CUANDO
ALGUIEN QUE AMAS TE ENGAÑA
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo
Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Cuando
alguien que amas se despide siempre deja una huella diferente en el corazón de
cada uno. Sientes dolor, angustia, y si ya no lo aguantas sientes libertad,
gusto, alegría por esos momentos amargos que has vivido junto a su lado. Pero a
la vez sientes vacío, es decir sientes todo junto. Cuando rompes con una novia,
novio, pareja, quien es un ser al que amas llega ese vacío. A veces eres tu
quien decide marcharse de su ciudad, pareja, novia, novio, trabajo, y se queda
en ese pasado.
A
los lejos sientes que ese alguien aun piensa en ti constantemente, o, por el
contrario, eres tu quien no deja de pensar en la persona. Pero te marchaste,
tuviste desconfianza en que te era fiel, te amaba, te traiciono, etc. Todo da
inicio al incluir a esa persona en tu zona de amigos, y quizás en aquel momento
ni siquiera le demuestras o te demuestra que le interesas solo el tiempo se
encargara de ello. El amor pasa desapercibido: puedes conocer a la persona en
la calle, el parque, la parada de autobús, etc. Lo principal es estar atento y
no perder la oportunidad. Todos quieren saber ¿Quién está destinado
acompañarnos en la vida como pareja?
Y
vamos adivinando desechando a muchos (as) quedándote con uno (a) Pero no eres
afortunado (a) esa una se enamora de otra persona, y antes de concretar el
enamoramiento entre ambos, ella ya no tiene tiempo para dedicártelo, incluso le
resulta difícil permanecer cerca de ti. Eso envenena tu alma cada instante de
tu vida. Queremos que nuestra vida esté llena de eventos exclusivamente alegres
y emociones positivas. Pero, por desgracia, la realidad suele ser cruel y, por
lo tanto, de vez en cuando todavía surgen problemas por muy enamorados que
estén ambos.
Los
seres humanos disfrutamos hiriendo a los demás, es algo natural en nuestros
sentimientos tos, es tanto como llorar por acontecimientos tristes, por callar
y no hablar lo que estamos sintiendo, y si nos dejan o nos alejemos por propia
voluntad expresamos que no valía la pena continuar. Vamos rechazando ante
nuestra falta de carácter, inmadurez. Nos sentamos a esperar a que nuestro
dolor en el alma desaparezca por sí solo y que la negatividad algún día, con un
chasquido de dedo, deje de envenenar tu vida. Todo ello nos genera
resentimiento en donde hay ira, amor, lastima y decimos la frase para
consolarnos “estoy muy ofendido” ante ese sentimiento de impotencia, irritación
que nos carcome el alma.
Es
bastante difícil afrontarlo y en respuesta hablamos mal de esa persona que
tanto amamos para auto justificarnos. Pero ¿Qué hay atrás de todo esto? ¿deseos
insatisfechos? Detrás de la ofensa se puede esconder miedo, ira y
autocompasión. Si el miedo es la emoción
principal de una persona, entonces el resentimiento desempeñará el papel de una
pantalla que le impedirá conectarse con el miedo y vivirlo. El resentimiento
será una forma socialmente aceptable de expresar agresión. No puedes estar
enojado, pero puedes ofenderte. La auto compasión enfoca acciones mentales como
“Seré infeliz toda la vida” Se quejará, y culpará a si misma por lo que cada
día que siga pasando envenenará su alma, lo que le impedirá vivir.
Para
llorar buscan un rincón y mentalmente se sugestionan que lloran porque traen un
nudo en la garganta, que es un dolor escondido en su alma y que no lo pueden
soltar. Argumentan que lloran para
soltar la pena. Aquí es donde brotan los agravios infantiles. Con el tiempo, el
dolor desaparecerá y la vida será mucho más fácil.
Era el cumpleaños de ella y su novio acudió
hasta una ciudad lejana a visitarla. Al llegar a la casa de ella encontró unas
rosas rojas en la sala con una dedicatoria de amor por otro hombre al que él no
conocía. En principio él pensó en que ella lo estaba manipulando, así que a
gusto en espera de una explicación por parte de ella. Pero eso nunca llegó. La
mente del joven estaba confundida, y le empezaba a doler la cabeza por todos
los pensamientos. Su corazón le decía que estaba equivocado con ella.
El rostro de ella sonriendo era todo lo que
podía ver ahora. El joven pensó que ella estaba jugando un juego muy peligroso
con él, y que ella se había enviado las flores. El salió de la casa de ella con
las lágrimas a punto de salir por la traición recibida. Se paró en la puerta de
su casa y observo la calle, pero no sabía adónde ir. De lo único que estaba
seguro, es que había sido engañado y no deseaba regresar a esa casa. Se fue a
un parque cercano, se sentó tranquilamente, y un perro comenzó acariciar su
pie. El finalmente sonrió pensando “Solo falta que un perro, me orine” y como
si lo llamara, eso sucedió.
Estaba solo en una ciudad lejana a su hogar y
lugar de estudios, necesitaba tiempo para pensar en lo que había sucedido ya
que el mensaje de las flores era bastante claro, esa chica se los había enviado
ella misma o lo estaba traicionando cínicamente ¿Qué hacer, ese día? Recordó
las palabras de amada en que nadie se opondría entre ellos, y que ella lo
amaría, por lo menos así lo estampaba en las cartas que ella le había enviado.
Espero que podamos en adelante a ser amigos, se dijo y sonrió. Pero ya no
podían ser los enamorados viejos amigos puesto que él nunca olvido aquellas
rosas y a la que hizo culpable nunca se lo aclaro.
Fueron tiempos en que él pensaba que no podría
vivir sin ella, pero eso que le sucedió lo hizo cambiar por completo con
respeto a ella. Se animaba, diciéndose “Cálmate, todo pasara” Estaba cansado,
se sentía desmoronar, y en las calles de la ciudad hacia frio. Estaba planeando
irse de la ciudad de inmediato, no había tiempo, había que irse, esfumarse.
Ella ya no era su novia, y debía sacarla de inmediato de su alma. Ella no lo
amaba, y el creyó en sus palabras y sus cartas, por lo que ahora dudaba de todas.
Fue ella quien lo cambio para siempre, fue ella quien lo alerto que no todas
las mujeres son honestas. Le enseño que hay otro mundo distinto.
Todo fue por mi culpa, dijo el joven
estudiante “Nunca debí haber venido, pero confié en ella” Él estaba enojado
consigo mismo cuando a los tres dias su madre le dijo que una chica le hablaba
por teléfono. El trago saliva, no tenía las palabras con las cuales explicarle
por qué salió de su casa sin despedirse, pero estaba consciente que ella
también estaba al tanto puesto que el recado y las flores estaban frente a sus
narices. La saludo amablemente en espera de una explicación, pero ella se
dedicó a cuestionar su actitud al abandonarla el dia de su cumpleaños. Pero él,
estaba sensato que no era su culpa, sino unas flores en la sala, y un recado no
explicado.
Despues de escucharla, él se sintió tranquilo,
se dio cuenta que pronto la olvidaría, que no podría llevar como recuerdo en su
mente esa chica que lo había traicionado, aunque su corazón latiera fuertemente
por ella. Despues de colgar el teléfono se sentó tranquilamente en el sofá de
la sala mientras su perro Rocky le lamia un pie, y el joven le acaricio
suavemente su cabeza. – Ella cree que soy tonto, estúpido, pero no, creo que
todo se puede superar en esta vida. Se agacho abrazando al perro, hablándole, y
el perro se mostraba inmensamente feliz por la amabilidad de su dueño.
Enseguida lo cargo en sus brazos. Atrás había
quedado aquellos recuerdos cuando se tomaban juntos de la mano para caminar,
aquellos tiempos en que él estaba lleno de amor, y se despertaba para
escribirle cartas. Soltó al perro y se encamino a su recamara sacando de un
cartón las cartas que ella le enviara, las observo como si el tiempo se
detuviera, enseguida salió al patio y las quemo. Pudo inhalar el aroma de ese
humo que se escapaba por el aire, pero estaba decidido a quemarlo todo. El humo
formo una especie de beso en el aire en señal de despedida.

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