viernes, 4 de octubre de 2024

 

PROFESOR HIPOCRITA (Parte uno de dos)

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Jesún de Nazaret lo dijo: los maestros corruptos, que predican una cosa y practican otra, muestran su pureza en el corte de sus vestidos y en su humilde palabra, pero por dentro están llenos de toda abominación y lujuria. Finalmente, él expresa esto aún más claramente al decir: “Así que por fuera sois justos a la gente, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y desafuero”

¿Porque somos hipócritas? Quizás sea por lo que decimos. Expresamos que mentir está mal, pero a veces mentimos. Explicamos que difundir rumores es malo, pero a menudo hablamos de alguien a sus espaldas.

 Apuntamos que amamos a los niños, a los estudiantes, pero nosotros mismos muchas veces no mostramos amor. Predicamos juzgando asegunrando que los niños y estudiantes tienen muchas deficiencias, pero no vemos las nuestras. Para ser honestos, no somos hipócritas porque digamos o hagamos cualquier cosa. Somos hipócritas porque intentamos ocultar nuestros fracasos y actuamos como si tuviéramos todo en orden. A veces pensamos que el amor a los niños y los estudiantes, por nosotros está ligado a nuestro éxito, y nos inflamos de soberbia gritándole a todo mundo. Convierten el aula de clase en una sala de juzgado familiar en un divorcio. Un hipócrita en la cultura griega era un actor que desempeñaba un papel con una máscara.

 En el aula nos trasformamos cuando lo que decimos no coincide con lo que deseamos escuchar y juzgamos en lo inmediato “Nos convertimos en actores” y el aula escolar se ve convertida en nuestro escenario. Ninguno de nosotros es perfecto. Ni siquiera cerca. Y eso está bien. Después de todo, el aula y la clase no es para que un profesor se compare con sus alumnos juzgándolos imperfectos. Los maestros, no somos mejores que otros, ni más santos que otros, ni más justos que otros. La vida no es una competencia, y no valemos por los títulos acumulados, éxitos academicos, sino el como nos aceptamos a nosotros mismos. Cuanto más se ame a los niños y estudiantes, asi como la profesión que ejercemos, más tolerantemente percibirán nuestras palabras. ¡No, somos perfectos!, podemos equivocarnos al máximo y nadie nos llamará hipócritas.

 Cuando amamos, podemos criticar sin juzgar. Podemos conversar en lugar de meter nuestros principios en los oídos de los niños y estudiantes. Los alumnos sentiran amor si los amamos “El amor lo cambia todo” Una de las necesidades humanas básicas es amar y ser amado. Al convertirte en profesor y recibas un titulo no te convierte en persona perfecta. Por lo que debes aprovechar tu tiempo para construir mejor tu profesión, tu vida, tu entorno, desarrollando una buena relación, esforzándote siendo tu mismo tu mayor prioridad. A partir del momento en que estes por primera vez parado frente a un aula escolar debes comprender que a cambiado tu vida por completo. No puedes ser hipócrita contigo mismo ni con tu relación. Quieres ser un buen maestro, comunícate con los infantes, estudiantes, escuchalos, trasformate, saca lo mejor de ti.  

 Es más fácil para un profesor hipócrita regañar a un alumno excelente por sacar una regular calificación, que regañar a un mal alumno por golpear a la mitad de la clase mientras les quita el dinero para el desayuno. Un hipócrita es una persona que dice una cosa y hace otra.  Este rasgo a menudo se percibe negativamente, pero es casi imposible evitar por completo la hipocresía. Casi todo el mundo se ha encontrado en situaciones en las que ha tenido que ser astuto y decir algo diferente a lo que piensa, es decir “Ser hipócrita” Si, esto lo hacemos una o dos veces, no hay problema, solo estuvimos por un momento en el camino que nos lleva directo a la hipocresía del cual no hay regreso.

 La hipocresía pude llegar al límite de verse convertida en patología. Es muy difícil convivir en el círculo de este tipo de personas, y los es aún más cuando en una escuela ejerce jerarquía de profesor. La hipocresía es una discordancia entre palabras y acciones. A menudo se le confunde con ser un profesor pretensioso, petulante. Por ejemplo, un profesor prohíbe a sus alumnos en el aula que consuman alimentos y él lo hace, les prohíbe expresar palabras indecentes y lo hace. En los pasillos cuando se juntan los profesores habla mal del maestro ausente en ese instante, y al verlo en forma sonriente lo felicita por lo gran persona que es, o se arrastra con el director, y a sus espaldas lo maldice diciendo que es un ineficiente en su trabajo.

 


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