martes, 28 de octubre de 2025

 

EL PAJARO EN LA JAULA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Había una vez un pájaro que cantaba de maravilla. Dirás que todos lo hacen, ¡pero te diré que el de mi historia superó con creces a todos los de su raza. Te presumo que personas de todo el mundo venían a escucharlo, trayendo consigo la noticia de que, en algún lugar, en un pequeño pueblo, en una casucha de pueblo pequeña, se oían sonidos divinos como los de un ruiseñor. La verdad es que el Pajaro no cantaba, sino que gritaba su tristeza por estar encerrado en una jaula, y él nunca había estado encerrado, de ahí sus espectaculares gritos que la gente confundía con canto.

Me dicen que por las tardes el Pajaro cantaba con mucho sentimiento y que para ello cerraba sus ojos para soñarse arriba en la copa de un árbol. Para jugar y volar y que el sol cayera sobre sus plumas. El Pajaro extrañaba el olor a bosque, el sonido del cantar de otros pájaros y animales, la lluvia, el aroma de las flores de primavera y las de invierno. Se imaginaba que al igual que antes se alistaría para emprender un viaje largo migratoria al cambio de estación. Recordaba a su familia en esos viajes llenos de aventuras fantásticas. Recordaba aquella noche cuando termino de construir su propio nido y por el cansancio se quedó dormido siendo presa y encerrado en esa jaula. Hoy estaba solo viviendo en una jaula por eso lloraba al cantar.

Un día llego un niño a esa casa, y se quedó absorto por el canto desgarrador del Pajaro. El niño comprendió que el Pajaro no cantaba, sino que lloraba, y le pedía auxilio para que lo liberara. El niño soltó sus lágrimas al verlo que estaba casi desplumado, y terriblemente asustado. La gente sentía que su canto les traía alegría sin comprender que era un llanto lo que emitía por su sufrimiento. Así, que el niño decidió liberarlo. Abrió la puerta oxidada de la jaula. El pájaro, rebosante de alegría, puso sus dos patas sobre la mesa, extendió las alas y se elevó hacia el cielo. El niño se quedó observándolo, y vio como a unos 30 metros el Pajaro cayó al suelo.

Tenía tres años sin volar y le resulto difícil hacerlo bien a la primera así que aterrizó justo sobre su pico en un manojo de hierba fresca. El niño fue en su auxilio, lo tomo con cuidado y lo llevo al gallinero de su casa el cual estaba amplio y cerrado con alambre. Ahí lo soltó para que el Pajaro practicara el vuelo, y además le serviría para protegerlo de peligros. Poco a poco, el pájaro aprendió a volar de un palo a otro, y por fin el niño decidió liberarlo de nuevo. Hoy el Pajaro salió volando, incluso hizo unas cuantas acrobacias antes de alejarse del niño. Dias despues el niño ya se había olvidado del Pajaro cuando de pronto lo escucho de nuevo cantar en el árbol frente a su casa.

Abrió la puerta para mirarlo, y el Pajaro no estaba solo, venían con él varios de sus hermanitos. Desde aquellos años, hoy el entonces el niño, se convirtió en adulto, y la descendencia del Pajaro regresa al árbol afuera de su casa a cantar alegremente. A veces, cuando las primeras hojas se desprenden de los árboles, oye los maravillosos trinos de los pájaros, cantando alegremente sobre el árbol.

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