HISTORIA DE LA MEDICINA
LARRAÑAGA TORRÓTEGUI RAMÓN
ANTONIO
Diplomado Y Maestría en
desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La medicina, al igual que otras
profesiones, ha evolucionado con el pasar de los años; en la edad media se
tenía un pensamiento un poco alejado de lo que hoy en día se cree (en la
mayoría de las culturas), pues de hecho constaba de una intrigante mezcla de
supersticiones, tradiciones, plantas medicinales y conocimientos transmitidos
por los antiguos griegos, por ende, mucha gente creía que las enfermedades eran
castigos divinos, y los médicos actuaban como curanderos.
Estos médicos relacionaban las enfermedades con la inestabilidad de los
cuatro humores: bilis negra con la tierra, sangre con el aire, bilis amarilla
con el fuego, y la flema con el agua. El método de curación común era conocido
como sangría pues se pinchaba al paciente y se le colocaban sanguijuelas que se
bebían la sangre afectada del cuerpo hasta que eran retiradas y aparentemente se
curaba el paciente.
Por el modo de trabajar y de interrelacionarse con los pacientes, muchos
de los médicos aportaban su ayuda sin esperar remuneraciones o incluso sin
haber recibido la capacitación formal para ejercer dicha labor. Los libros de
medicina estaban escritos en latín, y se piensa hoy en día que una de las
causas que las enfermedades se propagaran tan rápido era la falta de higiene y
la ausencia de hospital con los utensilios necesarios.
En la modernidad la medicina ha vivido un cambio de 180 grados con
respecto a ese pasado; hoy en día, aunque se continúa creyendo en el poder
divino, no se vincula directamente con una enfermedad, sino que se buscan
explicaciones lógicas y científicas como el diagnóstico para una enfermedad
venérea, para un cáncer, para una gripe, etc.
Los médicos de hoy en día solo pueden
ejercer la profesión si tienen el título de médico por haber cursado todas las
horas académicas correspondientes en la escuela de medicina, y no tener ningún
impedimento. Así como también han evolucionado las técnicas de estudios y es
mucho más rápido dar un diagnóstico y por ende mandar un tratamiento más
eficaz, que los antiguos. Para Galeno, fue
Xerófilo fue el primero en disecar tanto animales como seres humanos, lo que
seguramente se refiere a disecciones públicas, ya que Diocles de Caristo
probablemente ya lo había hecho un siglo antes en Atenas.
Herófilo era un profesor muy
popular que escribió libros acerca de anatomía, ojos y los partos, pero sus
escritos se perdieron; de todos modos, sus contribuciones fueron numerosas.
Reconoció que el cerebro es el sitio de la inteligencia (mientras que
Aristoteles creía estaba en el corazón) distinguió entre los nervios motores y
los sensoriales, describió las meninges. Herófilo, separó al cerebro del
cerebelo, identificó el cuarto ventrículo y bautizó al calamus scriptorius
porque le recordó a la pluma con que escribían los griegos de entonces. También
le dio su nombre a la próstata y al duodeno, distinguió entre arterias y venas,
y describió los vasos quilíferos. Otro de esa época lo fue Erasistrato era más
joven pero contemporáneo de Herófilo y sus obras también se perdieron; lo que
se sabe de él se debe a Galeno, quien escribió dos libros en su contra.
Erasístrato profesaba la medicina
racionalista y se oponía a todo tipo de misticismo, aunque concebía que la
naturaleza actuaba en forma externa para configurar las funciones del
organismo; en esto se oponía al concepto de "esencia" de Aristóteles,
que actuaba como una fuerza interna o innata. - Erasístrato concebía que los tejidos estaban
formados por una malla fina de arterias, venas y nervios, pero pensó que en
algunos los intersticios se llenaban con el parénquima. Trazó el origen de los
nervios primero a la dura madre, pero posteriormente lo corrigió e identificó
al cerebro como su terminación; consideró que los ventrículos cerebrales
contenían un espíritu animal y que los nervios lo conducían a los tejidos.
Pensó que, en el corazón, el ventrículo derecho contenía sangre y el izquierdo
espíritu vital o perna; durante la diástole llegaría sangre al ventrículo
derecho y espíritu vital, que se expulsarían en la sístole.
Erasístrato nombró a la válvula tricúspide y
señaló con claridad la función de las dos válvulas aurícula-ventriculares y de
las semilunares; según Singer, también imaginó la comunicación entre venas y
arterias para explicar por qué las arterias aparecen vacías en el cadáver y sin
embargo sangran cuando se cortan en vivo. - Erasístrato estuvo a punto de
descubrir la circulación sanguínea, lo que no ocurrió sino hasta 1628. Y, como
en todos los avances Erasistrato fue acusado de desecar personas vivas y que el
faraón le proporcionaba humanos condenados o asesinos para su labor.
Tales acusaciones son poco
probables, si consideramos que: 1) siempre ha habido prejuicios, especialmente
religiosos, en contra de las disecciones y a través de la historia se han hecho
acusaciones semejantes a otros anatomistas, como Carpi, Vesalio y Falopio; 2)
ninguno de los acusadores era médico y dos de ellos eran religiosos, 3) nadie
más repitió la acusación, incluyendo a Galeno. Todo se perdió con la quema de la biblioteca
de Alejandría, misma que fue convertida en iglesia sobre sus ruinas.
CELSO: El libro de Celso es hipocrático,
pero está enriquecido con conceptos alejandrinos y también hindúes. Está
dividido en tres partes, según la terapéutica utilizada: dietética,
farmacéutica y quirúrgica. Celso describe y critica a los empiristas y a los
metodistas, porque los primeros pretenden curar todas las enfermedades con
drogas, mientras los segundos se limitan a dieta y ejercicios. De Medicina
contiene suficiente anatomía para convencernos de que Celso estaba al día en
esta materia, pero no demasiada porque el libro estaba dirigido al médico práctico.
Entre las causas de las enfermedades menciona las estaciones, el clima, la edad
del paciente y su constitución física. Los síntomas discutidos, como fiebre,
sudoración, salivación, fatiga, hemorragia, aumento o pérdida de peso, dolor de
cabeza, orina espesa, y muchos otros, se analizan conforme a la tradición
hipocrática; la descripción de los distintos tipos de paludismo es magistral.
En otras de sus páginas se
encuentran el lethargus, enfermedad caracterizada por sueño invencible que
progresa rápidamente hacia la muerte-, tuberculosis y otras formas de caquexia,
las jaquecas de distintos tipos, el asma, la disnea, la neumonía, las
enfermedades renales, las gástricas, las hepáticas, las diarreas, etc. Las
medidas dietéticas e higiénicas que recomienda Celso para estos padecimientos
son hipocráticas: ejercicio moderado, viajes frecuentes estancias en el campo,
abstención de ejercicios violentos, de relaciones sexuales y de bebidas
embriagantes.
Deben evitarse los cambios bruscos de dieta o de clima, y preferirse las medidas para bajar de peso (una comida al día, purgas frecuentes, baños en agua salada, menos horas de sueño, gimnasia y masajes); las recomendaciones dietéticas ocupan la mitad del segundo libro y la hidroterapia se discute extensamente. Celso divide las drogas conocidas según sus efectos en purgantes, diaforéticas, diuréticas, eméticas, narcóticas, etc.; la acción anestésica del opio y la mandrágora que contiene escopolamina y hioscianina) ya era bien conocida. La mejor parte del libro de Celso es la quirúrgica, que ocupa los libros VII y VIII, en ella dice:
La tercera parte del
arte de la medicina es la que cura con las manos, no omite medicamentos y
dietas reguladas, pero hace la mayor parte con las manos. El cirujano debe ser
joven o más o menos, con una mano fuerte y firme que no tiemble, listo para
usar la izquierda igual que la derecha, con visión aguda y clara, y con
espíritu impávido. Lleno de piedad y de deseos de curar a su paciente, pero sin
conmoverse por sus quejas o sus exigencias de que vaya más aprisa o corte menos
de lo necesario; debe hacer todo como si los gritos de dolor no le importaran.
Celso discute el manejo de las heridas y
señala que las dos complicaciones más importantes son la hemorragia y la
inflamación, lo que era realmente infección. Para la hemorragia recomienda
compresas secas de lino, que deben cambiarse varias veces si es necesario, y si
la hemorragia no cesa, entonces mojarlas en vinagre antes de aplicarlas. Pero
si todo esto falla, hay que identificar la vena que está sangrando, ligarla en
dos sitios y seccionaría entre las ligaduras. Celso recomienda aplicar a la
herida distintos medicamentos compuestos de acetato de cobre, óxido de plomo,
alumbre, mercurio, sulfuro de antimonio, carbón seco, cera y resma de pino
seca, mezclados en aceite y vinagre; otros componentes recomendados (Celso
propone 34 fórmulas diferentes) son sal, pimienta, cantáridas, vino blanco,
clara de huevo, ceniza de salamandra, heces de lagartija, de pichón, de
golondrina y de oveja.
La medicina en Roma también tuvo un desarrollo inicial esencialmente religioso. En los altos del Quirinal había un templo a Dea Salus, la deidad que reinaba sobre todas las otras relacionadas con la enfermedad, entre las que estaban Febris, la diosa de la fiebre, Uterina, que cuidaba de la ginecología, Lucina, encargada de los partos, Fessonia, señora de la debilidad y de la abstenía, etc. El estado de la práctica médica en esos tiempos puede apreciarse por la recomendación de Catón para reducir luxaciones: recitar y oraban para que el enfermo sanara. - En hridas aplicaban col molida.
La caída del Imperio romano; su naturaleza
esencialmente religiosa le permitió integrarse con las teorías médicas que
surgieron en el Imperio bizantino y que prevalecieron durante toda la Edad
Media. En el año 293 a.C. una terrible plaga asoló Roma. Alarmados por su
gravedad e indecisos sobre la solución, los ancianos consultaron los libros
sibilinos; la respuesta fue que buscaran la ayuda del dios griego Asclepios, en
Epidauro. La leyenda dice que se envió un navío especial, que el dios aceptó la
solicitud y viajó a Roma en forma de serpiente, que cuando llegó se instaló en
una isla del Tíber, y que la plaga terminó.
Los romanos agradecidos le
construyeron un templo al dios y lo conocieron con el nombre de Esculapio. El
primer médico griego que llegó a Roma en el año 219 a.C. se llamaba Archágathus
y al principio tuvo mucho éxito, pero como se inclinaba a usar el bisturí y el
cauterio con excesiva frecuencia, su popularidad cayó, como actualmente cae la
de los medicos que aun, no saben lo que el paciente padece cuando ya lo están
mandando al hospital a cirugía ¿Cosa de centavos?
Casi un siglo más tarde otro médico griego, Asclepíades de Prusa (124-50 a.C.) conquistó a la sociedad romana con su oratoria brillante, su parsimonia terapéutica y su oposición a las sangrías. Sus sucesores lo consideraron como el iniciador de una escuela opuesta al humoralismo hipocrático. Asclepíades manejaba una terapéutica mucho menos agresiva que la de los otros médicos griegos: sus dietas siempre coincidían con los gustos de los pacientes, evitaba purgantes y eméticos, recomendaba reposo y masajes, recetaba vino y música para la fiebre. Sus remedios eran muy simples, daba agua.
Este médico no llegó a Roma con esa profesión sino como profesor de retórica, pero como no tuvo éxito en esta ocupación decidió probar su suerte con la medicina, o sea que no tenía ninguna educación como médico antes de empezar a ejercer como tal, pero la gente lo seguía como aquellos médicos empíricos a quienes primero los metieron a la cárcel y luego salieron expulsado por falta de título, y que sin embargo curaba mejor que los titulados, hecho que causo esta envidia.
Aulio Cornelio Celso (30 a.C. 50 d.C.)
escribió, el mejor libro sobre la materia de toda la antigüedad. Este libro
formaba parte de una enciclopedia, El Libro Artibus, que también trataba de
agricultura, jurisprudencia, retórica, filosofía, artes de la guerra y quizá
otras cosas más, pero que se perdieron. ¡En 1426 (!13 siglos después!) se
encontraron dos copias completas de - De Medicina, que fue el primer libro
médico que se imprimió con el invento de Gutenberg (imprenta), en 1478, y el
único texto completo de medicina.
La medicina romana era
esencialmente griega, pero los romanos hicieron tres contribuciones
fundamentales: 1) los hospitales militares, 2) el saneamiento ambiental, y 3)
la legislación de la práctica y de la enseñanza médica.
Los hospitales militares o
valetudinaria se desarrollaron como respuesta a una necesidad impuesta por el
crecimiento progresivo de la República y del Imperio. Al principio, cuando las
batallas se libraban en las cercanías de Roma, los enfermos y heridos se
transportaban a la ciudad y ahí eran atendidos en las casas de los patricios. Cuando
las acciones empezaron a ocurrir más lejos, sobre todo cuando la expansión
territorial sacó a las legiones romanas de Italia, el problema de la atención a
los heridos se resolvió creando un espacio especialmente dedicado a ellos
dentro del campo militar.
La arquitectura de los hospitales
militares o valetudinaria era siempre la misma: un corredor central e hileras a
ambos lados de pequeñas salas, cada una con capacidad para 4 o 5 personas Estos
hospitales fueron las primeras instituciones diseñadas para atender heridos y
enfermos. Los hospitales civiles se desarrollaron hasta el siglo IV d.C., y
fueron producto de la piedad cristiana. 2) El saneamiento ambiental se
desarrolló muy temprano en Roma, gracias a las obras de la cloaca (Excusados
dentro de la ciudad), un sistema de drenaje que se vaciaba en el río Tíber y
que data del siglo VI a.C.
Otro dato encontrado es que En
la Ley de las Doce Tablas (450 a.C.) se prohíben los entierros dentro de los
límites de la ciudad, se recuerda a los ediles su responsabilidad en la
limpieza de las calles y en la distribución del agua. El aporte de agua se
hacía por medio de 14 grandes acueductos que proporcionaban más de 1 000
millones de litros de agua al día, y la distribución a fuentes, cisternas y a
casas particulares era excelente, pero en los barrios menos opulentos no tan
buena.
El agua se usaba para beber y
para los baños. Los baños eran públicos y casi gratuitos. También se colectaba
el agua de la lluvia, que se usaba para preparar medicinas. En general, las
condiciones de higiene ambiental en Roma eran tan buenas como podía esperarse
de un pueblo que desconocía por completo la existencia de los microbios. 3)
Durante la República la mayoría de los médicos eran esclavos o griegos, o sea,
sujetos en una posición subordinada. En el Imperio Julio César concedió la
ciudadanía a todos lo que ejercieran la medicina en Roma. En cuanto al sueldo.
-Los salarios de estos profesionales los fijaban los consejeros municipales.
También se organizó el servicio
médico de la casa imperial, y muchos de los patricios retenían en forma
particular a uno o más médicos para que atendieran a sus familias. Con el
tiempo también se legisló que la elección de un médico al servicio público
debería ser aprobada por otros siete miembros de ese servicio. Las plazas de
médicos eran muy solicitadas porque los titulares estaban exentos de pagar
impuestos y de servir en el ejército.
Desde los albores de la historia
el hombre ha buscado los medios para aliviar el dolor, vencerlo ha sido el
mayor esfuerzo y más constante en su lucha por sobrevivir. Los primeros
intentos por evitar el dolor humano comenzaron 3000 a.c. en las civilizaciones asentadas
a orillas del Tigris y el Éufrates los que usaban narcóticos vegetales, como la
adormidera, la mandrágora y el cannabis, que se cultivaba en Persia o en la
India. También en la cultura egipcia eran utilizados. Entre el 460- 377 a.c.
Hipócrates y Galeno usaron la esponja soporífera, esponja impregnada con una
preparación de opio, beleño, mandrágora, entre otras.
Se sabe que los griegos usaban
infusiones de hierbas de varios fármacos para provocar el sueño, esto quedo descrito
por Homero en la Odisea. Este brebaje incluía el loto (quizás la fruta del
azufaifo africano o el almez del sur de Europa). Para comprender la forma en
que se ha vencido el dolor y se ha logrado la anestesia, es necesario aclarar
que la paternidad de esta palabra en su significado moderno corresponde a
Dioscórides quien al describir los efectos de la mandrágora empleo la palabra
tal como se usa en la actualidad.
Los primeros pasos en busca de
la Anestesia iniciaron: Entre el 130- 200 d.C Paracelso, genio del Renacimiento
(siglo XVI) y Raimundo Lullio mezclaban ácido sulfúrico con alcohol caliente,
(éter sulfúrico) descubriendo que producía un profundo sueño, las conclusiones
de este hallazgo se perdieron en los archivos de Nürenberg, evitando la
aparición de la anestesia moderna en 300 años. Al empezar el siglo XIII llegó a
la Universidad de Bolonia el fraile dominico Teodorico de Lucca quien se
destacó por su habilidad quirúrgica, empleó esponjas empapadas en un narcótico
o mandrágora que aplicaba a la nariz del paciente, cuando este se dormía era
iniciado el acto quirúrgico.
En 1507 Américo Vespucio
menciona el hábito de los nativos de masticar hojas de coca adicionadas a cal
para fortalecerse. Es posible según hallazgos arqueológicos que estas plantas
fuesen utilizadas como anestésicos en las trepanaciones que practicaban, así
como en las amputaciones y reducciones de fracturas.
En 1551 el primer virrey, de la
nueva España (México) Don Antonio de Mendoza, fundó la Universidad, los
estudios de Medicina. - En ella se hacían curaciones, pequeñas intervenciones, antes
las hacian los barberos cirujanos, para quienes todo procedimiento anestésico
no existía.
Seria Ambrosio Paré en 1564.-
quien aplica enfriamiento o congelación en la zona operatoria como
“anestésico”. En 1665 Legismund Elshaltz inyecta solución de opio para producir
insensibilidad al dolor. En 1721 aparece la palabra “anaesthesia” en el
diccionario inglés de Bailey. El siglo XIX ofreció el mejor ambiente propicio
para la aparición de la anestesia. - Y se debió a que avanzo la química,
biología y la fisiología con nuevos hallazgos. Por otro, los médicos y los
cirujanos de las nuevas generaciones eran más sensibles ante los sufrimientos
de los enfermos.
Lo que si es cierto es que aun
los propios médicos seguían pensando que para empuñar un bisturí se necesitaba
tener el corazón bien curtido y el ánimo despiadado para no prestar atención al
dolor del paciente. Sin embargo, algunos médicos no dormían desde una noche
antes al pensar en que al otro día practicarían una cirugía, otros abandonaban
la carrera después de hacerlo. La brutalidad de las cirugías sin anestesia
llevaba a tener que usar varios ayudantes fuertes para que sujetaran al
paciente en la cama. Luego cerraban las puertas para que no lo escucharan en
sus desgarradores lamentos.
Por fin en 1831 Samuel Guthrie
(USA), Eugene Souberrain(Francia) y Justus Van Liebing (Alemania) sintetizan el
cloroformo. En 1842 Crawford W. Long utiliza el dietileter para producir
anestesia quirúrgica, en Jefferson, Georgia, USA. Administró éter a James
Venable para extirparle dos lesiones quísticas en la cabeza. Anteriormente ya
había administrado este químico con éxito para hacer indoloras las cirugías,
más se guardó el secreto de sus cirugías con la nueva anestesia la presento
tiempo después.
El 30 de septiembre de 1846,
William Thomas Green Morton, dentista de Boston, administro anestesia a su
paciente Eben H. Frost extrayendo exitosamente un diente y sin dolor. El
paciente le había pedido al dentista que lo hipnotizara, pero Morton, uso éter
sulfúrico. El profesor de Morton, Charles Thomas Jackson, fue quien había
sugerido a aquel el uso del éter.
Por este entonces Morton estudiaba el segundo año de la carrera de medicina y por ello pidió permiso al profesor de Cirugía de Harvard, Dr. John Collins Waren, para hacer una demostración pública de los efectos del éter en una operación mayor. Después de obtener el permiso se fijó la demostración para el 16 de octubre de 1846.
El
paciente fue Gilbert Abbout a quien se le extirpó sin dolor un tumor en el
cuello. A partir de esta fecha se abrieron nuevos caminos en la historia de la
anestesia y es una de las grandes contribuciones que ha hecho estados unidos a
la medicina mundial. En los meses y años
siguientes se comienza la administración de éter como anestesia quirúrgica en
la mayor parte del mundo.
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