LO QUE COSECHA UN PROFESOR CON LOS AÑOS
Bueno, es una obsesión que me atormenta desde que
aprendí que lo que una persona cosecha en su vejez es el resultado de lo que
sus maestros le sembraron, ya sea en el estudio o en la vida. Nunca olvidaré lo
que hizo una ex alumna frente a mí en el teatro Angela Peralta en un homenaje
que les hicieron a los Maestros de secundaria Guillermo prieto. Fue en los años
2010 creo. De repente se detuvo y gritó: ¡Profesor Fulano! Había un anciano que
caminaba con dificultad, conducido por un joven, quizás su nieto. La ex alumna
se paró como si tuviera diez años a pesar de que tenía más de cincuenta,
entonces corrió al lado del anciano, y lo besó.
Enseguida le dijo ¿Cómo está, mi maestro preferido?
El profesor ya, no oía bien, así que ella se acercó para con la boca en su
oreja decirle: Soy Martha (Menciono su apellido), su alumna de la escuela de la
secundaria Guillermo Prieto, luego le dijo el salón y su número de lista.
Prontamente comenzó a hablarle durante unos minutos. Escuché al profesor
decirle: ¿Eres hija de mi amigo? Despues de escuchar el dialogo me di cuenta
que ella fue su alumna en tercero de secundaria. Vi varias de estas escenas ese
día, pero desafortunadamente ya no se repetirán debido a que algunos de ellos
ya fallecieron. Un profesor de literatura en preparatoria leyó un texto que
había yo escrito para un concurso de poesía (No pongo su nombre por respeto)
La leyó y sonrió, me miro detenidamente para
volverme a preguntar ¿No, la estas plagiando? Sentí que me humillaba al
preguntarme si yo era el escritor. Me dio la espalda y se marchó. Cuando inicio
el face, me invitaron a unirme a un grupo de egresados en profesional y los que
se quedaron varados en el camino. Apenas me uní me veía frente a decenas de
viejos compañeros y amigos que quedaron grabados en mi vida. En ese grupo
encontré maestros que fueron excelentes, podría decir que venerables, que
cautivaban por su personalidad, la elegancia, el método de enseñanza y el trato
con los alumnos.
Siempre he aprendido mucho de ellos, y lo más
importante que he aprendido es su humildad, amor por su trabajo y su tremendo
sentido de humanidad. En una ocasión que se conmemoraba la revolución mexicana,
el maestro de historia nos pidió que escribiéramos sobre uno de sus personajes.
Recuerdo que me di a la tarea de escribir sobre Francisco y Madero, Cuando leyó
mi historia me dijo ¿Qué tanto sabes de él? Y, le comencé hablar hasta que
llegó el momento en que por cuestión de tiempo me paro. Me felicito. En otra
ocasión el maestro de literatura, me vio el cuaderno en donde escribía mis
poesías en preparatoria. Me pidió que le leyera una. La tomé al azar, y la
comencé a leer.
Me pregunto si en alguna ocasión había publicado
alguna de ellas. Le dije que no, que las escribía para mí, y que en ratos ellas
me significaban un momento de descanso y recuerdos. Tus poesías tienen buen
sentido y significado literario me confeso. En unas te muestras triste,
melancólico, en otras alegre, romántico, enamorado, incluso podría decir que
hay versos medio melosos y otros amargados, pero con un gran sentimiento
emocional. Es usted muy amable maestro, le dije. Hace dos días recordé este
incidente mientras escribía mis recuerdos sobre mis maestros de secundaria.
Pensé que lo había olvidado, pero parece que el
incidente quedó grabado en mi memoria debido a su impulso emocional. Más bien,
según mi opinión, ese incidente contribuyó a aumentar mi confianza en mí mismo
sobre la escritura, los cuentos, la poesía, y sus versos. No niego que ser
abierto me trae conflictos con quien comparto sentimientos, pero esos
incidentes con los años se han ido aligerando para terminar en broma.
La vida romántica del estudiante de secundaria es
intensa, y esto es muy cierto. Mis amigos se esforzaban por escribir canciones
y hacerlas rimar con la guitarra, por mi parte me dedicaba a la métrica y su
rima redactando apasionadamente como si con ello mi vida sin esa persona no
tuviera sentido. Fui un apasionado y recorrí el camino de la idealización.
A las chicas les gustaba que el maestro las alabara
y ellas constantemente escribían cortas líneas adornadas con un corazón y un
beso. Yo ¡No! Me gustaba ir a la historia completa con sus metáforas tratando
de dominar cada uno de los versos para que no sonaran a sonsonete. Fui el poeta
de los 13 a los 18 años. Vinieron habilidades necesarias y diferentes y con
ellos el conocimiento y la madurez.

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