martes, 30 de septiembre de 2025

 

UN MUNDO DE MUERTOS, Y EL PLACER DE ESTAR ¡VIVO!

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex Director de le escuela Normal del Pacifico – Ex Director General del Instituto Pedagógico Hispanoamericano.

La vida nos es dada por nuestros padres, los valores los aprendemos de ellos, y la alegría la vamos adquiriendo conforme nos desarrollamos. La vida humana comienza en el momento de la concepción y el posterior nacimiento a este mundo desde el vientre de la madre. Al fin y al cabo, para mí la vida no se trata de encontrarme a mí mismo, sino de enriquecer mi experiencia. Soy feliz viviendo, amando y creando. Simplemente amo vivir. Porque plantea enigmas y te hace buscar respuestas, porque te brinda encuentros, porque te da sensaciones, la oportunidad de ver y oír, de suspirar de placer y perder el aliento ante el amor y el dolor.

Y por mucho más. Me despierto al amanecer y disfruto de los rayos de la mañana, me encanta ver el atardecer, disfruto del canto de los pájaros. Me encanta caminar por los parques de nuestra ciudad, admirando la belleza de las flores y los árboles y empapándome de sus aromas. Me encanta ver a los niños jugar y reír alegremente. Me encanta la sensación de estar vivo. Me encanta hacer descubrimientos. Me encanta bailar, la música, el deporte, estar de buen humor y el buen libro, o cine.

Me encanta sentir la energía de la vida. La luz de alegría en los ojos de familiares y amigos, conocidos y desconocidos. Me encanta el ronroneo de mi gata, el sonido de la lluvia cuando cae fuera de mi ventana. Los besos que di y recuerdo, los que me dieron, la risa contagiosa de todas las personas. Yo, amo la vida por la oportunidad que me da en llorar y/o reír, de enojarme y amar, de ver las nubes, el sol, respirar.  Es maravilloso que exista la oportunidad de cometer errores y ser perdonado, de encontrar placer (sobre todo cuando no llega de inmediato) en multitud de cosas diferentes, desde los olores y la comida deliciosa hasta los placeres de las relaciones y la autorrealización.

Por el amanecer sobre el río, por la mirada de una mujer, por el aroma de las rosas, etc. La Amó por el simple hecho de vivir. De niño, siempre soñaba con ir a visitar a mi abuela, que nos subiéramos en un auto bus que nos llevara a ella. sentía esa emoción desde dias antes cuando preparaba mi maleta de lámina y la amarraba con mecate para que no se abriera durante el viaje. En el viaje escuchaba a los viajeros, sus emociones, sus porque iban a la ciudad. En verdad era como si fuéramos de un país a otro por lo tardado del viaje, y se debía a que el solo salir del pueblo a la carretera principal por ser de terracería nos llevaba al menos tres horas, y otras dos por la carretera cubierta de chapopote.

Por mucho tiempo que se tardara no perdía el entusiasmo durante el viaje, es decir obtenía ese placer emocionante. Por ello pienso que la vida sencilla es la verdadera alegría no son los grandes eventos ni las metas, sino el día a día, la rutina. ¡Me encanta vivir! Hubo una época en la que me disgustaba la vida... tanto que no podía experimentar nada más que tormento; perdí todo sentido... todo se desmoronaba. Pasaron los años, sobreviví con éxito a la crisis, mi vida cambió radicalmente mi forma interior de pensar y actuar. Hasta que llegue a la conclusión de que mi vida, “Soy yo” Es mi oportunidad de conocerme a mí mismo, de conocerme aceptar mis limitaciones, de mejorar lo que puedo y, lo más importante, de crearlo sin miedo ni reproche, lo mejor que puedo. Como sé, cada vez estoy más convencido de que todos somos “grandes y sabios” Pero a la vez, somos insignificantes e imperfectos.

A partir de esto reflexione que “Puedes amar la vida simplemente por la oportunidad de despertar por la mañana con fuerzas para un nuevo día, y eso es todo lo que importa, comparado con quienes se ven privados de esta oportunidad” La alegría de vivir se compone de pequeñas acciones e impresiones sencillas que nos acompañan toda la vida: un amanecer brumoso en un camino sinuoso, un mar de conflictos, la sonrisa soñolienta de un ser querido, el cálido otoño y la lluvia, el café por la mañana, un beso tierno, o uno de despedida, caminar por las calles, etc.

Y hay otra experiencia inusual y asombrosa que nos hace diferentes: la capacidad de cometer errores; saber que no puedes cambiar algo, pero no renunciar a intentarlo; ir contra el miedo ; abrirte a tus sentimientos y fortalecerte gracias a ellos; perdonar y aceptar lo inevitable, reconociendo tu propia invencibilidad; permitir la disonancia en tus pensamientos y aprender a interpretar los acontecimientos desde diferentes perspectivas; soltar lo que ha dejado de ser útil; partir sin mirar atrás; tener poder y no usarlo; crear algo nuevo con alegría y recordar a todos los que una vez te ayudaron.

Si lo primero nos da vida, lo segundo nos ayuda a seguir siendo humanos. ¡Me encanta el cielo nocturno con innumerables otros mundos! El regalo invaluable que me dieron mis padres por ser su hijo, amó el amor, la fe, la bondad, el apoyo desinteresado al prójimo. Amo la oportunidad de darle a la gente una conciencia de quiénes somos todos por el hecho de nuestro nacimiento y la responsabilidad de nuestra felicidad, alegría y éxito. Por permitirme disfrutar lo dulce y amargo. Lo que para mí es valioso son: las relaciones, los paseos con los seres queridos, las películas, la música, la lectura, el deporte, y todos esos momentos que preservan mis recuerdos de infancia.

Es imposible probar o refutar si hubo otra vida antes de esta. Pero si la hubo, ahora solo puedo empezar a adivinar por qué estoy aquí. Siento mi vida como algo dado, una inevitabilidad que no puedo obviar, ignorar ni fingir que no es mía, o que no es solo mía. Puedo delegar su significado a mis hijos, o inventarle algún propósito para calmar mi ansiedad existencial. Pero todo esto sería como alcanzar el ocho, el nueve, pero no el diez.

Aprendí que la vida no es una colección de alegrías, buena fortuna, sorpresas y éxitos por los que amar. Es una oportunidad que se nos da para que recuperemos nuestro ser, para que podamos permanecer con este sentimiento para siempre y vivir, el tiempo que mi cuerpo aguante. Lo que siempre he deseado es encontrar mi “Yo” para poder ir a cualquier parte sabiéndolo involucrado en mis decisiones, porque no comprendo aun lo ¿qué me impulsa a ir a algún sitio? ¿Qué me hace leer libros? ¿Qué me hace aferrarme a la vida, sobre todo cuando se a veces me trata tan mal?

Recuerdo mi infancia; cuando tenía unos cinco años, me encantaba dibujar retratos, y los pegaba en la pared con diferentes caras: alegres, divertidas. Recuerdo esa infancia cuya sensación de alegría brotaba espontanea (aún estaba viva) Pero si hubiera sabido lo que iba a experimentar en los siguientes 40 años, esas sensaciones me habrían parecido una vil trampa. No hablo de nada fuera de lo común, aunque esas cosas han influido en mi vida los conflictos personales, el rechazo emocional de algunas chicas, la traición constante a mi alrededor, la pérdida de confianza en todos y en todo. Si bien son situaciones comunes en la vida de las personas, no suelen ocurrir todas a la vez, ni para todos. Pero no es de eso de lo que hablo. Hablo de cómo perdemos nuestro amor infantil e innato por la vida. De lo difíciles, y para algunos, insoportables, que son las realidades, las decepciones, el dolor y los primeros pasos. De lo difícil que es el proceso de cultivar, y mantener el alma pura.

Pero aún más difícil es el proceso inverso: la búsqueda de un llegar a ser un “Un Ser diferente, transformado, iluminado, pero vivo, como ese niño distante, solo que más sabio” Ahora, después de haber experimentado, conquistado, ser derrotado, y visto tantas cosas de nuevo, y de haber cambiado tanto, sigo sintiendo amor y dolor, aunque soy infinitamente feliz. Y no quiero alejar este amor y este dolor. No se puede escapar de él, como tampoco se puede escapar de uno mismo. Solo al aceptarlo pude descubrir su tesoro: se esconde en su interior un amor puro, no posesivo, un amor sin razón.

Ahí reside una dulce y vibrante experiencia de amor por todos los que han estado y están presentes en mi vida: compasión sincera, ternura y gratitud. Todos deseamos creer que al morir regresaremos a la vida, eso retumba en nuestra cabeza sin embargo no existe experiencia alguna que nos diga que sucederá. Todos somos, por así decirlo, iguales, pero cada uno con su propia historia, seguimos un camino predeterminado y tomamos ciertas decisiones hacemos nuestro propio camino. Y ahora entiendo claramente qué impulsa, a menudo inconscientemente, a cada persona en la vida a la búsqueda de su propio ser, de su “Yo”

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