lunes, 6 de abril de 2026

 

ENFRENTARME A LA VIDA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Antes pensaba que la práctica espiritual consistía en escapar del mundo, refugiarte en un lugar en silencio y convertirse en un sabio. Ahora me doy cuenta de que la práctica espiritual consiste en tratarse bien a uno mismo y a los demás cada día. Por lo que hoy considero que tratarte bien a ti mismo es tu responsabilidad para desde allí tratar bien a los demás. No se trata de fingir que eres una persona que dedica su tiempo y energía en leer libros sobre desarrollo personal, ni solo se amable por saludar o poner una cara de alegría en tu saludo, sino de ser honesto acerca de tus deseos y miedos, y luego vivir con un poco de valentía en la realidad.

Por lo que ser espiritual no se trata de escapar sino de enfrentar las adversidades con decisiones que sean con responsabilidad, honestidad, reconociendo tus debilidades, y activar la voluntad para cambiar. Ser una persona espiritual no consiste en distanciarse de las personas, sino en mantener la claridad y la bondad estando entre ellas. Para los jóvenes, esta puede ser la forma más difícil de práctica espiritual. Por ello considero que leer, aprender, contar con conocimientos por encima de la media no consiste en fingir que se sabe, sino en comprender qué se puede hacer con él. Hoy en día existen muchos seres humanos que van poniendo por delante un título universitario cuando buscan posesionar sus ideas, o desacreditar a otra persona en una conversación fingiendo que lo sabe todo, y pontifican su supuesta verdad.

No lo niego, esta arrogancia, yo también la padezco a veces por mucho que me esfuerce en controlarla. Por eso le di tanta importancia en estudiar psicología del comportamiento humano, y empecé por mi persona, y sin que ellos lo supieran a analizando las personalidades y comportamientos de mis amigos. De ello aprendí que el conocimiento que no se puede utilizar para cambiar uno mismo o ayudar a los demás es solo información.

Tambien aprendí a comprender lo que puede hacer. No para presumir, sino para vivir una vida más plena. Aprendí a auto criticarme para entenderme en cómo vivir mi vida sin caminar por arrepentimientos tardíos que me intranquilizaran el alma llegando a la conclusión que es más sano ser imperfecto, a no entender lo que estás haciendo. A menos podía auto valorarme cuando estoy triste, por qué estoy feliz, porque tengo miedo. A cada control que siento me detengo y me auto pregunto “¿Es esto lo que quiero?” La vida no tiene por qué ser perfecta, pero sí necesita ser comprendida. Comprende quién eres, comprende qué quieres y comprende las consecuencias de tus decisiones.

Esta es una lección que todo ser humano debería aprender. Muchas ocasiones me auto pregunte ¿Si, volviera a vivir mi vida, que elegiría? Creo que empezaré a preguntarme desde mi infancia ¿Qué es lo que realmente quiero?, en lugar de esperar a que otros me vayan manipulando o me den la respuesta. Siempre hay algo en nuestra vida que deseamos hacer, pero que no tenemos la oportunidad de hacerlo. Por ejemplo, pedir disculpas a alguien, confesar tus sentimientos a alguien y dejar ir a tu pasado, o recordar esas ofensas que diste y que en aquellos momentos las tomaste sin su valor real, pero que dañaron a la otra persona. Cuando somos jóvenes siempre pensamos que tenemos mucho tiempo, que hay infinidad de oportunidades después.

Pero en realidad, el verdadero cambio a menudo solo requiere un momento de valentía en el presente. Ante ello me plantee antes de una decisión importante para el rumbo de mi vida ¿Es esta realmente la opción que quiero? ¡Si, no me atrevo! ¿De qué estoy huyendo? ¿Si hoy fuera el último día de mi vida?, ¿qué haría? Suena sencillo, pero ser honesto al respecto parece difícil. Porque a quien mejor engañamos es a nosotros mismos. En uno de los tantos libros de psicología que leí, me aconsejaban que, si de verdad quería cambiarlo primero que debía hacer, era anotar lo que me interesaba realmente cada mañana, cada, día, y que luego se lo contara a un amigo, amiga. Mi primer control fue ¿Soy capaz de contarle mis sentimientos?, si esos son muy personales, y no quiero que vayan de boca en boca.

Me di cuenta que mi mentalidad no aceptaba ese camino puesto que mi personalidad es como el dicho de las vegas “Lo que pasa conmigo en las vegas, en las vegas se queda” En mis ratos de reflexión hablaba con mi propio “Yo” sobre lo que me pasaba, pero no estaba listo para contárselo a nadie, y ante ello surgía la pregunta. Dime, ¿de qué estamos huyendo durante toda tu vida? Quizás de lo que huimos no es de la muerte, sino del yo que nunca llegamos a vivir plenamente. La mente me daba una respuesta “Deja de poner excusas” ¡Sé valiente, ama sin miedo, no temas fracasar, si una te rechaza otra te está esperando con los brazos abiertos, siempre hay una rota para un descocido!

La vida nos da la oportunidad de cambiar del odio al amor, y precisamente por eso vale la pena vivir cada instante con responsabilidad, y honestidad. Hay que afrontar la v ida sin excusas. Es cierto que nuestro pasado dijimos cosas de las cuales nos arrepentimos porque “Hay cosas que, una vez dichas, nunca se olvidan” De verdad hoy como adulto y despues de tantos caminos recorridos, experiencia acumulada, errores cometidos, ofensas en las que nunca pedí perdón a los ofendidos me sigo dando cuenta que soy imperfecto, que trate de comprender mis semejantes, a mí mismo, pero fue insuficiente.

Comprendí que la vida no tiene por qué ser perfecta, pero sí tiene por qué ser comprendida. Con los años descubrí que de lo que realmente estaba escapando no es del fin de la vida, sino de la realidad que nunca he aceptado. Le perdí el miedo a la muerte sin darme cuenta, y hoy le tengo miedo a no vivir los años que me quedan a vivirlos de verdad. Me veo al espejo para peinarme y atrás de mi veo la sombra de mi muerte que se presenta con mayores arrugas en el rostro, menos brillo en mis ojos, en mente arrepentimientos, recuerdos, palabras o acciones mal dichas o hechas, como las que se me quedaron guardadas para siempre, y no pude expresarlas en su momento, y son todo eso lo que hiere mis sentimientos.

 Me viene a la mente aquella escena en donde tuve miedo decirle a una chica que la amaba, pero tenía miedo, y lo que pudo ser termino en una despedida vacía. Esa soledad de no haber dicho cuanto sentía que la amaba, y que ella comprendiera mis motivos de timidez o miedo al rechazo es más asfixiante que la muerte misma. Por lo tanto, he llegado a la conclusión que debemos vivir siendo nosotros mismos, “Auténticos”

Pero a veces la verdad duele, y hay que aguantar ese dolor “Fingir ser fuerte cuando eres débil solo te hundirá más” Solo reconociendo nuestro miedo podemos encontrar el camino hacia la luz. Antes pensaba que mientras no pensara en enfrentar la verdad sobre mis acciones, podría vivir una vida fácil. Pero ahora entiendo que huir de mi verdad, es huir de uno mismo. Huir de uno mismo es huir de la vida.

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