miércoles, 11 de noviembre de 2020

 SAN IGNACIO, SINALOA

AJOYA

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

AJOYA: Nadie sabe cuándo empezaron las leyendas de las minas en la zona de Ajoya: Chilar, Bordontita, Carrizal, Aguines, Platanar, Jocuixtita, Gachupines, Panaltita, Contra estaca, el Tambor, Coacoyol (Actual proyecto Cristo Jesús),  pero en la narrativa popular siguen vigentes. Una de ellas en la mina del chilar se refiere a una madre que vivía con su hija cerca de la mina. Una jovencita hermosa que gustaba ir a bañarse al arroyo al final de un camino lleno de árboles, en ese lugar cantaba, nadaba, acompañaba el cantar de los pájaros, luego cortaba flores para llevarlas a la virgen en su casa. La madre se dice que tenía muchos amantes entre ellos un español que vivía en San Ignacio y era dueño de algunas pequeñas minas, animales y potreros. Al español le gustaba la joven pero ya era amante de su madre y la joven traía puestos los ojos en un joven minero.

El español siempre invitaba a la joven a pasear a caballo con el permiso de la madre. Ella le tenía miedo al ver el resplandor de lujuria que brotaba por sus ojos. El comenzó a llevarle regalos que la joven aceptaba y los lucia cuando su enamorado joven la acompañaba. Un día el español se comenzó a bañar desnudo en el rio de Ajoya he invito a la joven que se metiera a bañar pero ella se negó con el pretexto de ahogarse. En la fiesta de San Gerónimo de Ajoya ella fue invitada al baile, comenzó a bailar viéndose radiante en medio del templete improvisado en la plazuela. El joven minero la saco a bailar mientras la música seguía tocando, y desde esa noche el joven no regreso a su casa, se le busco pero nadie pudo dar razón, ni se ha encontrado su cadáver.

La gente tenía la corazonada de que fue el español quien lo mando matar. La joven muchacha siguió recibiendo joyas y en ratos sollozaba recordando al desaparecido. Ella rogaba a la virgen que apareciera, logro incluso la promesa del español en que lo encontraría. El pueblo de Ajoya no vivía en paz, estaba buscando a uno de sus hijos, mientras el español estaba obsesionado con la joven. Al toque de la campana de la iglesia, ella se arreglaba rápidamente y acudía a misa para pedir a la virgen por su enamorado, le rogaba se lo trajera de vuelta y le daba la promesa que las joyas, ropa y perfumes recibidos del español se los regresaría. Un día el español desesperado por las caricias de la joven la tomo del cuerpo a la fuerza y la empujo a un monte pero por su edad sintió que un infarto lo alcanzaba, sintió que moría, y estando en ese trance le señalo a la joven un lugar en donde se encontraba enterrado que ella tanto buscaba, sin embargo el español no murió.

A los días la joven regreso al lugar y se puso a escavar encontrando una olla llena de monedas de oro, esto es una locura se dijo.- El tesoro del que me hablo el español, no es el cuerpo de mi enamorado. Saco la olla y se la llevo a enterrar junto a una piedra grande que se encontraba entre unos váraños. Al regresar el español, le pregunto a la joven ¿Dónde está el tesoro? Ella salió corriendo y sonriendo. El la siguió sin quitar de la mente que la joven se lo había robado. Ella corría asustada y el español siguiéndole los pasos. Por fin agotada cayo en tierra y antes de darse cuenta le habían quitado su vestido, luego se abrazó con fuerza al español fundiéndose en un placer mutuo. Mientras tanto el tesoro seguía en su lugar sin ser revelado su cambio de espacio. El viejo se aferraba a la juventud de la muchacha y la muchacha al lujo y estabilidad que le representaba. A los días la madre de la muchacha, quien acudía al rio a lavar la ropa  apareció ahogada al lado de la ropa cerca de unas peñas.

Nadie sabe la relación que tuvo el encuentro del español y la muchacha con este nuevo hecho pero una fuente de esa época comento que la muchacha se la llevo el español a vivir a San Ignacio y que por esos días la esposa del español murió de infarto fulmínate. El español murió creyendo que los tres hijos que la muchacha pario eran suyos, luego se supo que mientras estaban juntos (No, casados) La muchacha los tubo sin que se supiera de quien eran ya que se murmuraba que varios jóvenes la visitaban después de la media noche cuando el viejo se dormía.

Fue una época de desamor, de caminos intrincados, de historias que flotan en el ambiente entre los oyentes y en consecuencia ese pasado lo volvemos a revivir. Ahora la relación entre el español y la muchacha sería muy criticada, pegaría en el ánimo la muerte de su esposa pero son cosas de su tiempo en la soledad de aquellos montes lo que la convirtieron en narrativa popular. Un lugar que no era tranquilo, ni despejado de avaricia, asi como la extraña relación de estos personajes que provenían de dos mundos distintos. El mundo del conquistador dueño de almas y el mundo infantil de una muchacha que veía la actitud de su madre para sobrevivir, fueron mezclas y choques de espíritus o circunstancias de la propia conquista. Una invasión que chocaba entre los frailes y los españoles mezclándose cascara, yema, huevo con gallina vieja y polla nueva.


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