sábado, 21 de octubre de 2023

 

1.1.             MI SUEÑO EN SER MAESTRA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Mis dos primeros grados en primaria fueron maestros y en tercero me toco la maestra Chagua. - Mi primera maestra. - Es una de esas profesoras que combinaban una enorme experiencia docente, una gran cantidad de conocimientos y una actitud verdaderamente creativa y sincera hacia el proceso mismo de enseñar a los niños. Dicen de estas personas que trabajan “con pasión”, dándolo todo por el trabajo. Soy una persona que nació en un pueblo en una familia numerosa. Mi padre trabajó en el campo toda su vida y mi madre lo apoyaba en el trabajo y dedico su tiempo a criar los hijos. Cuando tenía 7 años, fui a la escuela del pueblo.

 Y, como cualquier niña, cuando me preguntaban ¿Qué vas a ser de adulto? Elegía profesiones que llamaban mi atención. Mi decisión La mayoría de las personas eligen su futura profesión mientras aún están en la escuela, y su decisión a menudo está influenciada por los maestros que le abrieron la puerta a tal o cual tierra del conocimiento. Un ejemplo para mi dijo Angélica, fue la maestra Chagua. Maestra cuya personalidad era concisa, conocedora, exigente, tuvo un tacto especial al comunicarse con nosotros.

 Sentí una conexión invisible, un respeto ilimitado, una confianza en esta persona e involuntariamente me sorprendí queriendo ser como ella. Despues de finalizar mi secundaria ingrese a la escuela normal iniciándome en mi carrera docente como maestra de primaria. El primer maestro en la escuela primaria es muy importante para los niños. Es la persona quien nos da lo básico, nos introduce en la vida, nos introduce en las rutinas escolares y nos ayuda a acostumbrarnos a un nuevo entorno.

 Cada maestra, día tras día, año tras año, se entrega a los niños, completamente, sin reservas. Recuerdo que cuando aún no había ido a la escuela tenía mucho miedo de por lo que se decía de la maestra Chagua y su carácter duro. Mamá también estaba muy preocupada tratando de tranquilizarme. Yo, estaba desesperada esperando este día en el que la vería y finalmente podría conocerla en persona. Por fin llego el día 02 de septiembre. Es muy emocionante estar esperando. Por fin la veo a ella, mi primera maestra.

 Una mujer de estatura media, no bonita, con rostro seco, una mirada poco amigable, y una sonrisa irónica, Se quedó mirándome de pies a cabeza como si deseara traspasar mi cuerpo y observar lo que tenía adentro. Yo, nerviosa le sonríe, y entre al salón en donde ella me indico el lugar que me tocaría durante todo ese grado escolar. Ella lucía un corte de cabello a los hombros, color negro en su pelo, estaba cuidadosamente recogido en la parte posterior de su cabeza. Y desde debajo de unas hermosas cejas negras ligeramente curvadas, unos atentos ojos castaños detrás de sus lentes, me miraban. Parecía que su mirada se dirigía a cada uno de nosotros individualmente, pero al mismo tiempo veía a toda la clase a la vez.

 En esos pocos minutos en que la maestra, en silencio, con una sonrisa apenas perceptible, nos miraba a nuestro alrededor, teníamos la sensación de que lograba penetrar el alma de cada alumno, estudiar su carácter, escuchar sus pensamientos. Intentó transmitir su amor por la materia a sus alumnos y siempre abordó su trabajo con imaginación y creatividad. Las lecciones siempre tuvieron brillantes connotaciones emocionales. Todo se volvió claro y comprensible. Fue una maestra de la antigua escuela tradicional altamente cualificada. Enseñaba en la escuela desde hace más de cuarenta y dos años.

 A lo largo de los años de trabajo en nuestra escuela, había producido numerosos grupos de adultos ya integrados a su vida productiva. Sus alumnos fueron profesores, abogados, médicos, administrativos. Un sin número de buenas personas habían pasado por su aula, y enseñanza, y todos le estaban agradecidos. Entre los alumnos de ella estaba mi madre, y sus hermanas. Una maestra estricta en la disciplina, y es ahí en donde el pueblo valoraba su trabajo como exitoso, y fructífero en la formación y educación de los niños. Era un honor salir sin reglazos de su aula, pero esa fue la forma de educar en la escuela tradicional.

 De niña soñaba con ser una maestra, y deseaba que mi sueño se hiciera realidad, no me arrepiento en haberlo lograrlo. Cada año en la escuela primaria y mis tres años en secundaria, mi sueño se hacía más fuerte. La maestra Chagua de tercer grado de primaria siempre ha estado presente en mi mente como si reviviera sus mejores momentos impartiendo lecciones de manera metódica y competente. Fue una amante de darle todo el tiempo posible a la aritmética y biología, así como a la historia, pero creo que su fuerte era la matemática. Realmente quería que los futuros adultos estuvieran bien preparados para la vida cotidiana. Una maestra excelente, y en parte gracias a ella decidí ser maestra. Ya, no se exige la disciplina de la escuela tradicional.

 En mi profesión lo que más me gusta es ver chispas de felicidad al adquirir nuevos conocimientos o descubrimientos por parte de los niños. Me gusta mucho ver su determinación y perseverancia, su capacidad de no darse por vencido en una situación difícil, pero siempre, bajo cualquier condición, de ir hacia su objetivo. Estoy orgullosa de cada uno de los niños que han estado en los grupos a lo largo de mi trayectoria. Creo que elegí la carrera correcta. Me permite no quedarme quieta, sino desarrollarme y mejorar constantemente. Con mi amor por los niños algo que ellos se sientan feliceses, y descubrí que es la actitud de la maestra hacia ellos el principal detonante de este estado de ánimo.

 Como dije, de la maestra Chagua siempre me sorprendió el cuidado y esmero con el que se preparaba para cualquier tarea. Fue una profesora estricta y exigente, a la que al principio le temía, pero cuando la fui conociendo me di cuenta al mismo tiempo que era una persona amable, comprensiva y con un alma enorme y pura. Nunca faltaba a pesar de estar enferma, siempre evaluaba objetivamente las actividades, nos daba recomendaciones sobre el uso de material didáctico en las lecciones. En situaciones difíciles, apoyaba a cualquier niño, le compartía consejos. Con ella como maestra en tercer grado de primaria aprovecha para recordar su forma de manejo en el aula y eso me ayudo bastante por su amplia experiencia.

 Ella siempre estaba dispuesta a cooperar. Me quedó claro que ella fue una maestra competente, responsable, trabajadora, decidida y justa. Hoy despues de varios años de muerta es una persona respetada en nuestro pueblo, siempre se puede seguir su ejemplo en todo. La escuela necesita que trabajen en ella personas enamoradas de su profesión. Una maestra enamorada de los niños nunca se siente sola, siempre está rodeada de niños. Probablemente, dentro de su alma, ella fue una chica alegre, amable, justa, atenta, de carácter alegre y sociable. Sin embargo, para ser contratada en aquella época se exigía en la escuela tradicional todo lo contrario y férrea disciplina.

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