PARACELSUS (IDEAL DEL MEDICO)
LARRAÑAGA TORRÓTEGUI RAMÓN
ANTONIO
Diplomado Y Maestría en
desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Paracelso fue un Médico muy apreciado, curó toda clase de heridas; la lepra, la gota, la hidropesía y otras varias enfermedades del cuerpo, con ciencia maravillosa. Fue el iniciador de la química farmacológica y se adelantó en la marcha de la medicina hacia las ciencias naturales. Se anticipó a todos en la experimentación de vacunas, la descripción de la neumoconiosis, el descubrimiento de la relación entre cretinismo y bocio y el empleo del hierro y otras substancias inorgánicas en la terapéutica; además, introdujo la noción de enfermedades metabólicas con la idea de enfermedades tartáricas, en que el tártaro, el veneno, aparecía depositado en los órganos, y la idea de substancias químicas como fármacos específicos.
Creador de la palabra espagiria: "separar para volver a reunir de una forma nueva" y desarrolló a través de ella: sales, elixires, tinturas, piedras vegetales y otros preparados que apuntan a la sanación en forma holística. Sus remedios nunca operaron solamente sobre los síntomas corpóreos de la enfermedad, sino también sobre las causas espirituales de las enfermedades. Según Paracelso, la naturaleza muestra el proceso de la curación. El médico es sólo un instrumento, su tarea consiste en descubrir las relaciones ocultas, coordinar una parte con otra. "Tan pronto como el hombre llega al conocimiento de sí mismo, no necesita ya ninguna ayuda ajena."
Expongo algunas de las frases de Paracelsus: “Pero como en la Medicina se ha mezclado tan inútil población, que no contempla ni busca más que su propio beneficio, ¿cómo puede ocurrir o seguirse que yo los invite al amor? Por mi parte me avergüenzo de la medicina prestigiosa, que ha caído en tal estafa” (Escrito 1537) El médico no es más que el servidor de la Naturaleza, y no su dueño. Por eso corresponde a la Medicina seguir la voluntad de la Naturaleza (Tres libros de cirugía, 1528) El médico procede de la Naturaleza, ella le hace; sólo aquel que obtiene su experiencia de la Naturaleza es un médico, y no aquel que con la cabeza y con ideas elaboradas escribe, habla y obra en contra de la Naturaleza y de sus peculiaridades (Tres libros de cirugía, 1528)
En una planta hay más
virtud y energía que en todos los gruesos libros que se leen en las
universidades, a los que no ha sido concedida larga vida (De las cosas
naturales, 1526) Es necesario que todo médico posea rica experiencia, y no sólo
de lo que viene en los libros, sino que los enfermos han de ser su libro, ellos
no le extraviarán... y no será engañado por ellos. Sin embargo, aquel que se
conforma con meras letras es igual que un muerto, y también como médico está
por así decirlo muerto. Entonces, como hombre y como médico mata a los
enfermos. Ni siquiera un mataperros puede aprender a desollar en los libros
sino tan sólo en la experiencia.
Y estas son sus 7 reglas: 1º Lo
primero es mejorar la salud. Para ello hay que respirar con la mayor frecuencia
posible, honda y rítmica, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a
una ventana. Beber diariamente en pequeños sorbos, dos litros de agua, comer
muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto posible, evitar el
alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que estuvieras por alguna causa
grave sometido a un tratamiento. Bañarte diariamente, es un habito que debes a
tu propia dignidad. 2º Desterrar
absolutamente de tu ánimo, por más motivos que existan, toda idea de pesimismo,
rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza.
Huir como de la peste de toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e inferiores por natural bajeza de entendimiento o por tópicos sensualistas que forman la base de sus discursos u ocupaciones. La observancia de esta regla es de importancia decisiva: se trata de cambiar la espiritual contextura de tu alma. Es el único medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos.
El azar no existe. 3º Haz todo el bien posible. Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna persona. Debes cuidar tus propias energías y huir de todo sentimentalismo. 4º Hay que olvidar toda ofensa, más aún: esfuérzate por pensar bien del mayor enemigo. Tu alma es un templo que no debe ser jamás profanado por el odio. Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero no te hablara así de pronto, tienes que prepararte por un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y perfecto en sí, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca.
5º Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada. Esto fortifica enérgicamente el cerebro y el Espíritu y te pondrá en contacto con las buenas influencias. En este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrírsenos a veces luminosas ideas, susceptibles de cambiar toda una existencia. Con el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente por una voz interior que te guiara en tales instantes de silencio, a solas con tu conciencia. Ese es el daimon de que habla Sócrates. 6º Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales. Abstenerse, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aun de tus más íntimos todo cuanto pienses, oigas, sepas, aprendas, sospeches o descubras. Por un largo tiempo al menos debes ser como casa tapiada o jardín sellado. Es regla de suma importancia.
7º Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el día de mañana. Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien. Jamás te creas solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños. Si elevas tu espíritu no habrá mal que pueda tocarte. El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo. El miedo y desconfianza en el futuro son madres funestas de todos los fracasos, atraen las malas influencias y con ellas el desastre.
Si estudias atentamente a las personas de buena suerte, veras que intuitivamente, observan gran parte de las reglas que anteceden. Muchas de las que allegan gran riqueza, muy cierto es que no son del todo buenas personas, en el sentido recto, pero poseen muchas virtudes que arriba se mencionan.
Por otra parte, la riqueza no es sinónimo de
dicha; Puede ser uno de los factores que a ella conduce, por el poder que nos
da para ejercer grandes y nobles obras; pero la dicha más duradera solo se
consigue por otros caminos; allí donde nunca impera el antiguo Satán de la
leyenda, cuyo verdadero nombre es el egoísmo. Jamás te quejes de nada, domina
tus sentidos; huye tanto de la humildad como de la vanidad. La humildad te
sustraerá fuerzas y la vanidad es tan nociva, que es como si dijéramos: pecado
mortal contra el Espíritu Santo.
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