EDUCACIÓN ¿GASTO O
INVERSION?
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La educación pública en
México se sigue viendo como gasto público y no como inversión para el
desarrollo comprometiéndose al pueblo mexicano a más de lo mismo.
La mal llamada reforma
educativa “No tiene nada de reforma” al ser un plan sin inversión por lo que no
tiene mucho sentido el reclamar una educación de calidad cuando el que no está
cumpliendo es el propio patrón “Gobierno”, la deserción aumenta, los reprobados
igual, la apatía, y continua el discurso justificador de que desertan por
problemas familiares, por desplazamiento de las familias ante la falta de
empleo, sin olvidar el aburrimiento por los contenidos y la forma de enseñar,
además de la inutilidad de estudiar para salir con un título y las manos
vacías.
Claro que hay problemas
en la educación, como también cada vez son más los reprobados y repetidores que
cuestan dinero, y esos rezagados no han causado mayor gasto porque han ido a
parar en una mayor aglomeración en el aula sin inversión adicional. Una educación
sin maestros que se sientan respetados y mínimamente remunerados; sin primarias
amplias, limpias y bien mantenidas, y sin apoyos de padres de familia, con sobrecupo.
Al estudiante no le
interesa la educación ¿Por qué? Porque quien llega, no encuentra suficiente
calidad y quiere salirse pero sus padres y otros familiares no dejan que lo
haga y hacen esfuerzos posibles para mantenerlo en un estudio que ni ellos
mismos aprecian por sus frutos, por el aumento de la falta de probabilidad de
empleo digno y por la satisfacción que ellos perciben de que permanezca
estudiando para que no ande de vago. Sin calidad por parte del currículo ni por
el estudiante no es pues posible ni siquiera lograr las metas de terminación de
estudios. Pensar en la cobertura total sin dinero adicional es una locura, es
lo más cercano a la varita mágica o a la futura justificación de que los
maestros no están capacitados.
La apuesta por la calidad
se ha centrado en la publicación de estándares básicos de competencias y en la
aplicación de pruebas masivas que pretenden medir competencias, pruebas
memorísticas que contradicen la educación de calidad, pretendiendo que el
llamado “círculo de calidad” se cierre con criterios de estándares, pruebas, y
planes de mejoramiento. Sin planes de apoyo financiero, de mejoramiento de la
infraestructura, sin dotación adicional y sin formación continuada de los
docentes, no funcionan los planes de apoyo y los desempeños en las pruebas
seguirán siendo muy bajos o mejor dicho el hazmerreír de los padres y la
justificación culpatoria de la SEP.
Ni siquiera tenemos un
buen marco teórico para las competencias de las cuales nos están hablando y
continuaremos copiando modelos alemanes, ingleses y norteamericanos que nos
sirven mucho para las competencias laborales certificables, pero no tanto para
las académicas. Aun suponiendo que tuviéramos el marco teórico apropiado, nos
faltaría saber cómo evaluar por competencias. Los exámenes del CENEVAL algo han
aportado, los de saber menos, y a vernos limitados a exámenes escritos de
preguntas cerradas es muy severa para una evaluación por competencias. Pero aun
suponiendo que supiéramos cómo evaluar por competencias, todavía faltaría lo
más difícil: no sabemos cómo enseñar para el desarrollo de competencias ni cómo
formar a los maestros que no aprendieron así para que enseñen así.
Los estándares, las pruebas y el fracaso en
los planes de mejoramiento pueden lograrse a la larga, a pesar de las
declaraciones y las buenas intenciones, más bien expulsar más alumnos del
sistema, desmoralizar a los maestros y desacreditar irremediablemente las
instituciones públicas para que obtengan bajos puntajes en los exámenes de
saber, sin que las familias que viven en sus alrededores tengan otra opción que
seguir enviando a sus hijos e hijas a las mismas para lo mismo: una educación
muy pobre para los muy pobres.
Si los estándares y los
planes de mejoramiento se quedan en meros documentos escritos, sin estar
acompañados de planes de apoyo a ese mejoramiento que incluyan mantenimiento y
reparación de los inmuebles; sin programas de dotación de pupitres, libros y
computadores, provisión de textos y otros materiales didácticos; sin formación
continuada y permanente de los docentes, sin investigación y sin asesoría
externa, no puede exigirse a nadie el cumplimiento de esos planes de
mejoramiento.
El máximo esperado en
esos exámenes será seis. De lo contrario, la excelencia se quedará para algunos
pocos colegios privados con cobros de dos mil pesos mensuales, y los padres y
madres de familia de esos colegios jamás se van a preocupar por la calidad de
la educación pública, aunque su hijo este recibiendo peor educación. La
contradicción es que los funcionarios que toman decisiones de alto nivel sobre
la educación pública, educan a sus hijos en colegios creyendo que son mejores
y, por lo tanto, no es de su interés.
Hay dificultades serias
de tipo teórico y práctico en decidir qué se puede hacer, en los ambientes
escolares fuera de los tiempos de clase y fuera de ellos en las actividades
extracurriculares, para formar a los estudiantes en competencias ciudadanas.
Aquí hay una contradicción que no permite una solución satisfactoria: al decir
que todos los maestros y maestras de cada institución son responsables de la
educación ciudadana, nadie se hace responsable de ella. Pero al señalar como
responsables sólo a los maestros, todos los demás se sienten eximidos de esa
responsabilidad, y puede ser que la formación en valores vaya a depender más de
ellos que de los señalados como responsables, pues los estudiantes se inmunizan
muy eficazmente contra los sermones de quienes intenten moralizarlos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario