viernes, 4 de abril de 2025

 

MI HISTORIA CON LA LITERATURA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Maestro de Literatura Inglesa- Universidad Interamericana del Norte.

 Si tuviera que explicarle a un desconocido qué es lo que hace interesante para mi leer literatura, probablemente intentaría hacer una de dos cosas: tomar un texto literario y analizarlo brevemente, o tomar algún concepto de la teoría moderna y relacionarlo con la realidad moderna, no elevada, sino cotidiana. Por ejemplo, utilizando el concepto de mito como ejemplo, podemos demostrar cómo patrones de pensamiento tradicionales, bastante arcaicos, operan en nuestra conciencia actual: en la publicidad o en los hábitos de comunicación cotidianos. Me gustaría demostrar que la literatura es una ciencia que no sólo trata de manuscritos, novelas, cuentos, y folios de archivo polvorientos, sino también de la vida de sus autores en el contexto que las escribieron, y que son aplicables a nuestra vida.

  La literatura, tal como yo la entiendo, se ocupa no sólo de la tradición, preservándola y transmitiéndola cuidadosamente a las generaciones futuras, sino también de un agudo análisis crítico de la cultura contemporánea. En cuanto a la vida que llevó en los últimos 20 años, les diré que mi día es más o menos estándar. Leo un rato por la mañana, enseguida escribo hasta que llega el medio día y salgo a la escuela por mis nietos para traerlos a casa. Despues de la comida ellos se marchan a su hogar y por la tarde regreso de nuevo ya sea a leer o escribir.

 Normalmente escribo hasta las cinco de la tarde y a esa hora le paró para irme a caminar con los perros dándome un placentero paseo.  Hay raros períodos en los que puedo leer en paz sin tener que escribir algo urgentemente que me ha llegado a la mente en ese momento. Los pensamientos llegan en todo tipo de momentos, no necesariamente cuando quieres desarrollarlos: por ejemplo, en una noche de insomnio, o de sueños durante un paseo o, muy a menudo, durante una conversación: captas un fragmento del pensamiento de otra persona y luego lo desarrollas en el tuyo. El pensamiento es una cosa impredecible.

 Por supuesto, uno puede analizar sistemáticamente un texto, contar, por ejemplo, el uso de una palabra o frase particular en él: esto puede ser útil para la interpretación. Sin embargo, éstas son operaciones razonadas que sirven de base para la creación literaria, es decir, la creación de nuevas ideas, la vinculación de las antiguas, suelen surgir por sí solas, por intuición: tal es la gracia intelectual de nuestros cerebros.  Cuando termino de escribir un libro, viene la revisión de errores, el acomodarlo, diseñarlo, compaginarlo y enviarlo para su aprobación. Cuando recibo la noticia de que el libro ha sido publicado es una ocasión alegre. Uno siempre espera que esto traiga placer y beneficio a la persona que lo adquiera, y tal vez respuestas interesantes que lo estimulen aún más en ese tema.

 Lamentablemente, son pocas las personas que en la actualidad leen libros de literatura y en los estudiantes esto último ocurre en raras ocasiones, pero no se puede hacer nada al respecto, puesto que la pésima forma de acercar a los estudiantes a la literatura yo mismo la viví en secundaria, y preparatoria. Escribir para mí, no es para sentirme amado, y muchas de mis emociones quedan plasmadas en esas letras, sobre todo en redacciones que admito con mis mensajes que no soy feliz en ese momento. Pero en otras lo soy, y veo que en ellas he encontrado

una respuesta a cada palabra que escribo. Por supuesto, es muy agradable cuando aparece una respuesta, en uno de mis artículos ya que me doy cuenta que el lector me demuestran que piensa lo mismo, o está totalmente en desacuerdo.

 Durante muchos años me dedique a la enseñanza, y no miento al decir que sentía una gran alegría el descubrir entre mis alumnos a alguien que le resultaba interesante leer. Aunque sabes que es un lector principiante, pero ante tus ojos esta un alumno serio, que le preocupa recorrer los caminos de su propia superación. Sentía alegría al conversar con este tipo de alumno y sugerirle nuevas lecturas. Los momentos felices siempre están relacionados con la comunicación, y no con el hecho de haber superado algún problema o comprendido un texto. La literatura, por un lado, da placer. Disfrutamos de su inventiva, de la habilidad de una escritora que sabe trabajar con el lenguaje mejor que nadie.

 Toda maestría es admirable, por eso tiene sentido leer literatura por el bien de la literatura misma. Por otro lado, ahora es posible e incluso, quizás, necesario tratarlo con sabiduría, de manera crítica: no sólo dejarse llevar por la trama o el ritmo poético, sino también comprender analíticamente cómo lo hizo, qué recursos culturales utilizó el autor para su obra, qué hizo con ellos para impresionarnos y qué lugar ocupa su obra en el desarrollo de nuestra cultura y sociedad. Es a veces simplemente disfrutar de la capacidad del escritor para envolver una imagen inusual. Pero también se puede pensar que el uso mismo de esta obra representa un cierto signo cultural. El autor les dice: Soy escritor, por favor lean mi texto.

 Tambien hay la obra de autores que engañan, que mueven la cola para ser adquiridos o utilizan publicidad engañosa. Lo que, si ha sucedido en los últimos años, es que la literatura de epopeya a muerto, la romántica está en terapia intensiva, y las novelas escritas van pasando de moda. La mayoría de los profesores no distinguen la literatura mediocre de la buena literatura por lo que no son capaces de establecer su propio criterio de forma correcta.

 Ha habido muchos momentos felices en mi vida. A veces están relacionados con el trabajo, a veces con lo que se llama vida personal. Por ejemplo, los momentos de entendimiento mutuo con mis hijos, ahora adultos, son una experiencia extremadamente valiosa.  Una vida feliz debe organizarse de tal manera que la felicidad en ella no se experimente en un momento excepcional de gracia divina, sino como una serie de éxitos merecidos y a veces inmerecidos, que dependen no solo de usted, sino también de la configuración general de lo que sucede a su alrededor, de qué tipo de personas conoce y de cómo se desarrollan sus relaciones con ellas. La principal felicidad es el entendimiento mutuo con otras personas.

 En la primaria, secundaria nos enseñaban los maestros a cuidar, darles mantenimiento, conservar los libros, reconstruirlos si habían sufrido daño, y mantenerlos a la vista para su consulta para no olvidarlos. En aquellos años leíamos los nombres, año de nacimiento y el nombre de la obra de un autor de literatura y eso era suficiente para acreditar la materia y por ello creó el interés por los autores no se despertaba en los estudiantes, y esta tarea quedó un poco relegada a un segundo plano. Pero quedaba otra, que se realizaba precisamente en el momento en que uno de los estudiantes se interesaba por un buen libro en donde debía ser capaz de comprenderlo y no solo preservarlo y consérvalo en buen estado físico.

 Quien recitaba el nombre de la novela, y el del auto se le consideraba un virtuoso de la cultura sobre todo con los clásicos, aunque ese lector no fuera capaz en crear por sí mismo unas cuantas líneas, sino que pasaba a ser un repetidor de nombres y posiblemente algún pensamiento vago sobre la obra. Por mi parte descubrí que me llamaban la atención las obras de filosofía, y aunque no tenía nada clara su papel en mi vida futura descubrí que si podía adentrarme en textos más profundos despues de un tiempo leyendo a los clásicos. Fue ahí en donde comencé a extraer cortos contenidos con grandes significados, sobre todo en sus citas y frases.

 Hoy, el contexto cultural moderno y nuestras herramientas de investigación nos permiten identificar en un texto cosas que el autor quizá no conocía en absoluto o quizá sólo conocía vagamente, porque en su época aún no existían los conceptos, categorías y modelos estructurales que tenemos hoy. El principal riesgo de un estudio de la literatura de este tipo es el peligro de sustituir lo que había en la cultura en aquel contexto en donde el autor vivía y lo escribió, incluso de forma implícita, por conjeturas propias. Se necesitan procedimientos serios de verificación y control sobre el propio pensamiento creativo.

 Por ejemplo, un método típico de análisis literario es el estudio de citas y reminiscencias. Los autores en sus textos se hacen eco constantemente unos de otros con citas y frases muy parecidas que concentran el sentir humano del autor. Lo que nos resulta muy interesante, e importante para la comprensión de un texto identificar rastros de otras obras que el autor leyó antes de crear su novela. Ir seleccionándolos y separándolos es parte de esa formación de conciencia cultural, o de ignorancia aplicable.

 Para mí, por ejemplo, cada uno de los autores nos presenta en cada una de sus obras un sentimiento en ese momento, un criterio de relevancia es la distribución de sus molestias y desafíos y con ellos forma sus citas, y frases en sus diferentes niveles emocionales. Por ejemplo, sobre la muerte y la forma en la que la mencionan, o el amor, los pájaros, ríos, nubes, cielo, cada concepto es en ese momento de su vida el afecto o emoción que le afecta, y con sus letras hace ecos verbales específicos que podemos afirmar con confianza que en el caso de sus formas en ver la vida.

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