sábado, 11 de marzo de 2023

 


LO QUE COSECHA UN PROFESOR CON LOS AÑOS

 

Bueno, es una obsesión que me atormenta desde que aprendí que lo que una persona cosecha en su vejez es el resultado de lo que sus maestros le sembraron, ya sea en el estudio o en la vida. Nunca olvidaré lo que hizo una ex alumna frente a mí en el teatro Angela Peralta en un homenaje que les hicieron a los Maestros de secundaria Guillermo prieto. Fue en los años 2010 creo. De repente se detuvo y gritó: ¡Profesor Fulano! Había un anciano que caminaba con dificultad, conducido por un joven, quizás su nieto. La ex alumna se paró como si tuviera diez años a pesar de que tenía más de cincuenta, entonces corrió al lado del anciano, y lo besó.

 

Enseguida le dijo ¿Cómo está, mi maestro preferido? El profesor ya, no oía bien, así que ella se acercó para con la boca en su oreja decirle: Soy Martha (Menciono su apellido), su alumna de la escuela de la secundaria Guillermo Prieto, luego le dijo el salón y su número de lista. Prontamente comenzó a hablarle durante unos minutos. Escuché al profesor decirle: ¿Eres hija de mi amigo? Despues de escuchar el dialogo me di cuenta que ella fue su alumna en tercero de secundaria. Vi varias de estas escenas ese día, pero desafortunadamente ya no se repetirán debido a que algunos de ellos ya fallecieron. Un profesor de literatura en preparatoria leyó un texto que había yo escrito para un concurso de poesía (No pongo su nombre por respeto)

 

La leyó y sonrió, me miro detenidamente para volverme a preguntar ¿No, la estas plagiando? Sentí que me humillaba al preguntarme si yo era el escritor. Me dio la espalda y se marchó. Cuando inicio el face, me invitaron a unirme a un grupo de egresados en profesional y los que se quedaron varados en el camino. Apenas me uní me veía frente a decenas de viejos compañeros y amigos que quedaron grabados en mi vida. En ese grupo encontré maestros que fueron excelentes, podría decir que venerables, que cautivaban por su personalidad, la elegancia, el método de enseñanza y el trato con los alumnos.

 

Siempre he aprendido mucho de ellos, y lo más importante que he aprendido es su humildad, amor por su trabajo y su tremendo sentido de humanidad. En una ocasión que se conmemoraba la revolución mexicana, el maestro de historia nos pidió que escribiéramos sobre uno de sus personajes. Recuerdo que me di a la tarea de escribir sobre Francisco y Madero, Cuando leyó mi historia me dijo ¿Qué tanto sabes de él? Y, le comencé hablar hasta que llegó el momento en que por cuestión de tiempo me paro. Me felicito. En otra ocasión el maestro de literatura, me vio el cuaderno en donde escribía mis poesías en preparatoria. Me pidió que le leyera una. La tomé al azar, y la comencé a leer.

 

Me pregunto si en alguna ocasión había publicado alguna de ellas. Le dije que no, que las escribía para mí, y que en ratos ellas me significaban un momento de descanso y recuerdos. Tus poesías tienen buen sentido y significado literario me confeso. En unas te muestras triste, melancólico, en otras alegre, romántico, enamorado, incluso podría decir que hay versos medio melosos y otros amargados, pero con un gran sentimiento emocional. Es usted muy amable maestro, le dije. Hace dos días recordé este incidente mientras escribía mis recuerdos sobre mis maestros de secundaria.

 

Pensé que lo había olvidado, pero parece que el incidente quedó grabado en mi memoria debido a su impulso emocional. Más bien, según mi opinión, ese incidente contribuyó a aumentar mi confianza en mí mismo sobre la escritura, los cuentos, la poesía, y sus versos. No niego que ser abierto me trae conflictos con quien comparto sentimientos, pero esos incidentes con los años se han ido aligerando para terminar en broma.

 

La vida romántica del estudiante de secundaria es intensa, y esto es muy cierto. Mis amigos se esforzaban por escribir canciones y hacerlas rimar con la guitarra, por mi parte me dedicaba a la métrica y su rima redactando apasionadamente como si con ello mi vida sin esa persona no tuviera sentido. Fui un apasionado y recorrí el camino de la idealización.

 

A las chicas les gustaba que el maestro las alabara y ellas constantemente escribían cortas líneas adornadas con un corazón y un beso. Yo ¡No! Me gustaba ir a la historia completa con sus metáforas tratando de dominar cada uno de los versos para que no sonaran a sonsonete. Fui el poeta de los 13 a los 18 años. Vinieron habilidades necesarias y diferentes y con ellos el conocimiento y la madurez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario