HISTORIA EN
SAN IGNACIO, SINALOA DANZAS, MÚSICA, VALS, CORRIDOS.”
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRONTEGUI
Diplomado y
Maestría en Desarrollo Humano
Los indios
Tepehuanos expresaban sus sentimientos rituales mediante la danza, entre las
danzas que encontraron en Contra estaca, Santa Apolonia y la sierra hasta San
Gerónimo de Ajoya el misionero Jesuita Hernando de Santarén fue la danza del
venado, una danza dedicada al coyote, los matachines.
La danza del
venado a venidó variando con los años y la conquista, lo mismo paso con la
danza del coyote y los matachines. El venado era el bien y el coyote
representaba el mal que les robaba sus animales (Gallinas, huevos, marranos,
cabras, becerros, etc.)
Los
matachines se vieron fuertemente influenciados por la religión católica y los
misioneros les añadieron la danza de la cuaresma con fines evangelizadores. La
tierra y la naturaleza eran la esencia espiritual de los nativos quienes se
encontraban diseminados por la sierra con características geográficas difíciles
en vencer. Los misioneros se dieron a la tarea en cambiar el ritmo y parte de
su música para que encajara con el ritual evangélico.
Con los
evangelizadores apareció la música del palo verde, quien venía en cierta forma
a complementar la danza del coyote. Una manera común en la representación eran
las Pascola quienes se arraigaron en la nueva población mestiza. La letra de
las danzas fue muy pobre, más bien se aprovechaba el ritmo alegre combinado con
lo anterior, hasta que se fue combinando mestizo, con criollo y rasgos de
español.
Los
buscadores de oro llegaban deslumbrados ante la inmensidad del bosque. Algunos
vascos traían sus melodías, costumbres, manera de elaborar el pan, mermeladas.
Se dejaban sentir canciones de escocesas, inglesas, irlandesas, vascas,
Españolas mientras se buscaba el oro de las entrañas de la sierra de San
Ignacio, Sinaloa y Durango.
No solo era
una mezcla de canciones Europeas sino que ya venía incrustadas las rítmicas
negras de la cuba traída desde el África. Un ejemplo: La chilena (Procedía de
chile) era una especie de samba que cuando llego a Oaxaca le llamaron Cueca y
al arribar a Sinaloa la conocieron como la Gallina.
El pueblo y
las lejanas distancias en aquella época obligo a los moradores a componer sus
propias canciones y fueron las clases sociales quienes inician con los Vals
(Alejandra, compuesto en Mazatlán en 1907 por Enrique Mora) Rafael Oropeza le
pago a Enrique Mora para que le compusiera un vals a una muchacha de la que
estaba enamorado de nombre Alejandra Ramírez Urrea (Sobrina del poeta el
Nigromante: Ignacio Ramírez)
Llegan los
corridos: La piedra, el toro, la paloma, azul, el cuervo, la gallina, la
culebra huevera, la reventada, la barrigona, el caballo bayo, cinco borregos,
el caballo blanco, Heraclio Bernal, el quelite etc. Llega a Sinaloa el maestro
de música Ángel Vidarique en 1895, tomando el mando de la formación de una
banda del estado.
El maestro
Vidarique se da a la tarea en recorrer los pueblos y recoger las canciones que
se entonaban en esa época. En 1905 aparece la canción de la Valentina: Una
pasión me domina y es la que me hizo venir, Valentina, Valentina, yo te
quisiera decir. Dicen que por tus amores un mal me van a seguir, no le hace que
sean la fiebre, yo también se me morir.
Ese tiempo de
la revolución traerá en su música la Adelita: Si Adelita se fuera con otro, la
seguiría por tierra y por mar, si por mar en un buque de guerra, si por tierra
en un tren militar.
El pueblo
goza los cientos de corridos que relatan la vida de sus ídolos, los que cantan
versos a su amada, a su madre, los hijos que dejaron en sus jacales para
aventarse a la bola. La letra picara con doble sentido, todo va influyendo en
el sentimiento del pueblo. Canciones que retratan molestias, alegrías,
triunfos, desengaños, estado de ánimo social.
Canciones que
las componía una persona y las terminaba otra modificándole lo que le convenía
pero eso sí, aprovechando el ritmo. Entre los músicos reconocidos nos quedan
Enrique Mora, Enrique Navarro, Severiano Moreno, Miguel C. Castro, Martiniano
Carvajal, Rafael Jarero, Adolfo Rivera, Fernando Valadez a quien lo inmortalizo
su composición “Porque no he de llorar”, Los Hermanos Blancarte. Ellos y muchos
otros hicieron escuela en las generaciones siguientes que aun hacen palpitar
los corazones con aquellos ritmos y letras.
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