AMOR PROPIO, Y LIBERTAD
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN
ANTONIO
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de Méxiico.
Hay chicas que piensan que todos
los hombres les deben algo, y los hombres reclamando honor, virginidad,
respeto. Hay millones de padres infelices que han sido abandonados por sus
hijos. Las relaciones románticas quedaron en el pasado. Nadie logra, nadie
cuida, todos somos objetos para que seamos colmados de beneficios. Todos
argumentan que se sacrifican por los demás, pero en realidad buscan sus
intereses y su comodidad.
Si la chica logra convertirse en
un objeto importante para un chico, la gran mayoría de ellas ya está pensando
en que beneficios le puede aportar “Si, quiere estar conmigo, que le cueste” La
vida en las relaciones y convivencia moderna se convirtió en una regla simple:
todo lo mejor para mí. Primero “Yo”, despues “Yo” y luego “Yo” Si tengo este
derecho sobre la persona que me pretende debo gozar de este pleno derecho. Pero
no quiero que me convierta en su dependiente de sus recursos sino gozar a la
par. Las generaciones anteriores buscaban un compañero de vida, y hoy se busca
un socio que invierta.
El amor propio es la capacidad
de construir límites personales, definir y defender su importancia sin atraer
recursos externos. Autosuficiencia y autoestima que surgen de una adecuada
autoestima y autosuficiencia. Un término bastante complejo, que intentaremos
analizar más a fondo ¿Esencia del problema? Nos parece que debería haber una
persona que satisfaga todas las necesidades básicas y dé una sensación de
bienestar emocional. Él se preocupará, comprenderá, aceptará, ayudará,
desinteresadamente. Para ello, muchos buscan una relación, imponiendo a su
pareja una pesada carga de responsabilidad por su situación, económica o
mental, y en ocasiones por ambas.
Ante esa necesidad se toleran
actitudes irrespetuosas de los demás porque recibimos algo bueno de ellos. Nos
metemos a una ratonera por un trozo de queso. Además, no intentamos salir de
allí, creyendo ingenuamente que hay que pagar por todo, lo que significa que el
encierro en la ratonera es el pago mismo por el queso que consumimos. A veces
nos encontramos con una falta de gratitud, aunque hayamos hecho mucho bien a
una persona. Nos negamos a reconocer nuestro síndrome del salvador, vanidad,
egocentrismo, o el hecho de que ayudamos y dimos consejos que nadie nos pidió
que hiciéramos.
Simplemente para merecer el
amor, porque no podemos encontrarlo en nosotros mismos. Podrás dejar de cometer
estos errores sólo si empiezas a amarte a ti mismo. ¿Qué significado tiene
amarme a mí mismo? Muchos están convencidos de que nos aman por lo que hemos
hecho por ellos, y no es amor sino agradecimiento. Pero luego tenemos que
admitir que toda nuestra contribución no es valiosa y no nos sumó ningún punto.
En realidad, una persona debe volverse valiosa para sí misma, tratarse a sí
misma con cuidado y amor, solo así los demás copiarán este modelo. Sólo se
respeta a quien se respeta a sí mismo. Cuidan a quienes se cuidan a sí mismos.
Etc.
Puedes negar tanto como quieras
la teoría del egoísmo saludable, pero en la práctica es la única que funciona. El
egoísmo es un motivador interno de todas las acciones humanas. El egoísmo tipo
primitivo no hace mal a nadie y no espera pagos monetarios. El egoísmo de los
ricos y su preocupación por los excesos el deseo de ociosidad: éste es el suelo
en el que crece su egoísmo y un ejemplo es el amor por la herencia que la otra
persona va a recibir. Lleva implícito calculo y beneficio. La verdad es que
todo mundo siempre piensa primero en sí mismo y se controla por su código
moral, pero sigue subordinado al deseo natural de felicidad y bondad. Siendo
que, para ser libre, el interés debe corresponder al interés humano, y no solo
propio.
La felicidad de una persona
depende del bienestar de sus seres queridos, de su sociedad. Los egoístas están
separados de este beneficio y de esta idea de felicidad por ello critican los
matrimonios forzados, pero en el fondo se sus intereses los aprueban llamándole
amor por conveniencia. El lado positivo de una persona egoísta, es cuando
abandona su negatividad y participa de forma activa en el mejoramiento de su
familia, sus amigos y sociedad dejando atrás su egoísmo individual.
La vieja sociedad ha dejado la
escena de los actuales acontecimientos, y parte de su tiempo lo dedica a
refutar las conductas morales poniendo como ejemplo las acciones divinas, ya
que las clases bajas han aprendido de las clases altas los intereses dominantes
de la clase alta de la sociedad quienes han construido un mundo materialista
del “Cuanto tienes, tantos vales”, y para controlar ese egoísmo ponen en el
centro de sus razonamientos a “Dios” Han abandonado su religión o la practican
egoístamente de forma calculada refutando la moral de la juventud y su vida
personal divina ante los ojos de Dios.
Pero de hecho en sus actos, en
el centro no está Dios, sino su lado humano egoísta que se dedica a calcular
beneficios materiales sobre sentimientos y posiciones sociales. Es decir, controlan
su mente en qué hacer ante cualquier circunstancia para verse mejor. Recordemos
las reglas de la vida. El primer cuidado, y las máscaras sociales las colocan
los padres sobre su hijo, y con ello garantizan su seguridad. “Este principio
funciona en todo el mundo donde nazca un humano” En donde el que nace depende
de quien lo rodea para que este bien.
Son las leyes, y reglas de la
vida y no importa lo que la madre haga, debe cumplirlas, es el pago obligatorio
para que la descendencia continúe. Si, los hijos van creciendo y se comportan
en forma de forma inapropiada, lo inmediato es pensar que algo anda mal. – No
siempre es el hijo el culpable de este comportamiento sino sus padres. Por
ejemplo, padres que viven en una relación estúpida es decir una pareja que no
es normal y que no es capaz de crear expectativas familiares. Padres que no son
felices, no se sienten realizados, los carcomen los deseos y emocionalmente son
inestables. Son padres que confunden responsabilidad mutua esperando que la
pareja sea quien resuelva, o que alguien más lo haga por él.
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