jueves, 1 de junio de 2023

 EDUCACION DE LAS MUJERES (Parte dos)

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México
Las mujeres en pleno siglo XXI en México no se les permite tomar sus propias decisiones con respecto a la autonomía corporal. Es importante destacar que la autonomía corporal no es solo un derecho humano, sino la base sobre la que se construyen todos los demás derechos. Las opciones reproductivas y el poder de tomar esas decisiones impactan todos los demás aspectos de la vida de las personas” Sin autonomía corporal y autodeterminación, las mujeres y las niñas están sujetas a pruebas de virginidad, matrimonio forzado, embarazo forzado, violación y violencia.
Su educación por un embarazo, puede terminar y sus perspectivas de empleo pueden disminuir, dejándolos cada vez más dependientes de otros, inseguras y sin esperanza de un futuro mejor para ellas o para sus propios hijos. El principio es no permitir que otra persona tome decisiones sobre su cuerpo, no permitir que sigan los controles sobre de ellas modificándolos ¡Esto, tiene que cambiar!
Cero tolerancias a la violación, discriminación para ello se deben crear y hacer cumplir leyes para proteger a las mujeres y los programas deben estar adecuadamente financiados. Brindar educación sexual integral y cambiar normas sociales y culturales más amplias. Involucrar a hombres y niños es fundamental, ya que sus creencias sobre la masculinidad y el género están en el centro de muchas prácticas dañinas. Atender a los desplazados por crisis en su región, a los migrantes que viajan por los estados de México trabajando en campos agrícolas, a los marginados en periferias urbanas etc.
Las relaciones de género se encuentran en la vida cotidiana tanto en el espacio público como en el espacio privado. Las mujeres y los hombres tienen relaciones que están determinadas por reglas y expectativas sociales. Cada uno tiene un rol muy específico en la sociedad. La desigualdad de acceso a la educación se explica por las percepciones culturales sobre los roles que desempeña cada sexo, sobre el tiempo que pasarán en el hogar y en el mercado de trabajo y sobre los consiguientes beneficios de una mayor educación.
Así, debido a que socialmente a las mujeres se les ha asignado la responsabilidad de las labores doméstico-reproductivas, para muchas de ellas su paso por el mercado laboral sigue caracterizado en gran medida por períodos interrumpidos de tiempo, lo cual se traduce en que los gastos en su educación de la mujer no se consideran productivos o indispensables dejando a muchas sin esa oportunidad.
Las mujeres y los hombres contribuyen de manera diferente en todos los dominios sociales. La forma en que la sociedad reintegra el esfuerzo realizado por mujeres y hombres es claramente desigual e inequitativa.
El esfuerzo de los hombres siempre se valora más que el de las mujeres. La masculinidad, en sí misma, es cada vez más valorada. En este sentido, las políticas orientadas a un mejor desarrollo aún no son imparciales. En el ámbito jurídico, las mujeres siguen estando, en la mayoría de los casos, en desventaja frente a los hombres en relación con la ley. Las desigualdades e inequidades entre mujeres y hombres son cada vez más fuertes cuando la pobreza y el desconocimiento educativo están presentes.
En todo el mundo, la educación es vista como una herramienta necesaria para obtener las habilidades que brindarán oportunidades para integrarse al mercado laboral. La educación es también el mecanismo de supervivencia de un sujeto particular a la sociedad. La educación contribuye a la formación de la identidad personal y colectiva de cada individuo. Finalmente, la educación es vista como una escalera que permite el ascenso social, económico y cultural de los individuos en sus sociedades.
La igualdad de condiciones y oportunidades, entre mujeres y hombres, en todos los niveles educativos, es una condición indiscutible para lograr un cambio de mentalidad en las sociedades tradicionalmente machistas. La igualdad de condiciones y oportunidades no sólo beneficiará a las mujeres, sino también a sus hijos, a sus familias y sobre todo a sus comunidades.
Con mayores niveles de educación las mujeres disminuyen su fecundidad y mejoran su salud reproductiva, incrementan su productividad y nivel de ingresos y desarrollan un mayor grado de libertad y poder sobre su vida, con la consecuente posibilidad de tomar mejores decisiones sobre su bienestar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario