MI
HISTORIA CON LA LITERATURA
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Maestro
de Literatura Inglesa- Universidad Interamericana del Norte.
Si tuviera que explicarle a un desconocido qué
es lo que hace interesante para mi leer literatura, probablemente intentaría
hacer una de dos cosas: tomar un texto literario y analizarlo brevemente, o
tomar algún concepto de la teoría moderna y relacionarlo con la realidad
moderna, no elevada, sino cotidiana. Por ejemplo, utilizando el concepto de
mito como ejemplo, podemos demostrar cómo patrones de pensamiento
tradicionales, bastante arcaicos, operan en nuestra conciencia actual: en la
publicidad o en los hábitos de comunicación cotidianos. Me gustaría demostrar
que la literatura es una ciencia que no sólo trata de manuscritos, novelas,
cuentos, y folios de archivo polvorientos, sino también de la vida de sus
autores en el contexto que las escribieron, y que son aplicables a nuestra
vida.
La
literatura, tal como yo la entiendo, se ocupa no sólo de la tradición,
preservándola y transmitiéndola cuidadosamente a las generaciones futuras, sino
también de un agudo análisis crítico de la cultura contemporánea. En cuanto a
la vida que llevó en los últimos 20 años, les diré que mi día es más o menos
estándar. Leo un rato por la mañana, enseguida escribo hasta que llega el medio
día y salgo a la escuela por mis nietos para traerlos a casa. Despues de la
comida ellos se marchan a su hogar y por la tarde regreso de nuevo ya sea a
leer o escribir.
Normalmente escribo hasta las cinco de la tarde
y a esa hora le paró para irme a caminar con los perros dándome un placentero
paseo. Hay raros períodos en los que
puedo leer en paz sin tener que escribir algo urgentemente que me ha llegado a
la mente en ese momento. Los pensamientos llegan en todo tipo de momentos, no
necesariamente cuando quieres desarrollarlos: por ejemplo, en una noche de
insomnio, o de sueños durante un paseo o, muy a menudo, durante una
conversación: captas un fragmento del pensamiento de otra persona y luego lo
desarrollas en el tuyo. El pensamiento es una cosa impredecible.
Por supuesto, uno puede analizar sistemáticamente
un texto, contar, por ejemplo, el uso de una palabra o frase particular en él:
esto puede ser útil para la interpretación. Sin embargo, éstas son operaciones
razonadas que sirven de base para la creación literaria, es decir, la creación
de nuevas ideas, la vinculación de las antiguas, suelen surgir por sí solas,
por intuición: tal es la gracia intelectual de nuestros cerebros. Cuando termino de escribir un libro, viene la
revisión de errores, el acomodarlo, diseñarlo, compaginarlo y enviarlo para su
aprobación. Cuando recibo la noticia de que el libro ha sido publicado es una
ocasión alegre. Uno siempre espera que esto traiga placer y beneficio a la
persona que lo adquiera, y tal vez respuestas interesantes que lo estimulen aún
más en ese tema.
Lamentablemente, son pocas las personas que en
la actualidad leen libros de literatura y en los estudiantes esto último ocurre
en raras ocasiones, pero no se puede hacer nada al respecto, puesto que la
pésima forma de acercar a los estudiantes a la literatura yo mismo la viví en
secundaria, y preparatoria. Escribir para mí, no es para sentirme amado, y
muchas de mis emociones quedan plasmadas en esas letras, sobre todo en
redacciones que admito con mis mensajes que no soy feliz en ese momento. Pero
en otras lo soy, y veo que en ellas he encontrado
una respuesta a cada palabra que escribo. Por
supuesto, es muy agradable cuando aparece una respuesta, en uno de mis
artículos ya que me doy cuenta que el lector me demuestran que piensa lo mismo,
o está totalmente en desacuerdo.
Durante muchos años me dedique a la enseñanza,
y no miento al decir que sentía una gran alegría el descubrir entre mis alumnos
a alguien que le resultaba interesante leer. Aunque sabes que es un lector
principiante, pero ante tus ojos esta un alumno serio, que le preocupa recorrer
los caminos de su propia superación. Sentía alegría al conversar con este tipo
de alumno y sugerirle nuevas lecturas. Los momentos felices siempre están
relacionados con la comunicación, y no con el hecho de haber superado algún
problema o comprendido un texto. La literatura, por un lado, da placer.
Disfrutamos de su inventiva, de la habilidad de una escritora que sabe trabajar
con el lenguaje mejor que nadie.
Toda maestría es admirable, por eso tiene
sentido leer literatura por el bien de la literatura misma. Por otro lado,
ahora es posible e incluso, quizás, necesario tratarlo con sabiduría, de manera
crítica: no sólo dejarse llevar por la trama o el ritmo poético, sino también
comprender analíticamente cómo lo hizo, qué recursos culturales utilizó el
autor para su obra, qué hizo con ellos para impresionarnos y qué lugar ocupa su
obra en el desarrollo de nuestra cultura y sociedad. Es a veces simplemente
disfrutar de la capacidad del escritor para envolver una imagen inusual. Pero
también se puede pensar que el uso mismo de esta obra representa un cierto
signo cultural. El autor les dice: Soy escritor, por favor lean mi texto.
Tambien
hay la obra de autores que engañan, que mueven la cola para ser adquiridos o
utilizan publicidad engañosa. Lo que, si ha sucedido en los últimos años, es
que la literatura de epopeya a muerto, la romántica está en terapia intensiva,
y las novelas escritas van pasando de moda. La mayoría de los profesores no
distinguen la literatura mediocre de la buena literatura por lo que no son
capaces de establecer su propio criterio de forma correcta.
Ha habido muchos momentos felices en mi vida. A
veces están relacionados con el trabajo, a veces con lo que se llama vida
personal. Por ejemplo, los momentos de entendimiento mutuo con mis hijos, ahora
adultos, son una experiencia extremadamente valiosa. Una vida feliz debe organizarse de tal manera
que la felicidad en ella no se experimente en un momento excepcional de gracia
divina, sino como una serie de éxitos merecidos y a veces inmerecidos, que
dependen no solo de usted, sino también de la configuración general de lo que
sucede a su alrededor, de qué tipo de personas conoce y de cómo se desarrollan
sus relaciones con ellas. La principal felicidad es el entendimiento mutuo con
otras personas.
En la primaria, secundaria nos enseñaban los
maestros a cuidar, darles mantenimiento, conservar los libros, reconstruirlos
si habían sufrido daño, y mantenerlos a la vista para su consulta para no olvidarlos.
En aquellos años leíamos los nombres, año de nacimiento y el nombre de la obra
de un autor de literatura y eso era suficiente para acreditar la materia y por
ello creó el interés por los autores no se despertaba en los estudiantes, y esta
tarea quedó un poco relegada a un segundo plano. Pero quedaba otra, que se
realizaba precisamente en el momento en que uno de los estudiantes se
interesaba por un buen libro en donde debía ser capaz de comprenderlo y no solo
preservarlo y consérvalo en buen estado físico.
Quien recitaba el nombre de la novela, y el del
auto se le consideraba un virtuoso de la cultura sobre todo con los clásicos,
aunque ese lector no fuera capaz en crear por sí mismo unas cuantas líneas,
sino que pasaba a ser un repetidor de nombres y posiblemente algún pensamiento
vago sobre la obra. Por mi parte descubrí que me llamaban la atención las obras
de filosofía, y aunque no tenía nada clara su papel en mi vida futura descubrí
que si podía adentrarme en textos más profundos despues de un tiempo leyendo a
los clásicos. Fue ahí en donde comencé a extraer cortos contenidos con grandes
significados, sobre todo en sus citas y frases.
Hoy, el contexto cultural moderno y nuestras
herramientas de investigación nos permiten identificar en un texto cosas que el
autor quizá no conocía en absoluto o quizá sólo conocía vagamente, porque en su
época aún no existían los conceptos, categorías y modelos estructurales que
tenemos hoy. El principal riesgo de un estudio de la literatura de este tipo es
el peligro de sustituir lo que había en la cultura en aquel contexto en donde
el autor vivía y lo escribió, incluso de forma implícita, por conjeturas
propias. Se necesitan procedimientos serios de verificación y control sobre el
propio pensamiento creativo.
Por ejemplo, un método típico de análisis literario
es el estudio de citas y reminiscencias. Los autores en sus textos se hacen eco
constantemente unos de otros con citas y frases muy parecidas que concentran el
sentir humano del autor. Lo que nos resulta muy interesante, e importante para
la comprensión de un texto identificar rastros de otras obras que el autor leyó
antes de crear su novela. Ir seleccionándolos y separándolos es parte de esa
formación de conciencia cultural, o de ignorancia aplicable.
Para mí,
por ejemplo, cada uno de los autores nos presenta en cada una de sus obras un sentimiento
en ese momento, un criterio de relevancia es la distribución de sus molestias y
desafíos y con ellos forma sus citas, y frases en sus diferentes niveles emocionales.
Por ejemplo, sobre la muerte y la forma en la que la mencionan, o el amor, los
pájaros, ríos, nubes, cielo, cada concepto es en ese momento de su vida el
afecto o emoción que le afecta, y con sus letras hace ecos verbales específicos
que podemos afirmar con confianza que en el caso de sus formas en ver la vida.
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