UN RINCON EN MI CORAZÓN
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Nacer
en el pueblo, es heredar los ojos del tatarabuelo. La vida me fue dando y, yo
siempre flojito y cooperando (Me deje querer). Lo importante es no ser de un
modo o de otro sino el saber que somos una parte de un todo generacional
heredable el cual no podemos cambiar sino transmitir a favor o en contra “Todos
resultamos parientes si escarbamos un poco”. Este es nuestro río
de sentimientos pueblerinos que sirve de referencia en los solidarios que somos
(Sociables)
Estas
son las emociones que nos dominan que nos producen la comodidad cuando
regresamos, es este dolor el que se siente cuando lo abandonamos o el
sufrimiento como la tristeza, el desconsuelo, en vernos lejos. Regresar, al
terruño, es volver a beber esa agua cristalina que con sed de triunfo y de
gloria dejaste un día, es dormir la noche placentera con el canto de grillos y
chicharras, es cumulo en sentimientos que hacen broten lágrimas en tus ojos.
Es
ver al niño por la calle como en un espejo cuando hacías lo mismo. Ahí, está el
origen de nuestro malestar eterno que nos impide dejarlo en edad joven y, saber
que no es perder o tropezar, es saber de lo heredado y asumir nuestra
responsabilidad en el avance, es la clara herencia emocional, es ser audaces,
tener el arrojo con el que asumimos la vida.
Nacer en un pueblo y salir a estudiar es analizar nuestras conductas,
observarlas y comprenderlas, no para justificarnos a nosotros mismos y por ello
dejarlas cómo están, entenderlas, amarlas y entrar en conciencia con esos
pensamientos y actitudes heredadas que nos hacen ser felices.
Amar
su gente es darnos cuenta que nuestra manera de sentir, amar tiene un sello
propio, es única, original, no se parece a ninguna otra. La gente de mi pueblo,
es y será de esas personas en las que ves un ejemplo, que llegas a decir “quiero
ser como ellos”. Sus hombres son de tanta fortaleza
que me hace ver que la vida no es tan dura como creo; y de sus mujeres puedo
sentir ese amor correspondido que tanto bien hace a mi vida. Miro al pasado y
veo a un niño alegre, que disfruta de cada momento, que trabaja para ser cada
día una mejor persona, sencilla, que sabe que la felicidad es algo efímero que
se debe disfrutar al máximo, sin pensar mucho y tener los ojos bien abiertos
para que el momento quede grabado en la memoria.
Regresar
al pueblo es volver a ser el niño sonriente el que ayuda al prójimo, el que su
madre lo pone a orar antes de dormir y dar gracias a Dios por el día recibido,
para que San Jorge bendito amarre a sus animalitos, por los dones inmerecidos,
por lo afortunado de vivir. Retornar es reencontrarse con los años idos, con
los suspiros amorosos perdidos con el estar enamorado y no correspondido. Es
encontrar en esos recuerdos los amigos perdidos, es sentirte querido y poder
querer del mismo modo como lo hiciste en el ayer. Es reafirmar que saliste a
demostrar que ¡Aquí se nace con talento! y te atreviste a enfrentar el reto a
lo desconocido.
En el camino de la vida vamos enfrentando situaciones las cuales unas tienen la
satisfacción de lograr lo que te propones; y otras es aprender de los fracasos
y errores. Las unas te hacen llorar, las otras crecer, las unas te desconsuelan
las otras te enorgullecen, es sentirte vivo, capaz, solvente. Es vivir tu
propia experiencia y sentirte satisfecho en el resultado obtenido, ese que te
hace sentirte vivo y orgulloso en lo que eres. Es entonces cuando te sientes
capaz en dar esa sonrisa, ese ser amable con tu gente y con los demás, es
cuando sin que se te pida ofreces lo mejor de ti, es sentirte satisfecho,
gozoso, pleno, querido, y enamorado de la vida.
La vida puede hacer estragos contigo, tener miedo en ser tú mismo y eso es lo
que le trasmites a los que la comparten cerca de ti. Sin embargo, es la misma
vida la que te ofrece la revancha y puedes pasar de la persona llena de
complejos a ser una persona plena sin prepotencia, lleno de humildad y amor al
prójimo. La vida, se trata de vivirla y que cada instante nos dé un
aprendizaje.
La vida es saber que la verdadera felicidad es hacer feliz a los que amamos; es
reírnos a carcajadas hasta quedarnos sin aliento, es sentarse a conversar con
la familia; es compartir con los amigos y saber que hay uno de ellos en el que
confías más que en ti mismo; es saber que tuviste al mejor padre del mundo, que
lo abrazaste y que le dijiste cada vez que pudiste que lo amabas; es tener viva
a tu madre por la que darías tu propia vida; es estudiar lo que más te gusta;
es leer un buen libro; es ir al rio y bañarte desnudo, es conversar con todos
tus amigos o con uno de ellos y que el calor de esa compañía sea más fuerte que
el calor del sol. La vida me ha enseñado que una sonrisa amable es la llave
para abrir hasta las mismas puertas del infierno por eso valoro lo que Dios me
ha dado.
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