POR UNA MALA BROMA
LO PERDIO
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
El niño le pregunta a su madre Mamá, ¿qué es el humor negro? - Hijo, ¿ves a ese hombre sin brazos? Dile que aplauda. La vida familiar y las relaciones son terreno fértil para las bromas. La clave está en no salirse del límite y tener cuidado con quién y cuándo se las haces. - Carlos era un mandadero y sirviente en la casa de los ricos del pueblo. Martha era una chica joven, y tenía fama de ser juguetona, y divertida. En la casa del rico se decía que existía un duendecillo amable que se paseaba por el corral mamándole la leche a las vacas, y que por eso las vacas daban poca leche, y los becerros crecían desnutridos.
Martha dedicaba su tiempo a barrer, lavar los pisos, cocinar, pulía los muebles de roble. Se podía observar por toda la casa una limpieza absoluta, todo estaba tan reluciente que se podía al mirarse peinar como si fuera un espejo. – Carlos antes de dormirse revisaba todo desde las hornillas, los trastes, para enseguida dirigirse a su cama, en donde se acomodaba pensando en Martha, y despertaba hasta de nuevo cantaban los gallos. Carlos aseguraba que conocía al duende, que era un pequeño, unos cuantos centímetros y que se escondía para que nadie lo viera.
Dijo que el duende ya se había acostumbrado a su presencia, y que no le hacía daño a nadie. Martha se dio cuenta que alguien le estaba ayudando en los quehaceres domésticos ya que al levantarse encontraba el piso limpio, la cocina, y los trastes limpios. Al principio pensó que era Carlos quien le ayudaba para congraciarse con ella, y le correspondiera. Martha comenzó a disfrutar esa situación y se le oía cantar durante todo el día por la casa. Un día Martha decidió jugarle una broma a Carlos. Una noche espero a que Carlos se metiera en la cocina antes de irse a dormir, y ella en la oscuridad lo acechaba con impaciencia.
Carlos llego como de costumbre y, sin sospechar nada, se dirigió a las hornillas para ver que el fuego estuviera apagado, pero inmediatamente dio un salto y con un grito terrible, del cual se estremeció toda la casa, se apresuró a correr, derribando todo a su paso. Martha se quedó asustada en el rincón en donde estaba oculta, se dio cuenta del error que había cometido al asustar a Carlos vistiéndose con una sábana encima de su cuerpo y ponerse una calavera en el rostro, pero ya era demasiado tarde. Carlos con el susto se alejó del pueblo y se marchó pensando que el duende andaba enojado queriéndole hacer daño. A partir de esa noche Martha al levantarse se dio cuenta que los gallos no cantaban, las vacas daban la leche agria, que la cocina estaba hecha un desastre e increíblemente sucia.
Con tanto trabajo la pobre muchacha había olvidado cómo reír, y su mano se volvió tan desafortunada que cada vez que tocaba un plato o una olla, la cosa caía al suelo y se rompía en pedazos, y entonces ella oía una risa terrible y maliciosa. Ella preparaba la comida y al momento de ser degustada el dueño del rancho se quejaba que la comida estaba muy salada o de mal sabor. Todas personas de la casa comenzaron aquejarse de Martha, y fue despedida. Martha fue a otra casa de ricos a solicitar trabajo y le sucedió lo mismo.
La muchacha estaba completamente desesperada, desanimada, y poco tiempo después tuvo que tocar todas las puertas y pedir limosna. Martha comprendió al fin que el duendecillo se molestó con ella por asustar y expulsar a su amigo Carlos. Hoy han pasado más de 40 años, y Martha se sigue acordando de la mala broma que le hizo a Carlos y el cómo cambio para siempre su vida.
Si, creen que el cuento termino, siento desilusionarlos. Carlos se fue a vivir a la ciudad, y vivía en un rincón debajo de una escalera de un edificio. Durante el día solo olía los alimentos al salir a vagar por las calles. Llamaba a las puertas pidiendo un taco de alimento. Por primera vez se paró frente a una peluquería. El dueño de la peluquería le dijo que, si quería comer, debía limpiar el piso, trapear. Un día el peluquero le dijo a Carlos que lo enseñaría a cortar el pelo y rasurar la barba. Meses despues Carlos estaba apto para cortar el pelo, y rasurar la barba. Llego un joven a la peluquería y desde la puerta murmuro “Al fin te encuentro”
Luego rió satisfecho y pregunto ¿No te acuerdas de mi Carlos? Enseguida continuo “Soy el duende” - ¿A qué has venido? Dijo Carlos desconcertado. El duende hizo un gesto y prosiguió – “Te he buscado por muchas partes, y al fin te encuentro” – “No voy a cortarte el pelo, porque no tienes pelo en tu cabeza” – No dijo el dónde, solo quiero platicar contigo. El duende tomo las tijeras y comenzó a jugar con ellas. El duende comenzó hablar: Yo, fui un niño como tú, me cortaban el pelo, pero un conjuro me quito de la cabeza mi hermoso pelo, y ahora me vez como soy, ni siquiera en aquellos años podía imaginar que me dejarían como una pesadilla para quien me vea, por eso me escondo en los rincones. A cada frase el duende soplaba un peine con un silbido extraño, como si tocara una armónica.
Chasqueaba las tijeras con fuerza, y cogía una navaja para rasurar pasándosela por la cabeza como si se la afeitara. El duende murmuro “Tu tenía una chica llamada Martha a quien amabas con locura, te entusiasmabas de solo verla, una chica de ojos hermosos a quien en tus momentos de soledad le cantabas” ¿Y, que pasó? Corriste asustado creyendo que mi presencia te dañaría sin saber que fue ella quien se vistió de blanco para hacerte una broma. – Yo, admiraba a esa chica, pero me hizo perderte como amigo, y tuve que actuar en su contra, esa es la razón de buscarte para aclarar las cosas.
Esa chica llamada Martha, ahora esta arrepentida de su broma, y sigue siendo amable, alegre, inteligente, honesta, valiente. Y lo más importante, tenía un talento especial para enamorar. De niña la admire al verla subirse a los árboles. Un día su madre recuerdo le grito ¡Niña bájate de ahí, te vas a matar, eres una niña! Las ocurrencias de esa niña, continuaron en su juventud. Es tiempo de que la busques y te encuentres con ella ya que está a punto de casarse con un hombre al que no ama, y lo hace por necesidad. Él es un anciano bastante decrépito, de más de ochenta años. – Piénsalo Carlos, búscala o ¿prefieres andar recordándola por toda tu vida?
El duende se despidió no sin antes dejarle la dirección en donde Martha vivía. Carlos salió de la peluquería y fue a buscar a Martha. Ella al verlo corrió abrazarlo, y de repente rompió a llorar. Lágrimas de verdad. Lágrimas de amor. La siguiente vez, que el duende visito la peluquería allí estaba Martha ayudando a Carlos, y resulto que vivieron felices para siempre. El duende tomo un peine y soplo con fuerza saliendo una música armoniosa. Allí estaban de nuevo los tres amigos que caminarían juntos por el resto de sus vidas, solo que el duende lo haría sin necesidad de que su cabeza fuera rasurada. - Bueno eso es lo que creó, ya que no estuve presente en los siguientes años para ver si con su magia le nacía pelo.