1.1.
MI
SUEÑO EN SER MAESTRA
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad
Nacional Autónoma de México.
Mis dos primeros grados en primaria fueron maestros y en
tercero me toco la maestra Chagua. - Mi primera maestra. - Es una de esas profesoras
que combinaban una enorme experiencia docente, una gran cantidad de
conocimientos y una actitud verdaderamente creativa y sincera hacia el proceso
mismo de enseñar a los niños. Dicen de estas personas que trabajan “con
pasión”, dándolo todo por el trabajo. Soy una persona que nació en un pueblo en
una familia numerosa. Mi padre trabajó en el campo toda su vida y mi madre lo
apoyaba en el trabajo y dedico su tiempo a criar los hijos. Cuando tenía 7
años, fui a la escuela del pueblo.
Y, como cualquier
niña, cuando me preguntaban ¿Qué vas a ser de adulto? Elegía profesiones que
llamaban mi atención. Mi decisión La mayoría de las personas eligen su futura
profesión mientras aún están en la escuela, y su decisión a menudo está
influenciada por los maestros que le abrieron la puerta a tal o cual tierra del
conocimiento. Un ejemplo para mi dijo Angélica, fue la maestra Chagua. Maestra
cuya personalidad era concisa, conocedora, exigente, tuvo un tacto especial al
comunicarse con nosotros.
Sentí una conexión invisible, un respeto ilimitado, una
confianza en esta persona e involuntariamente me sorprendí queriendo ser como
ella. Despues de finalizar mi secundaria ingrese a la escuela normal
iniciándome en mi carrera docente como maestra de primaria. El primer maestro
en la escuela primaria es muy importante para los niños. Es la persona quien
nos da lo básico, nos introduce en la vida, nos introduce en las rutinas
escolares y nos ayuda a acostumbrarnos a un nuevo entorno.
Cada maestra, día tras día, año tras año, se entrega a los
niños, completamente, sin reservas. Recuerdo que cuando aún no había ido a la
escuela tenía mucho miedo de por lo que se decía de la maestra Chagua y su
carácter duro. Mamá también estaba muy preocupada tratando de tranquilizarme. Yo,
estaba desesperada esperando este día en el que la vería y finalmente podría
conocerla en persona. Por fin llego el día 02 de septiembre. Es muy emocionante
estar esperando. Por fin la veo a ella, mi primera maestra.
Una mujer de estatura
media, no bonita, con rostro seco, una mirada poco amigable, y una sonrisa
irónica, Se quedó mirándome de pies a cabeza como si deseara traspasar mi
cuerpo y observar lo que tenía adentro. Yo, nerviosa le sonríe, y entre al
salón en donde ella me indico el lugar que me tocaría durante todo ese grado
escolar. Ella lucía un corte de cabello a los hombros, color negro en su pelo,
estaba cuidadosamente recogido en la parte posterior de su cabeza. Y desde
debajo de unas hermosas cejas negras ligeramente curvadas, unos atentos ojos
castaños detrás de sus lentes, me miraban. Parecía que su mirada se dirigía a
cada uno de nosotros individualmente, pero al mismo tiempo veía a toda la clase
a la vez.
En esos pocos minutos
en que la maestra, en silencio, con una sonrisa apenas perceptible, nos miraba
a nuestro alrededor, teníamos la sensación de que lograba penetrar el alma de
cada alumno, estudiar su carácter, escuchar sus pensamientos. Intentó
transmitir su amor por la materia a sus alumnos y siempre abordó su trabajo con
imaginación y creatividad. Las lecciones siempre tuvieron brillantes
connotaciones emocionales. Todo se volvió claro y comprensible. Fue una maestra
de la antigua escuela tradicional altamente cualificada. Enseñaba en la escuela
desde hace más de cuarenta y dos años.
A lo largo de los años de trabajo en nuestra escuela, había
producido numerosos grupos de adultos ya integrados a su vida productiva. Sus
alumnos fueron profesores, abogados, médicos, administrativos. Un sin número de
buenas personas habían pasado por su aula, y enseñanza, y todos le estaban
agradecidos. Entre los alumnos de ella estaba mi madre, y sus hermanas. Una
maestra estricta en la disciplina, y es ahí en donde el pueblo valoraba su
trabajo como exitoso, y fructífero en la formación y educación de los niños.
Era un honor salir sin reglazos de su aula, pero esa fue la forma de educar en
la escuela tradicional.
De niña soñaba con ser una maestra, y deseaba que mi sueño se
hiciera realidad, no me arrepiento en haberlo lograrlo. Cada año en la escuela
primaria y mis tres años en secundaria, mi sueño se hacía más fuerte. La
maestra Chagua de tercer grado de primaria siempre ha estado presente en mi
mente como si reviviera sus mejores momentos impartiendo lecciones de manera
metódica y competente. Fue una amante de darle todo el tiempo posible a la
aritmética y biología, así como a la historia, pero creo que su fuerte era la
matemática. Realmente quería que los futuros adultos estuvieran bien preparados
para la vida cotidiana. Una maestra excelente, y en parte gracias a ella decidí
ser maestra. Ya, no se exige la disciplina de la escuela tradicional.
En mi profesión lo que más me gusta es ver chispas de
felicidad al adquirir nuevos conocimientos o descubrimientos por parte de los
niños. Me gusta mucho ver su determinación y perseverancia, su capacidad de no
darse por vencido en una situación difícil, pero siempre, bajo cualquier
condición, de ir hacia su objetivo. Estoy orgullosa de cada uno de los niños
que han estado en los grupos a lo largo de mi trayectoria. Creo que elegí la
carrera correcta. Me permite no quedarme quieta, sino desarrollarme y mejorar
constantemente. Con mi amor por los niños algo que ellos se sientan feliceses,
y descubrí que es la actitud de la maestra hacia ellos el principal detonante
de este estado de ánimo.
Como dije, de la
maestra Chagua siempre me sorprendió el cuidado y esmero con el que se
preparaba para cualquier tarea. Fue una profesora estricta y exigente, a la que
al principio le temía, pero cuando la fui conociendo me di cuenta al mismo
tiempo que era una persona amable, comprensiva y con un alma enorme y pura.
Nunca faltaba a pesar de estar enferma, siempre evaluaba objetivamente las
actividades, nos daba recomendaciones sobre el uso de material didáctico en las
lecciones. En situaciones difíciles, apoyaba a cualquier niño, le compartía
consejos. Con ella como maestra en tercer grado de primaria aprovecha para
recordar su forma de manejo en el aula y eso me ayudo bastante por su amplia
experiencia.
Ella siempre estaba dispuesta a cooperar. Me quedó claro que
ella fue una maestra competente, responsable, trabajadora, decidida y justa.
Hoy despues de varios años de muerta es una persona respetada en nuestro
pueblo, siempre se puede seguir su ejemplo en todo. La escuela necesita que
trabajen en ella personas enamoradas de su profesión. Una maestra enamorada de
los niños nunca se siente sola, siempre está rodeada de niños. Probablemente,
dentro de su alma, ella fue una chica alegre, amable, justa, atenta, de carácter
alegre y sociable. Sin embargo, para ser contratada en aquella época se exigía
en la escuela tradicional todo lo contrario y férrea disciplina.
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