LONGEVIDAD ENTRE HOMBRES Y
MUJERES
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN
ANTONIO
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano.
Hay una indiscutible base
biológica en la distinta longevidad de hombres y mujeres, puesto que esta
diferencia es extensible a todas las especies de mamíferos estudiados (para los
cuales se desconocen hábitos insalubres específicos entre los individuos
macho). ¿Cuál es esta base biológica que establece una distinta longevidad
entre sexos? Si entendemos el envejecimiento como un balance entre la cantidad
de daño al que estamos expuestos y la capacidad de reparación de ese daño de
nuestro organismo, deberíamos asumir que estando sometidos a los mismos
factores que afectan a nuestro organismo, una distinta capacidad de reparación
entre géneros podría ser responsable de esa distinta longevidad.
¿Qué sentido podría tener que un
organismo femenino repare mejor el daño que uno masculino? Tom Kirkwood, toda
una autoridad de la biología molecular del envejecimiento y director del
Institute for Ageing and Health de la Universidad de Newcastle en el Reino
Unido, propone que un organismo está constituido por células germinales
(reproductoras) inmortales y por células somáticas mortales.
El soma es útil únicamente en
cuanto que garantiza la reproducción y con ello la transmisión de la
información genética presente en la línea germinal. Existe un equilibrio entre
el gasto de recursos que son empleados en la reparación y el mantenimiento
somático y los necesarios para la reproducción. Una vez garantizada la
reproducción, el soma es desechado con la satisfacción del deber cumplido. Tom
Kirkwood especula que el organismo femenino ha evolucionado para ser más
resistente, poseer mejores mecanismos de mantenimiento y reparación por ser el
garante del éxito de la reproducción. El soma femenino sería pues, menos
desechable. El organismo masculino cumple un papel en la reproducción mínimo y
una vez realizado es desechable.
Existen algunas evidencias
experimentales que apoyan estas teorías. Por ejemplo, existe una cierta
correlación inversa entre fecundidad y longevidad en muchas especies (menor
longevidad, mayor número de crías y viceversa). También existen trabajos que
apuntan a una mejor capacidad reparadora de las células de ratones hembra que
de ratones macho, y parece que esta diferencia se elimina tras la extracción
quirúrgica de los ovarios. Como muchos dueños de gatos y perros pueden
atestiguar, las mascotas castradas viven habitualmente más tiempo que las no
castradas.
Por tanto, la naturaleza
otorgaría a las hembras puntos extra por la sencilla razón de que ellas son
quienes deben asegurar la supervivencia de la especie. Las hembras cuidan de la
prole y la mayoría de los machos no. Por ello, las hembras soportan una presión
selectiva mayor para conservar sus cuerpos sanos durante más tiempo que los
machos. La longevidad femenina es más necesaria que la masculina.
Diversas investigaciones han
demostrado que los animales con una vida más larga tienen una mayor eficiencia
en sus sistemas de reparación y mantenimiento orgánicos que los animales de
corta vida; en los machos de casi todas las especies, incluida la humana,
podría ocurrir algo similar: éstos tendrían vidas más cortas que las hembras
porque son genéticamente más “desechables”, es decir, sus organismos gastarían
menos energía que los de las hembras en auto repararse.
- Influencia de las hormonas: la
culpable de que los varones se suiciden cinco veces más que las mujeres y sean
víctimas de accidentes de tráfico o muertes violentas más a menudo es la
testosterona. Esta hormona masculina lleva a niños y hombres a alcanzar grandes
niveles de actividad física, agresividad y competitividad que acortan sus
expectativas de vida. Tienen unas posibilidades tres veces más elevadas de ser
víctimas de un asesinato, cuatro veces más de cometer suicidio y, de
adolescentes, 11 veces más de ahogarse.
La testosterona también eleva
los niveles de colesterol malo en sangre, que aumenta sus posibilidades de
padecer una cardiopatía o un infarto cerebrovascular. Por el contrario, los
estrógenos, hormonas femeninas, elevan el colesterol bueno y existen ensayos
que aseguran que estas sustancias ejercen un cierto efecto protector sobre su
corazón. Los machos castrados viven más que los no castrados en casi todas las
especies animales.
Esto se debería a la menor
producción de testosterona, que se sintetiza sobre todo en los testículos. Las
mujeres tienen comportamientos más saludables, tienden a fumar menos, beber
menos, tomar menos drogas, conducir de forma menos agresiva y emplear menos la
violencia que los hombres.
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