LA AMISTAD ENTRE UN
GATO Y UN PERRO
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
“Si perdonas a alguien que te ha hecho daño, podrás de nuevo continuar la amistad, pero si continúas recordando la ofensa, convivirás, pero ya no es amistad” La amistad entre humanos y animales es un vínculo especial, lleno de sinceridad, calidez y devoción. Los animales escuchan, comprenden sin palabras y están ahí cuando los necesitamos. Se convierten en parte de nuestra familia y, a veces, en nuestro único amigo verdadero.
Este cuento es un gran ejemplo de unión entre especies o amistad entre diferentes especies animales. Esto demuestra que los sentimientos de cuidado y bienestar pueden existir e ir más allá de los límites naturales de las especies. La amistad entre un gato y un perro: Ha llegado la hora de un nuevo cuento para niños buenos.
Y será sobre la amistad, porque ¿qué sería de nuestra vida si no existieran esos lazos? Se conocieron en el patio de la granja donde vivían: El gato ya era grande y experimentado, y el perro apenas un cachorro, recién nacido. El gato probablemente recordaba su infancia, cuando su dueño lo fue a tirar al monte con la intención que muriera o no regresara nunca a su casa. Pero el gato en el monte encontró una granja donde el dueño le permitió vivir tranquilamente con el trabajo de cazar a los ratones.
Esta historia personal nos da la explicación del porque el gato se hizo amigo de inmediato del cachorro recién recogido del monte por el dueño de la granja. El gato lo llevó a dormir con él, compartió su comida y todos sus juegos. Se volvieron inseparables, tanto que ya no tenían nombres distintos. El dueño los llamaba para darles de comer con un Miau – Guau, y ellos atendían presurosos el llamado. Pero las buenas amistades siempre se ponen a prueba. ¡Así que nuestros protagonistas tampoco escaparon a una prueba!
Un día desapareció la mantequilla que estaba en la mesa. Su desaparición molesta mucho al dueño, y quería castigar al ladrón. Porque las acusaciones comenzaron a fluir por todas partes. Algunos decían que el cerdo había planeado el robo, otros que la vaca quería ocultar una producción de leche inadmisiblemente baja, otros que las ovejas, enojadas con la competencia, habían intentado sabotear a la vaca. Los rumores sobre los animales volaban sin que se aclara el robo. Los dos amigos (Perro y gato) decidieron mantenerse alejados de los chismes, esperando una investigación bien hecha que aclara las cosas y saliera el culpable.
Soltaron el rumor que fue el gato quien se la comió, y en el chisme le pusieron todo tipo de detalles para incriminarlo. Los animales de la granja miraban al gato como delincuente. - El perro intentó defender a su amigo, pero mientras se disculpaba, un olor sospechoso surgió justo del lugar donde el gato solía dormir. ¡Era un aroma a mantequilla rancia! Enfadado el perro, confrontó a su amigo el gato, quien se negó a admitir el hecho. El, perro y el gato discutieron durante dos horas. Al final, el gato se hizo el ofendido, y se declaró enojado con su amigo el perro por la falta de confianza, y declaró que él, precisamente, no podía ser amigo de un vil ratero.
Justo cuando su vínculo parecía completamente roto, vieron a la hija pequeña del granjero quien buscaba la mantequilla donde la había dejado. El gato y el perro se dieron cuenta que la culpable era la niña hija del granjero. Y que había puesto la mantequilla en el lugar donde el gato dormía pensando que el gato tendría hambre. Afortunadamente el granjero al verla embarrada de mantequilla se olvidó de su enojo y sonrió. El gato y el perro siguieron siendo amigos, hasta el día de hoy, según me dijo el granjero, un día que lo vi en el mercado vendiendo su mantequilla, y quesos. “No difames a quienes te hacen bien, de lo contrario los problemas no te abandonarán hasta el final de tus días”
PD: Un anciano acudió a una clínica veterinaria para que su perra fuera sacrificarla, e incinerada. La perra estaba sana, llena de energía. Resultó que el dueño se enfrentaba a una cirugía mayor y tenía miedo de dejar sola a su perra. Pagó y se fue. Dos meses después, regresó por las cenizas, y se encontró con que su perra, que aún vivía. La perra al escuchar su voz, salió corriendo de la habitación. El anciano no pudo contener las lágrimas. El veterinario le dijo “No pudimos sacrificarla y la mantuvimos aquí en la clínica”
Una enfermera que trabaja en un hospital cuando le comenté que estaba escribiendo un cuento sobre gatos, me platico esta historia: Me dijo un señor mayor de edad que sufrió un accidente con una lesión en la cabeza, una clavícula rota y múltiples hematomas. Apenas podía caminar; como mucho, salía una vez al día a tomar aire fresco. Y entonces, un día que fui a buscarlo para darle sus medicinas, desapareció. Registramos todo el hospital y los alrededores, y preguntamos a otros pacientes. Pero en medio de la búsqueda, el anciano regresó de repente cargando a un gato. Dijo que tenía que ir a su casa porque no había nadie para alimentar a su gato. En el hospital está prohibido que los pacientes tengan gatos con ellos por lo que la enfermera llevo al gato a su casa. El anciano murió y la enfermera alimenta hoy al gato.
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