigiera a la prefecta, y le pidiera que esculcara a todos. Fue la primera vez que aparecieron sus cosas tiradas en un rincón del aula. El director tratando de quitarse su responsabilidad comento que “Así, son los chicos de bromistas” ¿No, era inapropiada esta aptitud? ¿Era solo una bromita sin trascendencia en valores humanos? Fue ahí, en donde me di cuenta que la dirección de la secundaria y los maestros, por regla general, adoptan una posición defensiva, y los chicos no tienen la culpa de iniciarse en ser unos futuros rateros porque para la dirección y sus maestros todo es una broma ¿No tienen tiempo para valorar este tipo de aptitudes, o en su mente coexiste el estado de ánimo que desean ellos mismos ser rateros?

 ¿Porque echarles la culpa a los padres que reclaman exclamando que somos conflictivos, y que ellos saben lo que hacen? La paciencia se acaba. Mi idea no era cambiar la escuela, sino la de proteger a mis hijas. Como resultado organice con los padres de familia una red de watt para comunicarnos, resolver rápidamente problemas futuros y no separamos fuera el hijo de quien fuera. Entre padres decidimos cooperarnos para comprar e instalar unas cámaras por los patios y entrada de la secundaria. Como pueden ver, respetamos la privacidad del aula.

 Todo fue cambiando, ya no les robaban a los niños el dinero de su mochila, sus lápices, plumas, colores, incluso desayuno. Revisamos a cada uno de los maestros en cuanto a las calificaciones que otorgaban, y lo conversamos entre padres. Nos percatamos que alguno de los maestros se comportaba injustamente con los alumnos, y decidimos charlar con él, y su trabajo de calidad en evaluación. Los maestros al darse cuenta que estábamos todos los padres al pendiente de lo que sucedía en la secundaria comenzaron a comportarse con calidad humana, y el resultado es que nuestros hijos dejaron de estar molestos al verse apreciados por sus maestros. Las notas comenzaron a subir. Se habían aclarado los criterios de evaluación.

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