domingo, 25 de enero de 2026

 

LA LLUVIA DE LOS AÑOS ACUMULADOS

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano – FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Los buenos momentos son fugaces, y solo quienes tienen sentimientos pueden comprenderlos de verdad. Suele decirse que la vida es como una obra de teatro, y una obra de teatro es como la vida. Pero ¿no es tan malo tratarla como una experiencia completamente nueva? Es solo que algunas experiencias no se pueden rebobinar, congelar ni repetir, y no hay posibilidad de volver a vivirlas. Solo podemos observar con impotencia cómo cierto acto de la vida toma un giro equivocado y luego derramar lágrimas.

Aunque podamos conquistar la naturaleza, convertir barreras infranqueables en vías de acceso y transformar el mundo, construir túneles en las montañas para pasar, carreteras debajo del mar, al final todo eso, ¿qué importa? Ante el incesante paso del tiempo, ¿quién no se siente impotente y se lamenta en secreto por los años idos? La juventud es como el bocado que disfrutamos, y nos quedamos con ganas de servirnos otro pedazo, el tiempo es como el agua, que fluye entre nuestros dedos y tras caer, se desvanece ante nuestros ojos dentro de la tierra o corre rápido mojando el pavimento dejando una mancha humedad. Hoy amaneció lloviendo, y las gotas de lluvia estan cayendo sobre las hojas de un aguacate que observo desde mi ventana.

Es hermosa la lluvia, nos llena de nostalgia, nos hace que se parta nuestro corazón con cada golpe de caída que emiten las gotas. Nos hace recordar un pasado infantil. Al observar por mi ventana veo que parece que las hojas del aguacate las disfruta, como si le encantara la lluvia y se llenen de alegría. Su suave sonido es como si las gotas y las hojas cantaran en armonía, susurrando secretos, expresando su anhelo expresado, y no comprendido por los humanos. La lluvia continúa cayendo suave, y mi mente me transporta aquellos años inocentes infantiles, y a los ardientes años juveniles en donde no importan las tonterías que cometamos seguimos adelante sin darles importancia. Hoy son solo recuerdos de un pasado. 

Aquellos ardientes años juveniles en los cuales cualquier contacto con otra persona joven de diferente sexo la consideraba hermosa, bella, cariñosa, comprensiva como si fuera mi alma gemela. Años en los que te enamoras a primera vista, y estas convencido que la amas por encima de todas las cosas. A diferencia de la adultez cuando comencé a comprender que un afecto tan profundo no se trata solo de tener sentimientos, sino de encontrar finalmente a un alma gemela tras una vida de vagabundeo como los colibrís de flor en flor probando todos los néctares, y encontrar la flor favorita.

Si el cariño son quinientas miradas en una vida pasada, y el amor es un destino cultivado durante cien años, entonces un alma gemela es el derramamiento diario de la sangre del alma en sus sentimientos más íntimos sobre la arena del alma como las gotas que caen sobre las hojas y enseguida caen sobre la tierra. Me siento muy afortunado aquí sentado frente a mi ventana, porque aún conservo los ojos para que la naturaleza me comparta su belleza, porque mis oídos escuchen el golpe de caída de cada gota sobre las hojas del aguacate. En un momento que cientos de veces lo he vivido, y disfrutado a lo largo del camino de mi vida.

Por eso, siempre he atesorado esos recuerdos, los días en que me sentía enamorado de todas y de nadie, de las que compartieron conmigo lluvias caminando de la mano por las calles o lluvias que mojaban mis libros de regreso a casa de la universidad, lluvias que siempre han estado a mi lado alegrándome la vida. Como el enamoramiento, unas breves otras torrenciales. Caen como si fueran un suave zurruro llamándome a que permanezca frente a mi ventana escuchando el mensaje casi imperceptible que transmiten a la caída de cada una de esas gotas ¿Podre algún dia de mi vida entenderlas o me sucederá como cuando fui joven y mi arrogancia no entendía los sentimientos de las chicas que andaba enamorando? Todos nuestros recuerdos estan grabados con sangre, y solo los compartimos con nosotros mismos. Cada vez que los recordamos es como si estuviéramos viendo nuestra propia pintura al óleo.

Aquellos años de mi juventud donde todo florecía como por arte de magia, desde un pleito sin razón alguna, y buscar consuelo en la siguiente. Había lluvias suaves, otras tormentosas, hojas arrancadas por el viento, risas sinceras, anhelos por cumplir, reproches por simplezas intrascendentes, y todo ese resto que tiramos sobre la mesa al final de una partida de póker con la intención de ganar o si se pierde olvidar. Aquellos años juveniles que se llenaban de fragancia viril, de gestos coquetos en rostros hermosos que despedían aroma familiar dispuestos a compartir sus sentimientos. Cada uno de esos recuerdos en el silencio de la noche se hacen presentes aceptando su reproche por nuestro mal comportamiento.

Aquel rostro que con lágrimas en sus ojos nos reclamaba nuestra falta de amor, o de escrúpulos. A medida que la lluvia se va haciendo más profunda, el roció sobre las hojas del aguacate parece sentir que va moviendo su alma ¿Tienen alma, los arboles? ¿Caerán cientos de gotas juntas para demostrarle su amor, o su odio al árbol? - Por fin la lluvia se quitó, me vino aquellos recuerdos en reclamo cuando me marchaba de una relación dejándola sin dar excusas, y ella quedando en la incredulidad. En mi cabeza creía que no había necesidad de un trago amargo ¿Para qué alegar? Para que quedar en una relación fallida con odio tras mis espaldas.

Con esta actitud me burlaba de mí mismo, pensando que solo era una situación lamentable, y no deseaba ver rostros patéticos que aplastaran mis sentimientos, o quizás eran mis muros de protección porque me estaba enamorando en serio, y a eso es lo que le temía. Han pasado los años, y aun no me he curado de esos recuerdos. He contado los años con los dedos, los he pasado absorto en mis pensamientos e incluso he temido la oscuridad de estos recuerdos. ¿Cómo se suponía que iba a superar esas largas y oscuras divagaciones en mis noches? Solo ahora me doy cuenta de mis errores. Pero ¿dónde exactamente me equivoqué con cada una? ¿Qué me pasaba? No hay respuestas. Quizás el amor sea lo más difícil de juzgar; una vez que amas, amas, y no hay bien ni mal.

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