lunes, 3 de febrero de 2020


MARGARITO ESPARZA NEVARES.- El Duende.- La vida cotidiana del pueblo ha girado desde su fundación por los Jesuitas rodeado de historias de almas en pena, espantos, tesoros, duendes que cuidan los tesoros, aguas milagrosas, mujeres que tuvieron problemas en su vida. La gente cree a píe juntillas que se les salen en ciertos lugares. La religión inculca que esos duendes son ángeles que se cayeron del cielo en la guerra religiosa del Arcángel San Miguel contra el diablo y que al perder la batalla los aventaron por la tierra en diferentes lugares. Aparentemente en San Ignacio cayeron muchos porque se respiran, huelen anda en el aire o mente de los lugareños. Lo que llama la atención, es el desasosiego que se desata cuando llueve con estruendosos rayos y la persona anda solitario en el monte. Los rayos desatan intranquilidad en los que miran en el rio cuando uno de ellos brota desde sus aguas.

Estos supuestos enanitos de color verde, los difundieron en la televisión con los Pitufos. Sin embargo desde tiempo antes en san Ignacio se asegura que gustan en vivir en casas abandonadas, pozos encantados, cuevas. Dicen que al tomar una casa abandonada se encariñan tanto que ya no permiten que nadie viva en ella y si una persona se atreve a vivir, se encargan en hacerlo sufrir con travesuras o cosas extrañas sin que exista un remedio para expulsarlos.

Se argumenta que en la cocina quiebran platos, vasos, tiran ollas, lo que hace que la persona se inquiete, empiece a reflexionar si vale la pena vivir en allí. En un tiempo quisieron ponerle remedio y llevaban al cura del pueblo para que con agua bendita los expulsara pero el remedio no surtió el efecto deseado o simplemente cambiaron de casa. Son traviesos, gustan en jugar con la credibilidad de la gente y es probable que sea mera imaginación. Se escucha a ciertas personas que los han visto, otro que los escucho cantar, caminar, de manera que ante lo narrado la mayoría de los protagonistas confirman al terminar su plática que salieron huyendo sin mirar atrás. Por el camino a los Tules (Entre San Ignacio y Ajoya), yendo de san Ignacio al ojo de agua conocido como los Tules, se aseguraba que en una noria del lado izquierdo (En el potrero de Echegaray) existían duendes que cuidaban la noria.

Me preguntaba ¿Por qué la cuidan y que hacen en ese sitio? Sin mucho preámbulo me anime a visitar dicha noria y comprobar lo dicho por la gente que se llevaban a todos los que se acercaban. Llegue al pozo, mire adentro, solo había un balde pegado a una soga que servía para sacar agua. Los duendes nunca se aparecieron. Al exponer en el pueblo me cambiaron la versión diciéndome que solo se llevaban niños pequeños y que no les gustaban las personas de 20 años en adelante. Además afirmaban que el niño debe andar solo, perdido por las calles del pueblo para que ellos lo convencieran mediante dulces, chocolates o engaño en que los acompañara. Deje en creerles, es difícil esto suceda por más cariño que muestren a un niño no deja en ser mera ilusión el que se engañe y vaya hasta el monte en donde se localiza la noria.

Me dije: Me quieren tomar el pelo.- Fui a los Tules para conversar con el señor que estaba viviendo más cerca de esa noria.-  Un campesino que vivía en la casa del aguaje de los Tules a escasos 200 metros de ese lugar, cuando le platique la historia me dijo que era cierta, que ellos en ocasiones llegaban a su humilde casa y se preparaban café, que cuando se levantaba solo encontraba las tazas sucias en la mesa y que en otras ocasiones se bebían el agua del aguaje amaneciendo este seco, sin agua para las vacas.- En ciertas noches, se meten a los nidos de las gallinas y se beben los huevos; ellas gritan espantadas, luego se hace un silencio.  

Nunca he visto un duende, ni quiero topar con ellos, de seguro me asustaría y saldría huyendo hasta el pueblo. En cierta ocasión paso por aquí un enanito en medio de la noche, venia de Ajoya, yo al verlo creí que era uno de esos duendes pero al enfrentarlo caguallana en mano se identificó diciendo que se llamaba Margarito Esparza Nevares y que era artista, comediante de la televisión.

Llevaba una guitarra pequeña de acuerdo a su estatura.- No media más de 65 centímetros.- Eso me tranquilizo.- Siguió su camino y todo quedo en silencio, solo recuerdo que iba rascando las cuerdas de su guitarrita. En la memoria guardo que vestía un pantaloncito de mezclilla, camisa a cuadros, un sombrero al doble de su cabeza, dijo que iba para la ciudad de México. Seguro que si existían duendes, uno de ellos debía ser este personaje por lo chiquillo de sonrisa amplia, mirada inocente. De allí, no conozco otro que se pueda decir que es duende, más bien son enanos.

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