martes, 17 de diciembre de 2024

 

PROFESORES

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Maestro de Danza y Maestro de Teatro Egresado de Bellas Artes

 Sócrates se debe estar revolcando en su tumba al conocer la situación profesional de su querido oficio: ya éste no obtiene las mayorías que antes gozaba en los niños de la escuela y los adolescentes del bachillerato desprecian la docencia cuando observan con detenimiento el estilo de vida de sus propios profesores. Y es que no nos digamos mentiras: un profesor promedio es aquel ubicado en el estrato social más bajo, es decir se tiene que romper la vida durante todo el día para sobrevivir medianamente (como dijera el secretario de hacienda Ernesto Cordero), algo así como el “pequeñoburgués” al que se refería Marx en el Capital.

  Por eso los varones miran con desdén la profesión que ofrece seguridad, ideales pero poco dinero para vivir mientras que un diputado gana miles de pesos sin estudiar y trabajando cuatro veces al mes.  Ser diputado, presidente municipal, gobernador o secretario, da prestigio inmediato y aparece todos los días dando declaraciones sobre todos los temas “Todo logo iletrado”, rápido éxito económico, en el mundo de los negocios. Los profesores saben que el respeto y la fama obtenida a través de la abnegación, el sacrificio y el esfuerzo no dan para comer, vestir; por ello nadie quiere ser escritor, pianista, bailarín de ballet o jardinero. Mucho menos profesor de preescolar cuyo sueldo aún es menor que el de primaria. La figura del profesor está devaluada; está venida a menos gracias a que los políticos la han desautorizado mediante el manejo perverso en los medios de comunicación: ya no significa lo de antes y los ciudadanos cambiaron el cariñoso “profe” por el odioso “Güevon” El profesor fue denigrado conjuntamente con la forma de valorar la educación. Las críticas que salen de los gobiernos vienen a ofender esta profesión dejando atrás el calificativo que representaba ser profesor “conocimiento y sabiduría”.

 Casi la totalidad de los profesores dignos que han dado su vida frente a las aulas, no tienen dinero “Ni en que caerse muertos”; la educación no da plata. Otra cosa es la educación como negocio: ella si es generosa ya que siempre habrá clientes y siempre existirán cuotas extraordinarias y arreglos contables para satisfacción del dueño del establecimiento. Trabajar de profesor para la institución privada, es privarse de todo y estar como en la tienda de raya, mientras que trabajar para el gobierno es estar a medio gas de vida con sueldos precarios y apenas da para vivir.

  La crítica popular descarga todo su odio en argumentos  que los docentes son los que menos horas trabajan al día y los que más vacaciones tienen, a lo que habría que responderles que el oficio intelectual es absolutamente agotador, lo cual se potencia con la dificultad de lidiar con la juventud actual que casi no respeta a los mayores (de hecho, a un buen porcentaje de adolescentes ¡ni en sus casas los aguantan!) y que en muchos casos no muestran el mínimo interés por aprender: es que en casa no ayudan y quienes están formando a nuestros hijos son la calle y la bendita televisión por el gobierno.

 Además, todo profe comprometido debe actualizarse e informarse continuamente y eso demanda tiempo, dinero y esfuerzo; cosa que muchas veces no se puede hacer ya que un gran número deambulan de una institución a otra trabajando para poder contar con un mísero número de horas y diferentes materias. Así mismo, por salud física y mental se debe destinar tiempo al descanso y la reposición de fuerzas para tener lucidez en las clases y para no ir a parar al manicomio, tal como les ha ocurrido a muchos profesores últimamente.

 

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