PROFESORES
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Maestro de Danza y Maestro de Teatro Egresado de Bellas
Artes
Sócrates se debe estar revolcando en su tumba al conocer la
situación profesional de su querido oficio: ya éste no obtiene las mayorías que
antes gozaba en los niños de la escuela y los adolescentes del bachillerato
desprecian la docencia cuando observan con detenimiento el estilo de vida de
sus propios profesores. Y es que no nos digamos mentiras: un profesor promedio
es aquel ubicado en el estrato social más bajo, es decir se tiene que romper la
vida durante todo el día para sobrevivir medianamente (como dijera el
secretario de hacienda Ernesto Cordero), algo así como el “pequeñoburgués” al
que se refería Marx en el Capital.
Por eso los varones miran con desdén la profesión que
ofrece seguridad, ideales pero poco dinero para vivir mientras que un diputado
gana miles de pesos sin estudiar y trabajando cuatro veces al mes. Ser
diputado, presidente municipal, gobernador o secretario, da prestigio inmediato
y aparece todos los días dando declaraciones sobre todos los temas “Todo logo
iletrado”, rápido éxito económico, en
el mundo de los negocios. Los profesores saben que el respeto y la fama
obtenida a través de la abnegación, el sacrificio y el esfuerzo no dan para
comer, vestir; por ello nadie quiere ser escritor, pianista, bailarín de ballet
o jardinero. Mucho menos profesor de preescolar cuyo sueldo aún es menor que el
de primaria. La figura del profesor está devaluada; está venida a menos gracias
a que los políticos la han desautorizado mediante el manejo perverso en los
medios de comunicación: ya no significa lo de antes y los ciudadanos cambiaron
el cariñoso “profe” por el odioso “Güevon” El profesor fue denigrado
conjuntamente con la forma de valorar la educación. Las críticas que salen de
los gobiernos vienen a ofender esta profesión dejando atrás el
calificativo que representaba ser profesor “conocimiento y sabiduría”.
Casi la totalidad de los profesores dignos que han dado su
vida frente a las aulas, no tienen dinero “Ni en que caerse muertos”; la
educación no da plata. Otra cosa es la educación como negocio: ella si es
generosa ya que siempre habrá clientes y siempre existirán cuotas
extraordinarias y arreglos contables para satisfacción del dueño del
establecimiento. Trabajar de profesor para la institución privada, es privarse
de todo y estar como en la tienda de raya, mientras que trabajar para el
gobierno es estar a medio gas de vida con sueldos precarios y apenas da para
vivir.
La crítica popular descarga todo su odio en
argumentos que los docentes
son los que menos horas trabajan al día y los que más vacaciones tienen, a lo
que habría que responderles que el oficio intelectual es absolutamente
agotador, lo cual se potencia con la dificultad de lidiar con la juventud
actual que casi no respeta a los mayores (de hecho, a un buen porcentaje de
adolescentes ¡ni en sus casas los aguantan!) y que en muchos casos no muestran
el mínimo interés por aprender: es que en casa no ayudan y quienes están
formando a nuestros hijos son la calle y la bendita televisión por el gobierno.
Además, todo profe
comprometido debe actualizarse e informarse continuamente y eso demanda tiempo,
dinero y esfuerzo; cosa que muchas veces no se puede hacer ya que un gran
número deambulan de una institución a otra trabajando para poder contar con un
mísero número de horas y diferentes materias. Así mismo, por salud física y
mental se debe destinar tiempo al descanso y la reposición de fuerzas para
tener lucidez en las clases y para no ir a parar al manicomio, tal como les ha
ocurrido a muchos profesores últimamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario