sábado, 26 de agosto de 2023

 

HISTORIA EN SAN IGNACIO, SINALOA DANZAS, MÚSICA, VALS, CORRIDOS.”

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRONTEGUI

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano

Los indios Tepehuanos expresaban sus sentimientos rituales mediante la danza, entre las danzas que encontraron en Contra estaca, Santa Apolonia y la sierra hasta San Gerónimo de Ajoya el misionero Jesuita Hernando de Santarén fue la danza del venado, una danza dedicada al coyote, los matachines.

La danza del venado a venidó variando con los años y la conquista, lo mismo paso con la danza del coyote y los matachines. El venado era el bien y el coyote representaba el mal que les robaba sus animales (Gallinas, huevos, marranos, cabras, becerros, etc.)

Los matachines se vieron fuertemente influenciados por la religión católica y los misioneros les añadieron la danza de la cuaresma con fines evangelizadores. La tierra y la naturaleza eran la esencia espiritual de los nativos quienes se encontraban diseminados por la sierra con características geográficas difíciles en vencer. Los misioneros se dieron a la tarea en cambiar el ritmo y parte de su música para que encajara con el ritual evangélico.

Con los evangelizadores apareció la música del palo verde, quien venía en cierta forma a complementar la danza del coyote. Una manera común en la representación eran las Pascola quienes se arraigaron en la nueva población mestiza. La letra de las danzas fue muy pobre, más bien se aprovechaba el ritmo alegre combinado con lo anterior, hasta que se fue combinando mestizo, con criollo y rasgos de español.

Los buscadores de oro llegaban deslumbrados ante la inmensidad del bosque. Algunos vascos traían sus melodías, costumbres, manera de elaborar el pan, mermeladas. Se dejaban sentir canciones de escocesas, inglesas, irlandesas, vascas, Españolas mientras se buscaba el oro de las entrañas de la sierra de San Ignacio, Sinaloa y Durango.

No solo era una mezcla de canciones Europeas sino que ya venía incrustadas las rítmicas negras de la cuba traída desde el África. Un ejemplo: La chilena (Procedía de chile) era una especie de samba que cuando llego a Oaxaca le llamaron Cueca y al arribar a Sinaloa la conocieron como la Gallina.

El pueblo y las lejanas distancias en aquella época obligo a los moradores a componer sus propias canciones y fueron las clases sociales quienes inician con los Vals (Alejandra, compuesto en Mazatlán en 1907 por Enrique Mora) Rafael Oropeza le pago a Enrique Mora para que le compusiera un vals a una muchacha de la que estaba enamorado de nombre Alejandra Ramírez Urrea (Sobrina del poeta el Nigromante: Ignacio Ramírez)

Llegan los corridos: La piedra, el toro, la paloma, azul, el cuervo, la gallina, la culebra huevera, la reventada, la barrigona, el caballo bayo, cinco borregos, el caballo blanco, Heraclio Bernal, el quelite etc. Llega a Sinaloa el maestro de música Ángel Vidarique en 1895, tomando el mando de la formación de una banda del estado.

El maestro Vidarique se da a la tarea en recorrer los pueblos y recoger las canciones que se entonaban en esa época. En 1905 aparece la canción de la Valentina: Una pasión me domina y es la que me hizo venir, Valentina, Valentina, yo te quisiera decir. Dicen que por tus amores un mal me van a seguir, no le hace que sean la fiebre, yo también se me morir.

Ese tiempo de la revolución traerá en su música la Adelita: Si Adelita se fuera con otro, la seguiría por tierra y por mar, si por mar en un buque de guerra, si por tierra en un tren militar.

El pueblo goza los cientos de corridos que relatan la vida de sus ídolos, los que cantan versos a su amada, a su madre, los hijos que dejaron en sus jacales para aventarse a la bola. La letra picara con doble sentido, todo va influyendo en el sentimiento del pueblo. Canciones que retratan molestias, alegrías, triunfos, desengaños, estado de ánimo social.

Canciones que las componía una persona y las terminaba otra modificándole lo que le convenía pero eso sí, aprovechando el ritmo. Entre los músicos reconocidos nos quedan Enrique Mora, Enrique Navarro, Severiano Moreno, Miguel C. Castro, Martiniano Carvajal, Rafael Jarero, Adolfo Rivera, Fernando Valadez a quien lo inmortalizo su composición “Porque no he de llorar”, Los Hermanos Blancarte. Ellos y muchos otros hicieron escuela en las generaciones siguientes que aun hacen palpitar los corazones con aquellos ritmos y letras.

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