MARGARITO ESPARZA NEVARES.- El Duende.- La vida cotidiana
del pueblo ha girado desde su fundación por los Jesuitas rodeado de historias
de almas en pena, espantos, tesoros, duendes que cuidan los tesoros, aguas
milagrosas, mujeres que tuvieron problemas en su vida. La gente cree a píe
juntillas que se les salen en ciertos lugares. La religión inculca que esos
duendes son ángeles que se cayeron del cielo en la guerra religiosa del
Arcángel San Miguel contra el diablo y que al perder la batalla los aventaron
por la tierra en diferentes lugares. Aparentemente en San Ignacio cayeron
muchos porque se respiran, huelen anda en el aire o mente de los lugareños. Lo
que llama la atención, es el desasosiego que se desata cuando llueve con
estruendosos rayos y la persona anda solitario en el monte. Los rayos desatan
intranquilidad en los que miran en el rio cuando uno de ellos brota desde sus
aguas.
Estos supuestos enanitos de
color verde, los difundieron en la televisión con los Pitufos. Sin embargo
desde tiempo antes en san Ignacio se asegura que gustan en vivir en casas
abandonadas, pozos encantados, cuevas. Dicen que al tomar una casa abandonada
se encariñan tanto que ya no permiten que nadie viva en ella y si una persona
se atreve a vivir, se encargan en hacerlo sufrir con travesuras o cosas
extrañas sin que exista un remedio para expulsarlos.
Se argumenta que en la cocina
quiebran platos, vasos, tiran ollas, lo que hace que la persona se inquiete,
empiece a reflexionar si vale la pena vivir en allí. En un tiempo quisieron
ponerle remedio y llevaban al cura del pueblo para que con agua bendita los
expulsara pero el remedio no surtió el efecto deseado o simplemente cambiaron
de casa. Son traviesos, gustan en jugar con la credibilidad de la gente y es
probable que sea mera imaginación. Se escucha a ciertas personas que los han
visto, otro que los escucho cantar, caminar, de manera que ante lo narrado la
mayoría de los protagonistas confirman al terminar su plática que salieron
huyendo sin mirar atrás. Por el camino a los Tules (Entre San Ignacio y Ajoya),
yendo de san Ignacio al ojo de agua conocido como los Tules, se aseguraba que
en una noria del lado izquierdo (En el potrero de Echegaray) existían duendes
que cuidaban la noria.
Me preguntaba ¿Por qué la cuidan
y que hacen en ese sitio? Sin mucho preámbulo me anime a visitar dicha noria y
comprobar lo dicho por la gente que se llevaban a todos los que se acercaban.
Llegue al pozo, mire adentro, solo había un balde pegado a una soga que servía
para sacar agua. Los duendes nunca se aparecieron. Al exponer en el pueblo me
cambiaron la versión diciéndome que solo se llevaban niños pequeños y que no les
gustaban las personas de 20 años en adelante. Además afirmaban que el niño
debe andar solo, perdido por las calles del pueblo para que ellos lo
convencieran mediante dulces, chocolates o engaño en que los acompañara. Deje
en creerles, es difícil esto suceda por más cariño que muestren a un niño no
deja en ser mera ilusión el que se engañe y vaya hasta el monte en donde se
localiza la noria.
Me dije: Me quieren tomar el
pelo.- Fui a los Tules para conversar con el señor que estaba viviendo más
cerca de esa noria.- Un campesino que
vivía en la casa del aguaje de los Tules a escasos 200 metros de ese lugar,
cuando le platique la historia me dijo que era cierta, que ellos en ocasiones
llegaban a su humilde casa y se preparaban café, que cuando se levantaba solo
encontraba las tazas sucias en la mesa y que en otras ocasiones se bebían el
agua del aguaje amaneciendo este seco, sin agua para las vacas.- En ciertas
noches, se meten a los nidos de las gallinas y se beben los huevos; ellas
gritan espantadas, luego se hace un silencio.
Nunca he visto un duende, ni
quiero topar con ellos, de seguro me asustaría y saldría huyendo hasta el
pueblo. En cierta ocasión paso por aquí un enanito en medio de la noche, venia
de Ajoya, yo al verlo creí que era uno de esos duendes pero al enfrentarlo
caguallana en mano se identificó diciendo que se llamaba Margarito Esparza
Nevares y que era artista, comediante de la televisión.
Llevaba una guitarra pequeña de
acuerdo a su estatura.- No media más de 65 centímetros.- Eso me tranquilizo.-
Siguió su camino y todo quedo en silencio, solo recuerdo que iba rascando las
cuerdas de su guitarrita. En la memoria guardo que vestía un pantaloncito de
mezclilla, camisa a cuadros, un sombrero al doble de su cabeza, dijo que iba
para la ciudad de México. Seguro que si existían duendes, uno de ellos debía
ser este personaje por lo chiquillo de sonrisa amplia, mirada inocente. De
allí, no conozco otro que se pueda decir que es duende, más bien son enanos.
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