jueves, 27 de febrero de 2025

 

DISCUTIR SOBRE MI ERRORES EN LA VIDA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex Director de “Escuela Normal del Pacifico” y ex Director General del “Instituto Pedagógico Hispanoamericano”

 Sí, sin duda las personas estamos moldeadas por nuestro entorno, la infancia, la experiencia inicial de interacción con el mundo. Tenemos motivos que no se comprenden del todo y procesos psicofisiológicos complejos. Pero con todo esto, las personas permanecemos bajo nuestro propio control y formamos nuestras propias pautas de vida. Como seres humanos vamos constantemente tomando nuestras propias decisiones. Cada acontecimiento nos plantea preguntas que exigen soluciones, y: los llamados giros existenciales. Los necesitamos y escuchamos para responderles. Por eso respondemos “Soy responsable por eso”

 Es decir, somos responsables de nuestras acciones y omisiones, y a la vez no estamos libres de ellas. Condenados a esa falta de libertad, porque no se crea en uno mismo, sino que he arroja para que alguien responda y se haga responsable de todo el cómo responde y lo que hace. Hay un mundo inmenso, y cada uno de nosotros somos una pequeña partícula de corta duración en el tiempo de vida, por lo que es poco en lo que podemos influir en todos esos procesos continuos y vastos de la vida. Pero hay otro mundo pequeño, pero lo hay, y, es mi mundo, del que soy el centro, que controlo y del que “Si” soy responsable.

 Soy parte de este mundo externo con grandes cambios sociales que me exige responsabilidad no solo para los demás, sino para mí mismo, y condena mi mente todos los intentos de justificar mis propias acciones por órdenes internas, y controles que me impongo. En el exterior mis acciones generaran mi destino de acuerdo a la voluntad de mis respuestas. Mi mundo interno y externo son inseparables, y en su acción se denota la capacidad de respuesta con la que cuento, desde un punto de vista de mi personalidad.

  Puedo ser pasivo, incapaz en muchas de las acciones que emprenda, pero eso no es importante para mi vida, sino que las decisiones me generaran ganancia o perdida en conexiones sociales, económicas por no ser certero con la realidad. Los seres humanos contamos con fuerza de voluntad para ir más allá de lo normal cuando siente que está a punto de caer o a caído. Es restar o sumar el esfuerzo a la voluntad que permita elevarse de nuevo por encima de lo que no se logró superar en el intento anterior. Es una potencia que impulsa por el camino hacia la solución, y que tiene que pasar por un dialogo interno con uno mismo.

 La vida del ser humano es intercambio constante entre lo interior y exterior, y con el mundo que lo rodea. Son momentos en los que nos preguntamos ¿Estoy realmente vivo, estoy presente aquí y ahora? ¿Soy yo mismo o una copia de mí mismo, hecha de expectativas ajenas o de mis propias ilusiones? Es ahí en ese momento de reflexión en donde debo deshacerme lo más rápidamente posible de todo lo negativo que me esté dañando, y volverme a preguntar ¿qué le falta a mi vida? ¿Qué valor he perdido? ¿Qué me gusta y desagrada de mis acciones?

  ¿Realmente quiero seguir en este camino? Sí, no tengo dialogo con mi interno no encontrare nunca lo que me sucede. Y, por lo tanto, lo único que queda es vacío y un enorme sentimiento de negación. Los seres humanos cambiamos cada día, incluso cada hora, cada segundo, y es la vida de nuestras células la que está envejeciendo ofreciéndonos respuestas a nuestras preguntas de tipo erróneo o por miedo. Nadie gana en la vida con una sola respuesta, ni con una sola elección, nadie gana comprendiéndose a sí mismo y ser contemplativo de los errores de los demás. Solo cada uno somos capaz de encontrar el verdadero sentido de nuestra existencia en una situación crítica.

 A veces las personas lo encuentran cuando tienen una amenaza de su propia muerte, un sufrimiento intenso, una lucha por su sobrevivencia o cuando su interior se debate por un profundo sentimiento de culpa. Esa fuerza la sacamos con la mejor intención de hacerle la vida a los demás mucho mejor, y comenzamos a participar en la vida de los demás con responsabilidad dedicándole toda nuestra energía a ciertas causas sea de tipo familiar, religiosas, es decir, hacer algo que será útil, incluso después de nuestra muerte.

 Es descubrir ¿Quién somos? Es realizarnos en aquellas actividades que nos negábamos (altruismo, amor al prójimo, autorrealización, etc.) No se trata de volvernos a inventar partiendo de la nada sino solo descubrirnos, seguir los caminos significativos de la vida contribuyendo con cada uno de los seres vivos de nuestro entorno.Volver al proceso de socialización, para reconstruirnos es retomar los sentimientos guardados, usar la comunicación con nuevos canales más claros porque al amar, somos amados, y el valor de una persona se realiza a través del sentimiento de la propia importancia e irreemplazabilidad, y al ser amoroso aumenta la plenitud de la percepción de los valores que le rodean.

  A cada uno de nosotros en cierta etapa de nuestra vida nos toca recorrer el camino del sufrimiento, incluso en situaciones que son irreparables, y que quedan como secretos en el interior de nuestra alma. Ahí sobreviven guardados en espera de una sola oportunidad para regresar a la mente sin que lo deseemos. Al final de nuestra vida, esos secretos nos castigan y en el juicio silencioso nos preguntamos ¿Por qué le hice esto a esa persona? “Si, no se lo merecía, y no supe comprenderla en su momento” ¡Ya, no es tiempo de restaurar la justicia!

No hay comentarios:

Publicar un comentario