MESTIZAJE EN LA
NUEVA ESPAÑA
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
A la llegada de los españoles, no existía “México, ni España, y quienes llegaron al continente que hoy conocemos como America eran del reino de castilla y Aragón” Por estas razones, y pese a lo que nos han enseñado en las escuelas, los cambios más notorios en la Nueva España del siglo XVI no fueron de orden político o cultural, sino ambientales y demográficos, y de alguna forma estas transformaciones explican cómo nos constituimos como nación y por qué se aceleró el proceso de mestizaje que dio pie al México que conocemos, detalla la profesora Gisela von Wobeser.
¿Cuántos indígenas había antes de la llegada de Hernán Cortés?, pregunta la doctora Von Wobeser. “No tenemos censos exactos, pero con base a las matrículas de tributo recogidas por los españoles se calcula que eran 11 millones en la zona centro. No obstante, y debido a las enfermedades, la curva demográfica se desplomó a tal punto que, para mediados del siglo XVII, sobrevivían apenas un millón 500 mil. Hablamos aquí de una pérdida de entre el 85 y el 90 por ciento de la población originaria en apenas un siglo. Esto es muy rápido” Pero no fue porque los españoles los mataran.
La mexicanidad nació de una herida y eso puede explicar la manera de ver la historia, pero aceptar otra lectura de la historia significa aceptar el mestizaje. Hernán Cortés no sólo sabe usar la espada, con la pluma se convierte en un autor de gran éxito, “asegura su fama en toda Europa”. Christian Duverger retrata en su libro Vida de Hernán Cortés, La Pluma a un personaje que puede escaparse varios días de la batalla para escribir. En octubre de 1520 se aísla por tres semanas en Tepeaca y escribe la segunda Carta de Relación. Su obra logra 12 ediciones en tan sólo cinco años. El libro cuesta lo equivalente a un caballo y se traduce a otros idiomas.
Con la fama llega la envidia. Su libro se prohíbe y poseerlo implica una multa: el precio de dos caballos. Después de años de investigación y sumergirse en archivos, como los de El Vaticano, el doctor por La Sorbona afirma que Cortés quiere escribir la gran obra sobre la Conquista de la Nueva España y como es un autor prohibido tiene que utilizar el seudónimo de Bernal Díaz del Castillo.
En su libro cita un pasaje que comprueba que era un hecho conocido: “El Inca Garcilaso escribe en sus comentarios reales lo siguiente: Yo soy testigo de haber oído vez y veces a mi padre y a sus contemporáneos, cotejando las la nueva España, y Perú, hablando en este particular de los sacrificios de hombres y del comer carne humana, que loaban tanto a los Incas del Perú porque no los tuvieron ni consintieron cuánto abominaban a los de nueva España porque lo uno y lo otro se hizo dentro y fuera de aquella ciudad tan diabólicamente como lo cuenta la historia de su conquista, la cual es fama cierta, aunque secreta, que la escribió el mismo que la conquistó”.
La mexicanidad nació de una herida y eso puede explicar la manera de ver la historia, pero aceptar otra lectura de la historia significa aceptar el mestizaje”. Agrega que “Cortés no entró como un conquistador, pero como una persona extranjera solicitó su admisión en el marco mesoamericano. La idea de Cortés es conservar todo el Estado porque funcionaba, él lo que quiere es ser Tlatoani de Mesoamérica”. Sin librar ninguna batalla en el Valle de México, Cortés llega a ser Tlatoani. En las crónicas y relatos de Hernán Cortés esta lo ocurrido la noche del 18 a 19 de octubre de 1519 en la plaza principal de Cholula, entonces una de las principales ciudades del México antiguo.
- “En cosa de tres horas” matamos a unas 3 mil personas”, reconoce el propio “Cortés”. El hecho es conocido por los historiadores como “La matanza de Cholula”, un momento particularmente notable de un proceso que –por violencia y enfermedades importadas desde Europa–, redujo en unas pocas décadas la población local de esta región del mundo de.
La primera gran epidemia se registró en 1520, justo cuando se daba el asedio de Hernán Cortés contra la gran Tenochtitlan, y fue debida a la viruela y, a falta de cómo nombrarla, los nahuas la llamaron hueyzahuatl; hubo otra en 1531 atribuida al záhuatl tepiton y causada por el sarampión, y una tercera debida al cococliztli, afección que provocó más decesos que las dos anteriores y cuya identidad fue un misterio hasta hace poco, cuando estudios de ADN revelaron que se trataba de salmonela tifis.
El 11 de septiembre de 1545, fray Diego de Betanzos envió una carta a sus compañeros dominicos donde se leía: “Sepan Vuestras Caridades que después que desta Nueva España se partieron, desde ocho meses a esta parte ha habido tan gran mortandad de indios, mayormente en la zona central. e en 20 leguas alderredor, que no se puede creer. En Tascala mueren ordinariamente mil indios cada día y en Chulula día ovo de 900 cuerpos, y lo ordinario es 400, y 500, y 600, y 700 cada día. En Guaxocinco es lo mismo, que ya casi está asolada. En Tepeaca comienza agora, y así ha andado en derredor de los pueblos. Es cosa increíble la gente muerta y que muere cada día”.
A partir de testimonios como éste, historiadores como Robert McCaa han descrito al siglo XVI como “una catástrofe demográfica” y, sin embargo, este fenómeno, también incidió en cómo somos hoy, argumenta la profesora Gisela von Wobeser. “Al tiempo que se daba esta importante merma entre los indígenas hubo un aumento en cuanto al número de individuos de origen europeo y africano y esto aceleró el proceso de mestizaje a tal grado que, ya para el siglo XVII, se había consolidado la población mestiza que caracteriza a nuestro país. Los cambios fueron drásticos y lo modificaron todo, pero eso pasa cuando hay un encuentro entre dos mundos”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario