HASTA QUE LA
MUERTE, NOS SEPARE
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
El caso es que todos nos juntamos buscando en el otro lo distinto, lo
opuesto, lo complementario y luego, nada más casarnos, queremos cambiarles
porque, aquello por lo que les hemos elegido, lo que nos hacía gracia, nos
incomoda, nos irrita, nos aleja y nos rompe el amor.
Algunas viudas se han dado a la tarea de soltar la chancla, andar en los
bares, joviales, recién pintaditas, con cirugías, optimistas y sin compromisos
que las vuelvan atar. Beben y bailan como las jóvenes, se alocan y hacen el
ridículo tratando de imitarlas, al mismo tiempo depositan dinero en las bolsas
de sus amantes buscando el efecto del amor pagado o el sexo prostituido, pero
los achaques que padecen les preocupan muy poco y hacen sus locuras al sentirse
satisfechas de sus chifladuras.
Navegan, nadan, se hunden, saborean las delicias a grandes sorbos y
gritan a los cuatro vientos que son libres, modernas ante el descrédito de sus
malos comportamientos. Lo cierto es que la vergüenza, el demérito social les
hace daño ante su propia infamia, su deshonor y se conciben las ofendidas. Todo
el mundo le silba; ¿qué importa si ella se aplaude a si misma? Y es únicamente
la locura la que hace que uno se aplauda a sí mismo. “Es una desgracia a esa
edad, vivir en el error y en la ignorancia”.
No veo por qué razón debe ser desgraciada si la vida en sus momentos le
entrego juventud y de vieja lamenta no poder volar. Hay que vivir conforme a
nuestro nacimiento, educación, cultura, y naturaleza. La que nace para la calle
ni con barriles agua bendita tomada se le quita. También las escucho en sus
nostalgias, su molesta soledad, el extrañar a quien estuvo con ellas y esto me
lleva a una nueva reflexión ¿Qué está pasando con el matrimonio? Una
institución que fue diseñada para crecer juntos, para la entrega sin
condiciones y que de repente ya estando dentro nos queremos salir volando sin
alas al sentir que la persona a la que elegimos es egoísta, hedonista, poco
generosa y mendiga con nosotros, que nos hace salir por las mañanas al trabajo
odiando al mundo entero y con la intención de que alguien nos la pague.
Novios convertidos en una sola persona que de ser libres se convierten
en dependientes hasta de pedir permiso para ir a la esquina a comprar un
refresco y que si te tardas ya está el temor en el amado en ser engañado en esa
pequeña ausencia. Seres que entusiasmados llegan ante el altar con un mundo de
ilusiones en formar una familia y terminan convirtiendo eso en un infierno.
¿Por qué el actual matrimonio no cumple su la función para la que fue
creado? ¿Por qué? no cumplimos nosotros en hacer la realidad que nos forjamos
antes de dar el “Si” y afirmar ¡Hasta
que la muerte, nos separe! ¿En dónde está la falla? ¿Por qué? prestarnos a
jurar ante Dios si al paso de los años la vida deja de ser plenitud personal y
nos damos cuenta que ya no queremos como creíamos a la persona aquella o que no
era tan mejor como creíamos antes de casarnos y ahora vivimos en el temor
tratando en ser mejor cada día ante los ojos de los demás, pero alejados de a
quien le juramos amor y queremos empujarla fuera de la casa que un día felices
le llamamos hogar, dulce hogar. ¿A que tenemos cuando envejecemos juntos y
vemos en las calles gente joven que nos incita a dejar el pasado y dejar entrar
los demonios del placer inmediato? ¿Por qué ese temor a plantear los propios
deseos y las propias necesidades?
Luego habrá que pactar, llegar a acuerdos, equilibrar las necesidades
personales a las necesidades comunes y esos tiras y aflojas que dan forma a la
cotidianidad matrimonial o al final del mismo. La pareja joven no sostiene las
estructuras del hogar, ya que ambos empujan sin mediar equilibradamente el
poder familiar, empujan tanto que terminan por odiarse acusándose de todo,
empequeñeciéndose, achicándose sus virtudes, degradándose en sus intimidades
por mero egocentrismo que los jóvenes llaman felicidad temprana y los viejos la
califican de felicidad barata la cual va a terminar recortando los sueños más
grandes de la otra persona. Su vida se
resignará a la mediocridad y no desarrollarán ni su faceta relacional, ni la
espiritual, ni la de compromiso con ellos mismos.
El matrimonio es hermoso cuando uno comparte los mínimos detalles y
disfruta los logros, cuando sabes que vives con alguien que te da seguridad
emocional, que está contigo y te fortalece en los momentos difíciles, que te va
acompañando para facilitarte la esperanza de la misma vida y que no te deja
durante toda su vida. Es una persona que hace que ambos se sientan cómodos, no
odiados o maldecidos, que se cuidan y cuidan cuando tienen familia a sus hijos
siempre unidos, siempre fieles, unidos y felices. Al casarte se supone que
encontraste la media naranja, la persona que sea suficiente en todos los
aspectos con sus bondades y sus genios, como compañera para alguien que sueñe
vivir en plenitud, para quien tenga el alma llena de esperanza.
Aunque en estas fechas los jóvenes piensan que “Ya, no existe la pareja
ideal, que eso es mero romanticismo trasnochado” Yo, expreso que es mentira, la
pareja se constituye para empujar juntos, no de un solo lado, juntos para
multiplicar los excelentes momentos que nos hacen cómplices de la felicidad, de
la realización plena del otro y le empujan a ser más, a estirar su alma. Son
parejas que están vivas, que viven sus gozos y sus equivocaciones, de sus
sombras de miedo, saben sacar lo positivo.
El matrimonio es para estar y
sentirse a gusto, en donde ambos habrá su corazón, que empujan a los suyos a
ser felices y a construir esta sociedad nueva donde todo ser humano pueda
alcanzar su plenitud. No, se trata de morir en el intento, sino de conseguir
alcanzar el sueño deseado con la persona escogida o esperado a sabiendas de que
la vida está llena de tentaciones, de demonios escondidos en lo más intimo de
nosotros, pero que hay que aprender acomodarlos para que no salgan, que no
broten, no dominen. Nada que sea obsesivo será positivo. Los manejos de las
emociones, siempre tienen que estar bajo control. Si decides no aventurar más,
tu vida irá perdiendo sentido. Cada descubrimiento, cada sorpresa, tiene su
magia.
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